Óscar Córdoba

La palabra justa, una filosofía de vida

El ex arquero multicampeón con Boca recibió a Enganche en su departamento en Bogotá; los días de un hombre alejado de los campos de juego aunque siempre vinculado al fútbol; "Riquelme es ídolo, yo soy apenas un jugador reconocido en Boca", reconoce.

“Entre las 4 y las 5 él puede verte. Acercate a la Zona G (área que se convirtió en los últimos años en un destino gastronómico central en Bogotá) que Óscar sale de un evento y va para ahí”. La indicación de Sara, esposa y asesora del socio de Óscar Córdoba, no exigía más que un traslado a poco menos de 5 kilómetros para entrevistar al hombre que entre 1997 y 2001 había defendido el arco de Boca, en el inicio de la todopoderosa etapa de Carlos Bianchi en el club de La Ribera. Puntual, a las 4 de la tarde, otro mensaje de WhatsApp propició el encuentro. “¿Dónde estás? Óscar te espera en el lugar al que me enviaste la ubicación. Él está en el Starbucks, arrímate a la caja que se está pidiendo un café”, se leía al tiempo que sonaba el teléfono de manera estridente en un moderno local en el que el silencio reinaba entre las pocas personas que había en ambas plantas.

Al descender a la parte baja del café, la imagen del ex arquero colombiano se hace imponente. Hasta parecía más alto. “¿Tú quieres uno?”, dice antes de saludar con la mano derecha. “El mío ya casi está listo, lo recojo y nos vamos para mi casa, así estamos más tranquilos”, avisa el colombiano de 49 años. Lo que iba a ser una conversación de no más de veinte o treinta minutos continuó con un viaje hasta su departamento en una de las zonas residenciales “más bacanas” de la capital colombiana. Un viaje por calles zigzagueantes para pasar a buscar a parte de su familia (su esposa Mónica, su hija Vanessa y su hijo Adrián). Un viaje en el que el fútbol, claro, apareció cuando su hijo preguntó por la Argentina hasta llegar, obvio, a Messi. “Aquí se habla mucho de fútbol, te darás cuenta”, advierte Córdoba, mientras Adrián sostiene con firmes argumentos que [Marc-André] Ter Stegen (el 1 de Barça) era uno de los mejores arqueros del mundo. “Mi hija juega al fútbol. Además, con ella compartimos el puesto y el trabajo. Ella es periodista y yo trabajo en la cadena Fox. Tengo en claro que no soy periodista. El periodista busca la noticia y tiene sus fuentes. Yo lo que hago es analizar y opinar lo que hace el jugador en el terreno de juego. Lo respeto como profesional”, advierte con gran serenidad . “Me siento cómodo en mi nuevo rol. Lo hago siempre a mi estilo: con respeto, pero hablo desde un lugar de experiencia, de lo vivido. Nunca me burlo. Por el contrario, exalto una actuación como profesional. Lo único que me limito es a dar mi opinión sobre lo que se hizo en el terreno de juego, pero nunca descalifico. Pero no me quedo con que eso sea la última palabra. Al contrario, me gusta aprender y mejorar. Soy igual que cuando era jugador. Hago y corrijo a cada paso. Es un estilo de vida”, define.

–El fútbol está cada día más inmerso en una etapa más histérica, ¿te hubiera costado insertarte en este Boca donde la palabra parece más importante que el juego?

–Creo que este Boca de tanta urgencia pasa más por la urgencia de los muchachos por irse que es diferente a lo que vivimos Jorge Bermúdez, Chicho Serna y yo. Hoy en día, los muchachos llegan a Boca sin haber debutado y ya se quieren ir a jugar a Europa. Entonces no hay una paciencia de ellos hacia el equipo y del equipo hacia ellos porque ellos lo único que están haciendo es usar a Boca para aumentar el valor de su pase, largarse y ganarse un buen dinero. Cuando nosotros llegamos a Boca, llegamos a marcar historia. Y eso es distinto. Entonces, el desarrollo nuestro en el equipo fue notoriamente opuesto. Llegamos para quedarnos, no parea irnos.

–¿Qué falta: hambre, ganas de triunfar en Boca? Porque ustedes llegaron a Boca con una personalidad y una ascendencia muy fuertes.

–Porque éramos grandes.

