Maxi Moralez

Talento sin complejos

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Las luces de Nueva York son solo las del fútbol para Maxi Moralez; en la gran metrópoli mundial lo suyo es la pelota y su familia.

Cuando levantaba paredes con su papá en aquellos tiempos de Granadero Baigorria, Maxi en lo único que se preocupaba era en que llegase la hora de ir a correr detrás de la pelota al club de su barrio. Porque en el Fray Luis Beltrán FC, ese que quedaba a dos cuadras de su casa, el pequeño talentoso de la familia apilaba rivales con la diez en la espalda sin importarle nada más que divertirse mostrando su destreza. Esas otras paredes, las que tiraba en esa canchita de tierra que lo vio nacer futbolísticamente, fueron las que lo animaron a agarrar la bicicleta, y de caradura presentarse a la prueba que le terminó cambiando la vida.

El único hijo varón del matrimonio de Hugo y Mirta fue sumando años en su calendario y escalando en las inferiores de un Racing que nunca vio (como si hicieron otros) en su poca estatura un problema para el ya virtuoso enganche. Él no buscaba frases de superación de esas que en Google están por todos lados del estilo de “el único tamaño que importa es el del corazón”. Él solo quería ir detrás del sueño de que corearan su apellido en una cancha explotada de gente. Y por eso, con su habilidad a cuesta no solo debutó en Primera sino que recorrió el mundo derrochando gambetas. Ese mundo del fútbol que no estaba acostumbrado para su talla. Pero que vio en Maximiliano Moralez la muestra clara de que el único tamaño que importa es el del cerebro y el de las ganas de ser mejor a cada paso. Hoy con 32 años brilla en la MLS y es la carta ganadora de un New York FC que quiere ganar su primer título de su historia.

–¿Cómo es esto de acostumbrarte a distintas culturas?  Digo porque fue Rusia, Italia, México y ahora Estados Unidos.

-Bastante bien. Uno cuando se va de Argentina, yo me fui a los 23 años, fue totalmente difícil por el idioma. Los primeros meses era no entender nada y era lo más complicado porque la cultura italiana es muy similar a la nuestra, pero el idioma recién pude mantener una charla a los cinco meses. En Estados Unidos es otro idioma, complicado para mí, pero uno es más grande y se adapta más fácil, al igual que la familia. 

–Bielsa dijo hace poco que para el entrenador era muy importante hablar el idioma del país en el que estaba dirigiendo. ¿Cuán importante es para el jugador a la hora de lo futbolístico?

La verdad que es muy importante. Sobre todo por el día a día con tus compañeros. Yo hace tres años que estoy acá y no sé el idioma, así que imaginate. Soy un poco contradictorio con lo que estoy diciendo, pero me cuesta mucho el inglés porque no me gusta el idioma y se me complica. Obviamente lo entiendo cuando me hablan pero respondo lo justo y necesario. No es que puedo mantener una charla diez minutos seguidos. 

–¿Tiene que ver con que te de vergüenza?

Acá es muy difícil. Los gringos sino lo pronuncias bien no te entienden, es como si no lo hablaras. A mí me pasó en Italia, hasta que no supe bien el idioma no di una entrevista en italiano. Soy vergonzozo en el tema de hablar y acá he estudiado un poco, pero no me gusta para nada y no me interesa aprenderlo tampoco. 

–¿El jugador del fútbol tiene una tara a la hora de hablar en otro idioma?

Uno lo puede estudiar, pero cuando no tenéis la práctica es muy difícil. Yo el italiano lo quise aprender e iba consultando con el diccionario cuando no entendía una palabra. Acá se me hace muy difícil, he tomado clases que no me han gustado, entonces, con la edad que tengo, estudiando no me alcanza. Hay gente que estudiando se le hace más fácil el inglés, pero no es mi caso. 

–¿Y en tu casa que se habla?

El más grande que tiene cinco lo habla perfecto y la nena, de tres años, está empezando a hablar y ya entiende lo que se le dice, para responder con las pocas palabras que dice. Nosotros les hablamos en español, salvo en algunas cosas puntuales que les decimos en inglés y nos termina corrigiendo mi hijo más grande. Mi mujer va todos los días a una clase de inglés y ella disfruta de estudiar y hablar. 

–¿Te pusiste a pensar todo lo que lograste? Sobre todo por el tema de tu estatura y los prejuicios que hubo en el arranque sobre tu adaptación al fútbol profesional. 

