Pochettino

El técnico que no quiere seguidores de Instagram

Pochettino recibió a Enganche en el predio del Tottenham. Bielsa, los Spurs, las redes sociales, la motivación y una charla que lo pinta de principio a fin.

Cuando Marcelo Bielsa tocó la puerta de la casa en una noche de lunes de invierno y luego de manejar 50 kilómetros entre Villa Cañás y Murphy, su obsesión pasó por encima a su argumento. Aquella prueba de jugadores que unas horas antes había organizado junto con Jorge Griffa lo catapultó directamente al pueblito de 3.000 habitantes en el que, según le dijeron, habitaba un chico muy bueno que había faltado a la cita porque estaba cansado después del colegio. Tras pasar la desconfianza inicial del extraño que arriba a un hogar después de la medianoche, el Loco convenció a los padres del pequeño para que lo dejaran ver. Con sigilo, la pareja y los dos entrenadores de Newell’s ingresaron a la habitación del chico y, ante el imperturbable sueño de este, casi sin poder hacer otra cosa, levantaron las sábanas para verle las piernas. “Piernas de jugador de fútbol”, arrojó Bielsa con suficiencia y un poco para terminar con la insólita escena. El chico que yacía ahí no sabía que en ese momento estaba comenzando su carrera en el fútbol. Ese chico era Mauricio Pochettino. 

Mientras desanda un viernes de sol en el predio de Enfield, donde Tottenham Hotspur tiene su base de operaciones, Pochettino se sonríe al recordar la anécdota: “Él me dijo que es verdad y mis padres lo confirmaron, así que no puedo hacer otra cosa que creerlo aunque durmiera. Fue algo muy del estilo de Marcelo”. Luego de una carrera como futbolista que empezó en Newell’s y que siguió por el Espanyol, PSG y el Burdeos, el pequeño gran defensor central se convirtió en un entrenador de fama mundial, que luego de ciclos exitosos con los Pericos y Southampton, llevó a los Spurs a jugar la final de la UEFA Champions League en la última temporada. En Tottenham, Pochettino es Dios y es el Jefe, aquel que heredó del Loco Marcelo la interminable obsesión por las horas de trabajo. Sentado en un banco alto y con el infranqueable acompañamiento de Jesús Pérez, Toni Jiménez y Miguel D’Agostino, el núcleo duro de su cuerpo técnico, el míster responde con la flexibilidad táctica y con la contundencia con la que sus jugadores ejercen el deporte dentro del campo de juego.

–Vivimos una época en la que el mundo del fútbol habla muchísimo de táctica. ¿Dónde queda el lugar para la inspiración en ese contexto?

–Al final, el jugador de hoy te demanda desde lo táctico, porque tiene más conocimiento que antes. Y esto ocurre debido a las redes sociales y al material disponible para todos mediante la tecnología. El jugador de hoy quiere que quien le entrena le otorgue conocimientos tácticos. Por mi parte, dentro de esa táctica o estrategia vive la idea de dejarle al futbolista la libertad para que encuentre la inspiración. Y eso no solamente se trabaja. Eso se demuestra mediante la filosofía que utilices para jugar de una manera determinada. Si me preguntas a mí, la flexibilidad táctica es la que hace que el futbolista pueda encontrar la inspiración y que pueda tomar las decisiones propias que pueden hacer que un equipo sea impredecible.

–¿Cómo se motiva a un plantel en el día a día?

–En el día a día te mueve tu motivación interna, aquella que tiene que existir en un entrenador y en un jugador. Si no la tenés, es muy difícil conseguirla externamente. Es la pasión, al cabo. Es la emoción. El fútbol es un contexto de emociones en el que tiene que haber un porcentaje condicionado al error o a la posibilidad misma de poder inspirarte, que son cosas que escapan a tu control y a tu táctica. Es que al final en esto hay que comprender que uno no es el que está adentro de la cancha. Adentro hay jugadores que sienten, que un día pueden estar bien emocionalmente y otro día pueden estar mal. Y eso va a afectar el rendimiento de tu equipo. Lo importante es entender que el cuerpo técnico entrena para los jugadores y no para propio el cuerpo técnico. A veces los entrenadores pecamos de querer hacer ver demasiado lo que ejecutamos. O de ser inflexibles y repetitivos. O de querer hacer ver que tenemos ese conocimiento y que lo podemos desarrollar. Y que podemos desarrollar tal ejercicio u otro. Pero en realidad lo trascendente es saber qué piensa el jugador de eso y ver que recoja algo de ti. Siempre la prioridad tiene que ser darle seguridad al jugador y no entrenar para darte seguridad a ti mismo.

