Literario

Naturaleza de fútbol

La historia de Punterito. en la pluma del Profesor. Ni más ni menos que un jugador que aprendió a jugar siguiendo el vuelo de los pájaros.

Punterito se hizo famoso la tarde en la que debutó en un club grande y deslumbró porque hacía y deshacía jugadas como si todas formaran parte de su naturaleza. Tendría lógica suponer por error que ese salto hacia la fama fue la consecuencia de esa exposición de talento. Pero el ingreso de Punterito a los registros de la notoriedad se debió a que ese mismo día un cronista fascinado le consultó sobre qué entrenadores le habían enseñado a jugar como jugaba y el futbolista le devolvió una respuesta ajena a los libretos: “Yo aprendí a jugar siguiendo el vuelo de los pájaros”.

A la mañana siguiente, los diarios sentenciaron que al fútbol le había nacido un poeta. Se supo rápido: esa era una interpretación equivocada. Punterito tenía buen gusto, pero estaba lejos de ser un artista de las palabras. En aquella respuesta sólo había dicho una verdad. Su juego, tan natural, se había forjado así de libre porque cambiaba destinos sin atenerse a las tácticas, como si el aire le perteneciera, igual que a los pájaros.

Las semanas siguientes fueron certificando cuál era la educación deportiva de Punterito. Le preguntaron por el secreto de sus gambetas y él contestó: “Hago como el mar: me muevo un poco para un lado y otro poco para el otro”. Lo interrogaron sobre la virtud de su cabezazo y él explicó: “Lo copié de las hojas de los árboles, que para tener más luz tratan de llegar hasta la copa”. En esta edad de sospechas, a muchos les costó aceptar tanto simplismo. Un técnico sostuvo que Punterito no improvisaba y que sólo un experto en estrategias de la cancha podía elegir tan bien los momentos para destacarse. Al jugador no le molestó ofrecer una aclaración: “Eso lo tomé de las flores: hay un tiempo para crecer en silencio y otro tiempo para florecer”.

Fue ese mismo técnico quien buscó un mediodía a Punterito y le soltó una conclusión resignada: “Al final, usted en el fútbol no aprendió nada”. Sin embargo, Punterito lo calmó: “Yo no soy un sabio pero sé lo que es la confianza y lo que es la furia, conozco cómo suena una risa o cuánto duele la soledad, y hasta tengo cierta idea de lo qué es ser una persona… Bueno, mucho de eso que le cuento lo aprendí gracias al fútbol”.

Lo dijo así, tan natural como jugaba, y se fue a tirar córners. Le salían perfectos: había aprendido a patear siguiendo el rumbo del viento.