Uno cuando pasa los treinta forma una mirada por lo que le pasó. A esas edad ya formó una familia, le ha tocado jugar en grandes ligas, como por ejemplo la italiana, en la que por mi físico nadie pensaba que yo podía jugar. Por suerte en las inferiores de Racing nunca le dieron importancia a mi altura. Me tomaron en la primera prueba y después hice el camino hasta llegar a Primera. En ese camino uno va aprendiendo a usar el cuerpo y va sabiendo a jugar con el tamaño. A esta altura de la vida uno repasa que otros clubes me han dicho que no y esas cosas cuando estas a esta edad las recordás más. 

–¿Qué miedos tenías cuando recién arrancabas?

Yo primero me fui a probar a mi pueblo (Granadero Baigorria) con mis primos en bicicleta y de todos los que había solamente quedamos seis. A la noche me llaman y me dicen que tenía que viajar a Buenos Aires. Viajé y estuve probándome durante una semana y durmiendo en la pensión. Todo nuevo. Otra vida. De mi pueblo a Buenos Aires. De estar con los míos pasé a no conocer a nadie y a probarme con chicos del club, lo que hacía todo más difícil. Y para colmo, antes de volvernos a casa nos roban el auto con toda la ropa adentro. Eso fue un aprendizaje para una vez que llegué a la pensión definitivamente el cambio no fuera tan brusco. 

–¿Dudaste en algún momento de si ibas a llegar?

No. Desde el momento en que me dijeron que quedé me enfoqué muchísimo en que podía jugar en Primera. Era lo que queríamos yo y mi familia, y más allá del complejo de la estatura, en Racing siempre me hicieron sentir importante. Después uno va pasando de categorías, llega a Reserva y va siendo más corto el camino. 

Moralez fue el máximo asistidor de la temporada regular de la MLS (con 20).

–¿Se labura mucho la cabeza con relación a ese complejo de la estatura?

Yo lo tuve siempre, entonces nunca me importó. No tuve un complejo sobre eso, sino que anteriormente había ido a Newell’s y Rosario Central y me han dicho que no por mi estatura. Pero yo confié siempre en mi porque tenía la habilidad y la convicción. La suerte también ayudó. 

–En el fútbol argentino no lo sentiste, pero en Italia el fútbol es muy físico. ¿Ahí te tuviste que preparar de otra manera?

En Vélez ya había tenido roce internacional y en Racing había jugado la Promoción. Eso me había fortalecido mucho mentalmente porque había pasado situaciones de mucha alegría y otras de muchísima presión. Teniendo cierta experiencia en el fútbol argentino es mucho más fácil llegar a Europa y estar fuerte de la cabeza. También, en Atalanta, me dieron la confianza que tuve en Argentina desde que empecé y eso me simplificó mucho todo. 

–¿Qué beneficios y que contra te da tu estatura? ¿Y para qué te gustaría ser más alto dentro de una cancha de fútbol?

(Risas) Mi estatura, como todo, tiene sus pro y sus contra. Obviamente que el jugador bajito tiene más velocidad y dinamismo que un defensor de un metro noventa. Obviamente, a la hora de ir cuerpo a cuerpo contra un defensor pierda, pero uno lo lleva a la experiencia de los años en Primera y aprende a jugar con eso. A veces les gano. Y ser más alto no sé para qué querría ser. Posiblemente si fuese más alto no hubiese llegado a nada.

Hace años que la Major League Soccer dejó de ser tomada por los futbolistas como una jubilación de privilegio, o una liga en la que se puede ir a estar tranquilo. Al contrario. La llegada de cada vez más estrellas en un gran momento (Carlos Vela, Josef Martínez, el Pitu Martínez, entre otros) hacen que la MLS suba su nivel y sorprenda a más de un futbolista que llega sin saber con qué se va a encontrar. Moralez deja en claro que le parece: “La verdad pensaba eso cuando me ofrecieron venir. Había tenido opciones de venir a esta liga antes y las había rechazado por tener ese pensamiento de que la gente venía a retirarse. Después de haber llegado a los 29 años y, con lo que vivo hoy en día, puedo decir que es una linda liga, llena de jugadores jóvenes llenos de proyección que tuvo un salto de calidad importante. Año tras año es cada vez más fuerte y eso ayuda al crecimiento personal”.

Moralez en el NYFC.

–¿Qué costumbres, primero en Italia, y después en Estados Unidos?

En Italia a comer como un profesional. En Argentina no lo hacía como debía. No comía tan mal pero, por ejemplo, las ensaladas no era un plato que consumía. En Atalanta aprendí a hacerlo y acá sigo con ese orden necesario para ser futbolista. El descanso también, con todo lo que eso implica. En Estados Unidos nos juntamos con los latinos una vez por semana a comer un asado. 

