Megan Rapinoe

La astilla más incómoda de las mujeres del fútbol

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Compromiso social y enfrentamiento contra el poder, sinónimos de la estadounidense Megan Rapinoe, la gran figura del Mundial femenino de Francia.

La capitana del seleccionado campeón del mundo es mucho más que una de las goleadoras de su equipo y de la Copa. El nombre de Megan Rapinoe es una especie de astilla clavada en el corazón del universo Trump. Si bien ya era una de las integrantes consagradas con varios pergaminos en su haber y una trayectoria propia de una jugadora de treinta y cuatro años, Francia 2019 marcó un antes y un después en su lucha por la filantropía y por la equidad en la disciplina en la que se desempeña, por lo menos en cuanto a repercusión internacional. Enganche muestra la imagen de una deportista progresista, comprometida a defender a los más débiles con los tapones de punta.  

“Megan debería ganar primero antes de hablar”, dijo Donald Trump como contrapartida a la frase de la deportista en la que resaltó que de ninguna manera irían a “la puta Casa Blanca”, adelantando la postura a cualquier posible invitación por parte del gobierno estadounidense que subestimó insólitamente a las flamantes campeonas en Canadá 2015.

El máximo mandatario ya tenía en la mira a quien fue una de los estandartes por la lucha que inició el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick contra el racismo y la brutalidad por parte de la policía local en 2016. “No puedo permanecer como si nada cuando hay gente en este país que tiene que lidiar con este tipo de cosas”, aseguró la delantera que anteriormente se arrodillaba durante las estrofas del himno al igual que el impulsor de los gestos de protesta que se multiplicó dentro del deporte de los Estados Unidos.

Al ser advertida por la Federación estadounidense por una posible sanción, tuvo que dejar de hacerlo, pero volvió a ser el foco de las críticas oficialistas al no cantar ni tomar posición con la mano en el corazón en la previa de la victoria por 2 a 1 sobre España con su doble aporte goleador, actitud que repitió en las siguientes instancias y que hizo estallar la polémica que se venía gestando.

Todos los premios se llevó Megan Rapinoe.

“Haré lo que sea para ser parte de la solución”, esbozó en 2016 como parte de esta disputa comunitaria. Pero fiel a su espíritu por marcar el rumbo, Rapinoe sigue peleando por la equidad salarial para las jugadoras de fútbol. “No creo que la FIFA respete mucho a la mujer”, declaró en relación a la notable diferencia en el monto que se repartió por los premios de Rusia 2018, siendo de 400 millones de dólares contra 30 en el certamen femenino. Y no fue la primera vez. Ya en 2016 junto a sus compañeras de selección Hope Solo y Alex Morgan, presentaron una demanda por la igualdad salarial entre hombres y mujeres a la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de los Estados Unidos.

Sin dudas, Megan Rapinoe es la imagen principal, por lo menos del momento, de la mujer futbolista que se animó a alzar la voz por los derechos que se han demorado tanto en el deporte como en la sociedad. Una figura que demostró valentía absoluta al enfrentarse a los poderosos más temibles, pero que supo mantener la responsabilidad de quien es consciente de la relevancia y el apoyo obtenido por un importante número de ciudadanos que hasta se animó a postularla como candidata a las próximas elecciones. “Tenemos que amar más y odiar menos. Tenemos que escuchar más y hablar menos. Es nuestra responsabilidad hacer un mundo mejor”, bajando el tono de la discusión en el momento justo y menos pensado de aquellos que tanto incomoda.