Estudiantes

Nada como estar otra vez en casa

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Después de 14 años, Estudiantes regresa a 1 y 57; la lucha, las frustraciones y las alegrías en el orgullo de volver al lugar que le pertenece.

Como las ciudades construidas una sobre otra, en las que el paso del tiempo colocó sobre los cimientos de otras generaciones los pilotes de una nueva era, Estudiantes de la Plata regresó a su lugar de pertenencia para abrazarse a la modernidad de una casa levantada en el mismo espacio en el que supo ser. Ya no se trata de aquel estadio con viejos tablones, pisos de baldosas municipales y torres de iluminación que atravesaban las tribunas. Ese color sepia que combinaba la oscuridad de las maderas con el óxido del hierro es ahora una luminaria en rojo y banco que enorgullece al Pincha para situarlo otra vez en su lugar identirario, ese corazón de león que late entre las calles 1, 57, 55 y 115 de la capital bonaerense.

Como cada domingo, el 28 de agosto de 2005 se disputaron centenares de partidos en todo el mundo. Pero hubo dos en los cuales se trazó un corredor que atravesó el océano Atlántico: uno en Milán y otro en La Plata.

En el arranque de la temporada en la que obtendría (a partir de la sanción a Juventus por el arreglo de partidos) el primero de los cinco Scudettos consecutivos que lograría, Inter recibía al Treviso. Juan Sebastián Verón fue uno de los once titulares dispuestos por Roberto Mancini. Dos minutos después del segundo de los tres goles que marcaría el brasileño Adriano para el 3-0 definitivos, la Bruja fue reemplazado por el chileno David Pizarro con una cortina de aplausos por el gol que una semana antes había sellado el 1-0 ante Juventus en tiempo suplementario para la consagración en la Supercopa italiana.

Después del triunfo y los 70 minutos que había jugado, la jornada futbolera de Verón no había terminado. A miles de kilómetros de La Plata, seguir el choque entre Estudiantes y Gimnasia era el plan impostergable. Y el día de Verón fue perfecto, porque el Pincha se quedó con el clásico con un gol de José Luis Calderón. Tal vez aquel partido comenzó a darle todavía más fuerza a una decisión tomada pero sin fecha fijada, el regreso a Estudiantes que finalmente se concretaría un año más tarde. Mucho menos imaginaba Verón que ese sería el último partido en el estadio en el que habían jugado él y su padre y que la pelota recién volvería a rodar a ahí pero bajo su presidencia.

Martín Herrera; Carlos Arano, Fernando Ortiz, Agustín Alayes, Marcos Angeleri; Rodrigo Braña, Adrián Bastía, Horacio Cardozo; Marcelo Carrusca; José Luis Calderón y Mariano Pavone compusieron el equipo de Jorge Burruchaga que después se modificó con los ingresos de José Sosa, Carlos Araujo y José Chatruc. Estudiantes festejó sin saber que ese sería el último partido que jugaría en su cancha y que tendría que esperar 14 años para situarse otra vez en ese espacio de la ciudad.  

“Era un día feo, llovía. El gol fue de Calderón al Mono (Navarro Montoya) en el arco de la calle 57, el que daba al colegio industrial. Nadie pensó que después de ese día pasaría todo lo que pasó, pese a que el litigio de Estudiantes con el gobierno municipal venía de antes. El camino al nuevo estadio resultó muy complejo por todos los inconvenientes que fueron sucediéndose, pero en el club nunca dejaron de creer que terminarían por imponerse”, recuerda en diálogo con Enganche el periodista Fernando Serrano, quien trabajó el día de ese último partido y también desarrolló sus labores en el estreno del nuevo coliseo.

La vetusta infraestructura del estadio era desde hacía tiempo un problema. La tarde del clásico, uno de los listones cedió al peso del público, se quebró y  Claudia Jones cayó desde lo alto. Ese accidente desencadenó la prohibición municipal para la realización de espectáculos, la clausura por parte del Comité Provincial de Seguridad Deportiva y la suspensión a cargo del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. A eso se agregaba la circular de FIFA que inhabilitaba desde el primer día de 2006 los estadios con tribunas de madera y las presentaciones judiciales de organizaciones ambientalistas y ecológicas (la más recordada en La Plata se llamaba “Hoja de tilo”) que se oponían a que se concretase una estructura de hormigón en esa parte de la ciudad porque desde 2002 habían comenzado a levantar una tribuna de material por fuera del propio estadio. Ese año, Estudiantes visitó a San Lorenzo con su camiseta tradicional a la que se agregó un parche en el pecho con la leyenda “Sí al estadio”, manifiesto que prolongó en una serie de partidos. Llevar el reclamo a la cancha era un paso más en las marchas que hinchas y dirigentes realizaban una y otra vez frente al palacio municipal.

Estudiantes se vio obligado a mudar su localía que pasó por las canchas de Gimnasia, Quilmes, Arsenal y el Estadio Único. En 2007 el estadio Jorge Luis Hirschi fue demolido y se iniciaron las obras que se extendieron durante más de diez años. Demoras judiciales, pujas políticas y problemas económicos fueron los obstáculos que fueron sorteando las gestiones encabezadas por Guillermo Cicchetti, Julio Alegre, Eduardo Abadie, Rubén Filipas, Enrique Lombardi y el propio Verón. Todos quedarán inmortalizados en una placa en la piedra fundacional el estadio.

El mandato histórico de volver a su lugar hizo que se utilizasen todos los recursos posibles para concretar el sueño del estadio. Entonces, parte de los ingresos por las ventas de Santiago Ascacíbar al Sttutgart y de Juan Foyth al Tottenham se destinaron a la obra.

Aquel último gol de Calderón creó un puente con el que marcó el Manuel Castro en la presentación del nuevo estadio. Apenas un minuto tuvieron que esperar los hinchas del León para la primera celebración en este hogar porque de arranque en el partido frente a Talleres el uruguayo desató el grito que estaba contenido desde hacía mucho tiempo, ese que necesitaba retumbar con la acústica propia de estar otra vez en Uno.

Las cuatro copas Libertadores y la Intercontinental las consiguió fuera de su estadio, también sus últimos dos títulos domésticos y la histórica goleada 7-0 a Gimnasia. Pero Estudiantes no dejó de oír nunca las voces ancestrales en las que le pedían volver al lugar que le es propio desde hace más de un siglo.