–¿Quién maneja la parrilla?

Yo. Porque los chicos viven en departamentos, y yo al tener familia vivo alejado de la ciudad, soy el encargado de organizarlo. Como parrillero me defiendo. Soy caradura, como en la cancha. 

–Es imposible no preguntarte por las cosas neoyorquinas que se te pegaron… 

Nada. Cero. Me gusta quedarme en mi casa disfrutar de mis hijos. He ido a conocer cuando algún familiar viene, o con mi señora, pero yo soy muy casero y prefiero quedarme ahí. 

–¿Cómo te llevas con el basquet? 

He ido a ver NBA en el Madison Square Garden. También fui a ver football americano, y nada más. A los Yankees (beisbol) no los fui a ver nunca a pesar de que tenemos los pases gratis porque jugamos en la misma cancha. Pero no voy porque no lo entiendo al deporte y porque no voy a estar cuatro horas mirando no es lo mío. 

–En Estados Unidos hay mucha cultura de laboratorio y el fútbol no siempre se llevó tan bien con esas cosas. ¿Haber pasado por Europa te permitió aceptar mejor esa cultura?

Yo creo que sí porque llegué acá con la condición de disfrutar lo que era el fútbol. No quería tener tanta presión y solo quería disfrutar con mi familia. La verdad es que hoy en día, más allá de la presión que me pongo en el día a día porque no me gusta perder, a la salida de un partido que  por ahí perdiste la gente está muy tranquila y eso es lo que yo estaba buscando. Entonces, a mí me gustó mucho eso. Hoy el fútbol es el cuarto deporte del país, detrás del football americano, el beisbol y el básquet, y ya ha dejado atrás a deportes que antes eran más populares. Yo creo que paso a paso la MLS seguirá subiendo peldaños por la convocatoria y por todo lo que influye en la sociedad norteamericana. 

–Hablabas de la presión, ¿Qué te sacó la presión?

Me sacó las ganas de disfrutar. De poder ir a un partido de fútbol y si perdés salir sin que nadie te esté insultando. O que te pidan fotos todo el tiempo. Eso de perder y no poder salir porque tenés que esconderte era algo que me estaba haciendo mal porque nada tiene que ver con la esencia del fútbol. Este es el otro extremo. En la MLS buscaba poder salir con la familia, o con un amigo, sin importar el resultado, y sin que la gente te señale con el dedo. 

–¿Esa búsqueda de tranquilidad a la hora de elegir el destino tiene que ver con el arranque fuerte que tuviste como profesional, al jugar la Promoción con Racing?

Para los primeros pasos fue un momento muy complicado. Era lo peor que le pasaba al club en años y nos tocó a nosotros. Sin embargo, eso ayudó a que de repente tomemos esa responsabilidad de decir “somos jugadores de Primera división” y hacer el resto de la carrera un poco más fácil. 

–¿El fútbol deja de ser lúdico en el ámbito profesional o sigue siendo un juego?

Acá es un juego. Y la gente lo toma así. En otros países lo toman como un trabajo porque es ganar o ganar. En Argentina mismo, yo lo he vivido y se vive ahora, parece que si perdéis estas matando a alguien. En la MLS es un juego que se disfruta como tal y que se termina cuando se acaba el partido. En el durante te putean como te putean en todos lados porque la pasión así lo convierte. Pero después no. 

–Cuando encontrás un espacio de tranquilidad semejante como la que tenés vos ahora es muy difícil plantearse una vuelta, no digo al fútbol argentino, sino al país. Por el tema social y tu familia lo digo en particular. 

Socialmente nuestro país, lamentablemente, es un desastre. Yo tengo la posibilidad de que mis hijos puedan salir y vivir libremente, mi señora ande caminando con el celular por la calle, yo sabiendo que salgo y voy a volver. Esa tranquilidad no te la paga nadie. Hoy no miro con ojos regresar, pero yo quiero volver al fútbol argentino porque soy un loco y me quiero retirar en donde empecé. Pero soy el único, porque si hablo con mi familia me dicen que estoy loco. También tenemos con la familia la idea de irnos a vivir afuera e Italia es un destino que nos encantó y que seguramente, en un noventa y cinco por ciento, una vez que se termine el fútbol nos iremos allá. Es lo que te lleva hoy la sociedad argentina. 

–Hoy en día los jugadores parecen que tienen ese proyecto, como es el caso de Pinola, que retornó a Argentina y tiene como plan volverse a vivir a Alemania. ¿Vos querés sacarte el gusto de jugar en Argentina e irte a residir al exterior?