–Sí, pero lo que ustedes habían hecho en su pasado los había moldeado para ese momento…

–Claro, pero nosotros llegamos a consolidarnos y a quedarnos en Boca. Estos chicos, con 18 o 19 años, llegan ya con ofertas para irse al exterior porque la dinámica misma del fútbol los está pidiendo. Un muchacho vale 1 millón de dólares por el solo hecho de ser argentino. Pero si se calza la camiseta de Boca, vale 20. Entonces ellos saben que en el término de seis meses están vendidos a Europa.

–Alguna vez, de manera irónica, dijiste que te convertiste en arquero porque no eras muy bueno con las piernas, ¿cambió la forma de atajar, es decir, se le exige mayor protagonismo en el juego?

–Por empezar, yo tapaba bien. Y al usar mis piernas sacaba una leve ventaja porque había jugado como delantero en mi etapa de chico. Entonces, eso me sirvió y luego me preparé. Yo estaba, en cada entrenamiento que podía, pegando 15 minutos con una pierna y 15 con la otra. Y buscaba la perfección en el saque. Y, hoy en día, con este Guardiolismo o Barcelonismo, todo el mundo quiere jugar con el arquero como pieza clave en el arranque del juego. Y me parece que se está exagerando y se está exponiendo demasiado al arquero como tal.

–Le pasó a la Argentina en el Mundial de Rusia en la jugada de Willy Caballero…

–Willy, lamentablemente, le mete el taco al piso y eso no le permite que la bola se levante lo suficiente para pasar por encima del croata [Ante Rebić], entonces, la bola queda a mitad de camino y se condena él mismo. Me parece que el fútbol puede arrancar desde los centrales y desde los mismos volantes sin darle tanto protagonismo y riesgo al arquero.

–¿Eso no obedece a la lógica de buscar tener más la pelota porque si vos la revoleás de abajo, la pelota va a volver más rápido?

–Es relativo eso porque tú puedes preparar a tu equipo para revolearla y recuperarla en el campo contrario, en el segundo rebote, y puedes ser tan efectivo como aquel que sale jugando dese atrás. Eso va en la compenetración de tus jugadores. Me parece que para poder salir desde allá (se refiere desde el fondo) se necesita un complemento de todos.

–¿A vos qué te gustaba y qué te gusta más?

–El equilibrio. Si tengo jugadores dúctiles que salgan jugando desde atrás y si no los tengo que sepan leer el partido para revolearla, sacar las líneas y ganar en el campo rival. La inteligencia del juego es saber el equilibrio. Cuando tú puedes, lo haces. Y cuando no puedes, hay que adaptarse a las circunstancias y ser mejor en esa situación.

Fotos: Damián Cáceres/Enganche

–¿Ese era plus que tenía el Boca de Carlos Bianchi? Boca te hacía un gol y te frizaba el partido…

–Tal cual. En una entrevista una vez dije esto: si quieres ver fútbol, ve a ver a River al que se le decía el Dream Team. Y si querías ir a ver a un equipo ganar, debías ir a ver a Boca. Lo dije de verdad, de manera seria. Nosotros llegamos a la madurez de una forma tan sólida que sabíamos por cuánto ganábamos cada partido. Nos volvimos tan confiados en nosotros que sabíamos que los partidos los cerrábamos con 1-0 o 2-0. Estuvimos 36 fechas sin perder. Nos volvimos, de repente y entre comillas, prepotentes. Pero sabíamos que éramos un relojito y cada uno sabía lo que tenía que hacer. Decíamos este partido lo vamos a ganar 2-0, íbamos y ganábamos 2-0.

–¿Esa prepotencia puede ser sinónimo de ambición?

–Yo creo que de compenetración, de respeto hacia el compañero. La ambición siempre arrancaba al principio de la temporada. Carlos nos reunía en la mitad de la cancha y nos decía: “Bueno, cuántos títulos tenemos por competir este año: tres, vamos a ganar cuatro”. Y salíamos a la cancha a ganar todo.

–¿Sentís que el fútbol está cada vez menos humano, más enfocado en el negocio?

