Muñiz y las sagradas escrituras

Desafiliado cuatro veces en lo que va del siglo, el equipo de San Miguel ya recuperó los títulos de propiedad de un estadio que fue usurpado y espera poder volver a jugar en su casa.

Hay equipos de Capital Federal que perdieron sus estadios por decisiones de gobiernos militares. El caso más conocido es el de San Lorenzo, pero en la última dictadura también le pasó a Fénix, que hasta 1978 tenía su cancha en una hermosa zona de Colegiales, en Conde y Concepción Arenal, hoy sede del Polideportivo Colegiales. Y hay, también, equipos del Gran Buenos Aires que perdieron sus canchas, indirectamente, por decisiones económicas del menemismo: fue cuando algunos de los miles de excluidos del sistema, sin lugar donde dormir, ocuparon estadios de clubes afiliados a la AFA para fundar primero un chaperío, después una villa, más tarde un asentamiento.

Los buceadores de historias del ascenso recuerdan cada tanto las desventuras de Central Ballester, que hasta 1996 tenía su cancha en la villa La Cárcova, José León Suárez. En un área metropolitana con gravísimos problemas de vivienda, los vecinos usurparon el estadio: al comienzo instalaron una casilla entre el alambrado y la tribuna, después otra en el vestuario, más tarde adentro del área y Central Ballester se quedó cancha.

El caso sin repercusión mediática es el de otro equipo de la Primera D, Muñiz, del partido de José C. Paz, que en los últimos años comenzó una pelea en Tribunales para recuperar su estadio usurpado y ya recibió el aval de la Justicia: los títulos de propiedad del terreno en avenida Croacia y Juan Cruz Varela, en el barrio Vucetich, hasta donde 1990 Muñiz jugaba como local, volvieron a pertenecerle al club. Pero como la Justicia y la política no suelen cruzarse, la intendencia de José C. Paz mira para otro lado. Es, en todo caso, una pelea incómoda: difícil no simpatizar con un club de la Primera D que no recibe aportes privados pero más difícil no simpatizar con los descastados del capitalismo.

Muñiz tuvo aspiraciones de cierta grandeza en los 80. Le hacía publicidad a Seven Up en su camiseta, le cantaba a San Miguel en búsqueda de un clásico que le diera estatus popular y llenaba su pequeña cancha. Los hinchas la llamaban La Vuce. En 1986, como Argentina, fue campeón de la D. Pero en los 90, como Argentina, perdió su lugar. El club le vendió los terrenos (de 150 metros de frente por 394 de fondo) a una compañía de colectivos, una cooperativa conocida en el barrio como  “Los huevos amarillos”, aunque la empresa entró en quiebra y nunca pagó lo acordado. Cuando el estadio debía volver al club, ya era tarde: los vecinos habían ocupado casi todo el predio.  

Sin cancha propia, siendo un club gitano, Muñiz quedó desafiliado cuatro veces en lo que va del siglo. El campeonato pasado terminó anteúltimo en la D. Es, acaso, la última escoria de la AFA. Y aunque ya no vuelva a jugar en La Vuce, al menos recuperó las escrituras. Las sagradas escrituras.