Es el pensamiento que tenemos con mi señora hoy. Lo hemos hablado mucho y también los años pasan y es la posibilidad que tenemos. Lamentablemente tengo que pensar así porque a mi me encantaría decir que me voy a vivir a Argentina después de retirarme, pero tengo una chance de darle una calidad de vida mejor a mis hijos y prefiero dársela. 

–¿Este pensamiento de irte del país post retiro te hace entender cosas de los jugadores que antes no entendías, cuando eras más joven?

Nunca pensé si estaba bien o mal lo que hacían los jugadores con sus decisiones. Lo que no puedo entender es lo que yo hacía cuando era joven. El salir a divertirme y por ahí ir a entrenar sin dormir. Esas cosas las recuerdo y digo “qué pelotudo que fui” porque uno se da cuenta cuando es más grande. Después las decisiones son individuales y es muy difícil ponerse en el lugar del otro. Y que la gente se ponga en mi situación es muy difícil. Obviamente, la gente va a pensar “este solamente piensa solamente en la guita”, pero les puedo asegurar que llega un momento en el que uno no pone en la balanza la guita, sino la familia y la calidad de vida. Cosas que en Argentina no les puedo dar. 

–Siento que te fuiste de Italia para quitarte esa presión del ganar como sea o pasarla mal y que querés volver a sentirla a la Argentina…

La presión en el fútbol de acá no se siente, pero la presión me la pongo yo todos los días. Cuando voy a entrenar poner todo, intentar ganar siempre porque mi competitividad nunca la perdí, sino me hubiese retirado. Siempre lo dije, para mi el fútbol argentino es el mejor de todos. Es el fútbol en el que empecé y es en el que quiero terminar. También el fútbol es muy ingrato , cambiante y no sé si mañana tenga la posibilidad de volver. 

–Cuando te pones a repasar ese paso de albañil con tu papá a este que vive en Nueva York: ¿Qué queda?

Todo. Mi papá sigue trabajando de eso. Mis amigos también. No me pidas que haga una pared pero te puedo ayudar, después no pidas más nada. Estando en mi pueblo visitando a mis amigos o familia y si puedo ayudar lo hago. 

–¿Pensás hasta dónde llegaste?

Valoro mucho lo que logré. Y a mis hijos los hago entender que mi viejo a mi no me pudo dar lo que yo les doy a ellos. No viví mal, aunque me ha faltado para comer, pero siempre no las arreglábamos para tener algo en la mesa. Y eso a mis hijos no les pasa. Uno valora desde el momento en que le puede comprar la casa a su mamá, puede ayudar a sus hermanos, a amigos y todas esas cosas son impagables. 

–Los deportistas de elite como vos viven en una burbuja y cuando tienen hijos es difícil ponerlos en contexto. ¿Cómo les haces entender eso?

Es un laburo importante porque cuando vamos a Argentina a ver a la familia, por ejemplo, mis hermanas tienen hijos y mis sobrinos viven una realidad distinta a la de mis hijos. Y ellos tienen que dejar de hacer cosas para no incomodar al resto, porque mis hermanas no pueden dárselo a sus hijos. Pero trato de inculcarle, sobre todo a mi hijo más grande que es el que entiende, que hay cosas que no van. Por ejemplo, cuando dice que no quiere un juguete le respondo que se lo regalo a alguien y se pone a llorar porque entiende que no lo va a tener más. Es muy importante que sepan valorar las cosas. Si lo agarran o no es un tema de ellos. Uno vivió en carne propia el no tener y ahora que él si lo tiene debe darle el valor. 

–¿Sos mejor padre o futbolista?

No lo sé. Trato de estar con mis hijos el mayor tiempo posible. Lo llevo a futbol, trato de jugar con ellos. Trato de estar en los pequeños detalles y estar presente porque es importante. 

–Hablamos poco del Maxi Moralez futbolista. ¿Cómo estás hoy?

Hoy muy bien. Me siento bárbaro. En el club tuvimos una temporada muy buena. Terminamos primeros (NdeR: New York FC terminó seis puntos adelante del Atlanta United en la Conferencia del Este), yo salí el mejor asistidor de la MLS con veinte asistencias y ahora esperando los playoffs para culminar lo que empezamos. 

–¿Y después del fútbol qué?

No lo pensé. Lo único que tengo claro es que me voy a alejar del fútbol por un tiempo. Uno va aprendiendo lo difícil que es y necesito alejarme de eso. Pero tengo claro que no sé hacer otra cosa, así que volveré pronto a estar relacionado con el fútbol.