Hanuch

Un turco libre

De los dos goles a Boca en la Bombonera a pelear por su vida a causa de una insuficiencia renal. La mejor habilitación, dice, le vino de su hermana. Mauricio Hanuch, el mediador entre la vida y la muerte.

Festejar un gol en la Bombonera es algo que cualquier jugador sueña cada vez que apoya la cabeza sobre la almohada. Mauricio Hanuch lo soñó y lo cumplió. Fueron dos goles en la cancha de Boca para la victoria de Platense 4 a 0 en condición de visitante, un 22 de febrero de 1998. Y para condimentar un poco más la receta ganadora del Turco, la victoria del conjunto de Saavedra aún es recordada, también, por ser el último equipo en ganarle al xeneize por más de tres goles. “En esa época ir a las canchas de los equipos grandes era bastante difícil. Había que aguantar siempre el primer tiempo. Mi entorno me decía que era un partido importante para mostrarme”, recuerda Hanuch.

Grandes actuaciones le permitieron que los dirigentes de Independiente y otros clubes de Europa posaran sus ojos en él. “Los dos goles a Boca marcó un antes y un después en mi carrera. La prensa habló mucho de mí y yo subí en la consideración de los clubes”, narra mientras los recuerdos de sus jugadas invaden su mente. Hanuch debutó en Platense en 1993 y en su larga trayectoria pasó en Independiente, Estudiantes, Deportivo Morón, Olimpo, Talleres, Defensores de Belgrano, Nueva Chicago, Sporting Lisboa, entre otros. En Europa, también gritó campeón. “En Portugal fue una experiencia hermosa. Tenía 22 años y Sporting hacía 18 años no ganaba un título. Tuve la suerte de llegar y al año salir primeros. Cada vez que viajo, la gente me lo recuerda. Lamentablemente, Sporting salió campeón por última vez en 2003, entonces te lo reconoce con mucho más énfasis”, cuenta y admite que se le infla el pecho por dejar allí, en tierras lusas, una huella imborrable.

Mauricio Hanuch recuerda, en su etapa de futbolista, que se definía como un jugador con un buen mano a mano ante los rivales y muy rápido en los últimos metros. “Me gustaba mucho ir para adelante y encarar. Mucha gente me dice que Cecilio Domínguez (jugador de Independiente) era muy parecido a mí”, sostiene. Entre risas, el Turco detalla su primera charla en Portugal, cuando vistió la camiseta del conjunto de la Capital: “Me gustaba jugar libre. Cuando fui a Portugal me preguntaron cuál era mi puesto y respondí “libre”. En el entrenamiento me mandaron a correr a los laterales. Ni con una camioneta llegaba”, se sincera.

Hanuch, el actual claro, afirma que los tiempos han cambiado y el fútbol, como tantas cosas en la vida, también sufrió modificaciones. Con el paso del tiempo prevaleció lo físico. Y con eso, el juego lindo y vistoso van quedando de lado. Por ello, con resignación y entendiendo que la pelota no es tratada de la manera que se merece. En su visión, el ex jugador de Platense le explica a Enganche por qué los partidos se hacen más monótonos: “Veo un fútbol muy físico a diferencia de mi época que era más técnico. Y después cambió mucho la táctica. Antes tenías un tiempo más pensar. Ahora no tenés tanta calidad futbolística por el ritmo que se juega”.

Una noche cambió todo para el Turco. Su vida, por completo, dio la sensación de volar por los aires y de expandirse a lugares jamás pensados. Un fuerte dolor de cabeza lo molestaba en su descanso. Ese malestar se acrecentaba con el paso del tiempo. En las madrugadas no solía descansar y solamente dormía tres horas por día. Un día decidió ir de urgencia a la guardia para conocer el motivo de semejante molestia. Horas posteriores se encontró internado y con un panorama crítico. “El médico me diagnosticó una insuficiencia renal. No me funcionaban los riñones. Estuve internado diez días y después arranqué con diálisis. Estuve cuatro meses con ese tratamiento”, agrega. Su salud dependía de un riñón y un donante. Su papá, su hermana y su mujer se realizaron los estudios correspondientes para cederle ese órgano. El compatible era el de su hermana. “El mejor pase gol me lo hizo mi hermana. Fue el mejor acto de amor que recibí”, cuenta mientras decide termina de hablar por la emoción. La pausa se hace larga, pide disculpas y vuelve a la conversación. “La palabra trasplante en ese momento te hacía tener miedo. En esta enfermedad, si tenés un donante, podés llevar una calidad de vida normal. Acepté que mi hermana lo sea y ese gesto afianzó mucho más la relación”, confiesa Mauricio. Dicen que la salud es lo más importante. O al menos, el que tiene suerte, tiene salud. Y Hanuch sostiene, después de sufrirlos, que sus pensamientos cambiaron rotundamente. Para siempre.


Claudio Spontón, Mauricio Hanuch y Alberto Godoy, los goleadores en la Bombonera

“Lo que me sucedió hace siete años me cambió totalmente mis pensamientos. Te das cuenta que la vida pasa por otro lado. Y tratar de disfrutar todas las cosas al máximo. No te hacés problema por estupideces”, expone un espontáneo Hanuch. Superado el disgusto que debió afrontar, el Turco comenzó un nuevo camino ligado al fútbol como intermediario que busca jugadores para instalarlos, sobre todo, en el fútbol portugués. “Hace cuatro años me empecé a instalar en Portugal y tuve la suerte de llevar varios jugadores. Agustín Marchesín y Renzo Saravia fueron al Porto y los recomendé yo”, cuenta con orgullo. “Ese laburo me volvió a vincular, de otra forma por supuesto, con lo que más me gusta: el fútbol. Fue una oportunidad, es una gran oportunidad de seguir ligado a lo que hice toda la vida”, explica.

Mauricio Hanuch, el jugador con características libres que silenció la Bombonera para quedar en el recuerdo de los pasillos de la Boca. Mauricio Hanuch, el jugador que gritó campeón en Portugal y aún siguen festejando los goles de aquel habilidoso encarador. Mauricio Hanuch, el hombre que le ganó a la enfermedad tras el mejor centro que recibió: el de su hermana.