–En contraposición, parece que vivimos en la era de los entrenadores, porque han ganado más preponderancia que nunca.

–Sí, está claro. Sinceramente, yo soy un entrenador que no tiene redes sociales. Nosotros no mostramos lo que hacemos a través de esos canales de comunicación que todo el mundo utiliza. Primero, porque respetamos nuestra profesión y nuestro trabajo. Y segundo, porque creemos que no tiene que estar al alcance de cualquiera que apriete un botoncito en un ordenador para ver lo que Pochettino está haciendo diariamente. Eso es privado y pertenece al grupo y al equipo. Hay que respetar a la intimidad. Eso en Inglaterra es importante, más allá de que algunos colegas lo hacen de otra manera y los respeto. Yo prefiero hacer mi trabajo y que la gente vea eso en la cancha el fin de semana con un equipo competitivo. Lo otro no me hace falta. No muestro para que la gente diga que soy bueno porque trabajo con un dron o con cámaras que filman tres diferentes planos. Nos gusta la privacidad y así trabajamos los últimos diez años y medio como cuerpo técnico. 

–En el pasado describiste al fútbol como un juego de engaño desde el lugar de la gambeta. A su vez, te mostraste contrariado con el uso de la tecnología y con el freno a la dinámica del juego que podía darse en la consulta de una decisión arbitral. ¿Qué pensás ahora qué el VAR intervino a tu favor en instancias claves como la semifinal de la Champions?

–Bueno, con lo que tardaron más que VAR fueron al “bar” a tomar una copa y a decidir. Yo creo que el fútbol está perdiendo la esencia cada día y se está convirtiendo en un negocio en el que muchas partes tienen intereses. También está claro que no podemos parar la evolución de la tecnología en el fútbol y que eso genera circunstancias que, a gente romántica como nosotros, nos cuesta aceptar. Pero que lo estoy aceptando. Cuidado que no lo estoy aceptando porque me haya beneficiado últimamente. Lo hago porque hay que darle al fútbol un contexto diferente para aquellos que nacen con un teléfono abajo del brazo. Nosotros nacíamos con una pelota de cuero abajo del brazo o, incluso, con una media a la que le poníamos papel adentro para poder jugar. Hoy todos vienen con una PlayStation. Entonces, a toda esa tecnología hay que aplicarla. Nosotros creíamos en el romanticismo por el fútbol, por un juego en el que el árbitro era un sheriff que impartía justicia. Las nuevas generaciones no lo sienten igual. Por eso hay que generar estímulos de otra manera. Y sí, es verdad, nos hemos vistos envueltos en decisiones que nos han beneficiado y es por eso que tengo que ser consistente en saber que esas nuevas reglas tienen que ser aceptadas con la misma energía y con la misma cara cuando me perjudiquen.

–Dijiste que el negocio ocupa cada vez más lugar dentro del deporte. ¿Cómo te defendés ante eso?

–Adaptándome. No sirve de nada quejarme ni denunciar que antes existía un fútbol diferente. Lo que sirve es trasladar ese espíritu amateur de antes a las nuevas generaciones. Hay que mantener a ese espíritu latente, porque ese espíritu es parte de nuestra historia. Es parte de cómo nos hemos criado y tenemos la obligación de pasar a los siguientes esas emociones y esas sensaciones. Así, el legado se seguirá manteniendo. Incluso aunque sepamos que hoy todo es diferente.

–¿Bielsa es un refugio de ese amateurismo?

–No lo sé. Creo que él tiene que convivir con esta nueva era si quiere estar relacionado de la forma que está relacionado hoy. Marcelo tiene un gran discurso y es cierto que a través de él se generó una idea de defender al romanticismo, que es algo que a todos nosotros nos moviliza. Pero es claro que tanto Marcelo como los demás románticos debemos convivir con esto para poder satisfacer nuestras necesidades y las de la compañía, que es un club, que al cabo es el que te permite hacer tu profesión, tu trabajo y tu pasión. Es importante sostener ese equilibrio.

–¿Cómo te llevas con la idea de ganar? ¿Cuánto te obsesiona?

–Ganar es una consecuencia del trabajo hecho. El éxito no cae desde el cielo y te encuentra. Se entiende que no siempre se puede ganar, porque además hay un porcentaje indeterminado con diferentes tipos de situaciones que ocurren en la fortuna, la suerte o como quieras llamarle. Pero cuando uno le pone energía, capacidad, pasión, esfuerzo y amor, lógicamente que el fútbol es un juego, pero te va a dar más chances de estar cerca de la victoria.

–¿Te preocupa el camino para llegar a ella?

–Por supuesto. Siempre hay un porcentaje, el uno, el cinco o el diez, en el que no pasa, pero en el 70, 80, 90 por ciento de los casos gana el que se lo merece. Esto es así. 

–-Alguna vez dijiste que te hubiera gustado dirigir al Messi más joven. ¿El futbolista que comienza es más moldeable?

–Bueno, no recuerdo exactamente en qué contexto lo dije, pero yo he conocido a Ronaldinho de joven e imagino que entrenar a uno de los talentos más grandes que dio el fútbol, a esa edad, con 18, 19 o 20 años, con esa inocencia y con ese deseo de conquistar, debe ser tremendo. Agarrar a Messi, con el talento de Messi, y haber sido su entrenador con 20, 22 o 24 años debe haber sido la bomba. Que también me gustaría entrenarlo hoy y aprender de él, cuidado. Verlo en acción es fantástico. De los mayores talentos que ha dado este deporte.

–¿Qué sueños tenés por delante?

–Muchos. La vida se trata de sueños y de ilusiones. Se trata de lo que vas creando en tu mente constantemente. Eso es la vida. En el momento en el que dejás de ilusionarte con la vida y dejás de tener la capacidad de esforzarte y de mejorar, por más que respires, tu vida ya no tiene sentido. La mente es la que te genera esos desafíos. Ahí está todo. Levantarte con esa motivación te mantiene vivo. Nuestro equipo vive de eso y tenemos que generar eso. La gente optimista quiere estar con gente optimista, que tire para adelante y que tenga desafíos para disfrutar esta vida, que es corta y que por eso hay que aprovecharla.

–¿Esa es una de las claves de tu equipo de trabajo?

–Bueno, nos complementamos bien. Tenemos una buena compenetración. Cuando yo estoy apagado, otro está encendido. Y cuando es a la inversa, me enciendo yo. Pero no dejamos que el fuego se apague.

–Te describiste como un ciudadano del mundo y vivís entre Londres y Barcelona. ¿De Argentina qué te queda? ¿Cuán lejos estás?

–La esencia. Soy argentino. Hay argentinos que llevan muchísimos años en otros lugares del mundo e igual se los reconoce rápido por la fuerza interna, por la capacidad de adaptación, por el optimismo y por ir tirado para adelante. Somos un pueblo luchador, que se ha ido adaptando en la historia. Creo que esa marca de adaptarnos a lo que venga está en nuestros genes.

–¿Te imaginás volviendo?

–No pienso mucho en eso. Me dejo llevar como en el fútbol. El fútbol te llevará dónde quiera el fútbol. En la vida es exactamente igual. Aunque trabajo fuerte para que me lleve a los mejores lugares posibles, claro.

–¿Qué es jugar bien al fútbol?

–Eso depende de tus valores y de tus sentimientos. Para mí es respetar tus valores, tu filosofía y tu idiosincrasia. Cuando ves un equipo nuestro, ves un equipo que respeta el fútbol bien jugado. Somos un cuerpo técnico cuyos jugadores reflejan la valentía, la flexibilidad y el cuidado por la forma. No somos fanáticos ni defendemos una determinada idea con locura, pero entendemos a la flexibilidad y le damos un papel fundamental a la espontaneidad y a la inspiración. Nuestra dinámica fomenta eso, porque tenemos que preservar al fútbol. Los esquemas rígidos no nos van. Nos los vas a ver en nuestros equipos. 

–¿Qué te gustaría que se dijera de vos y de tu cuerpo técnico?

–Nada. No trabajamos pensando en el qué dirán. No trabajamos pensando en tener un millón de seguidores en nuestro Instagram. Trabajamos buscando la felicidad en nuestra gente y en nosotros. No necesitamos el reconocimiento externo para ser felices. Tampoco necesitamos que alguien diga algo para saber si somos o no somos. Realmente no pensamos en eso. Y creo que eso nos hace más felices que el resto de los humanos.