–Más allá del negocio va a seguir siendo humano porque va a seguir dependiendo de la calidad del que está adentro del terreno de juego. Va a seguir dependiendo de lo social que es el jugador dentro del terreno de juego. Más allá de ver a Cristiano Ronaldo que es una máquina de hacer goles, va a necesitar a los otros para llegar a jugar lo que juega. Messi necesita a Ter Stegen para que no le hagan goles y no tener que hacer dos. Más allá del negocio que existe alrededor del fútbol, el fútbol sigue siendo de los jugadores, ellos son el talento, el talento es fundamental. Yo te coloco 11 jugadores de piedra en una cancha y la gente se aburre. En cambio, si llamás a los talentos, se llenan los estadios porque la gente los quiere ver.

–Boca no logra consolidar a un arquero: de Rossi a Andrada, a Lampe que vino un tiempito, a Marcos Díaz… ¿por qué sucede esto? A vos te pasó algo similar: cuando llegaste eran el Pato Abbondanzieri o vos y antes Sandro Guzmán o el Pato…

–Es difícil hablar de los procesos cuando no los conoces en su interior. Lo que yo pude ver es que lo nuestro venía precedido de mucho talento y mucha historia: nosotros veníamos del Mono Navarro Montoya y se trataba de reemplazar a un ídolo, algo que no era fácil. En nuestra época, la coyuntura era el Pato, Guzmán o yo y pude sacar una pequeña ventaja. Además, me encontré con un técnico que me bancó. Luego se consolidó el Pato. Creo que fue por aquello que teníamos de espalda. Cuando llego a Boca, ya había estado en un Mundial, habíamos fracasado en un Mundial. Nos habíamos repuesto del Mundial para volver a la selección y de ahí llegué a Boca. El primer semestre en Boca fue muy bueno y eso me dio un colchón para poder aspirar a más. Pero ya tenía un caparazón. Luego, cuando el Pato toma el equipo era un Pato ganador, él había ganado muchos títulos con Boca y se le brindó una oportunidad y se la bancó. Creo que con estos arqueros no se ha tenido esa oportunidad.

–Viajemos en el tiempo al 9 de diciembre de 2018, ¿te dolió esa derrota de Boca?

–Sí, me dolió mucho porque, si bien no me gustó cómo se paró ni el banco de suplentes: no tenía respuestas en el banco. Creo que Guillermo cometió el error de respetar a la gente por su pasado mas no por su presente y eso lo pagó caro en el terreno de juego. Armó un libreto para el partido pero no tuvo un segundo libreto en caso de… Y Gago no estaba, Pablo Pérez estuvo todo el partido cojeando. Uno se da cuenta cuando el jugador está al ciento por ciento y cuando no. Me parece que el equipo no estuvo para un final

–Sos consciente de que todo lo que vos decís tiene impacto y ustedes, varios líderes del pasado, hablan y eso genera…

–Yo soy muy respetuoso de lo que digo y como lo digo. El equipo no tuvo libreto para una situación adversa. El equipo estuvo con el libreto de que iba a empatar, de que iba a hacer un gol y le iba a aguantar. Pero al mirar las opciones en el banco te das cuenta que no estaban.    Quién hubiera podido anticipar que Gago se iba a lesionar, nadie, pero Gago cuántos partidos había jugado en el año. Cardona, qué pasó con Cardona que es un jugador de selección. Pero créeme que Cardona estaba mucho mejor que Gago. Tévez es un jugador de finales y se quedó con esa ficha en el banco.

–¿Cómo se disipa ese dolor, esa bronca?

–El problema es que yo ya no estoy (se ríé). La única forma de disiparlo es ganando. Era una sola, jugar en Madrid y ganarla. ¡Ya, bancátela! Podrás decirle “ah, pero decendiste”, pero ganaron esa final. Ellos sentirán el dolor y nosotros le recordaremos que descendieron pero ellos nos van a decir que ganaron la final más importante. Y nos vamos a tener que bancar esa. Ese partido fue Boca y River llevado a la máxima expresión del mundo. Los que estuvimos en el estadio sabíamos que era a vencer o morir. Moríamos en el resultado pero hay otra página por escribir al otro día.

–Sí, pero da toda la sensación de nunca llegar a esa página del otro día sin antes denostar al rival, humillando al oponente. Incluso, de un lado no se creyó que Pablo Pérez estuviera con problemas en la visión. Es todo un falso folclore…

–Mira, el día que Maradona se retira, el Mono Burgos fue a cabecear al área, nos estrellamos, nos caemos y le da una trompada. ¿Y, cuál es el problema? Él quería ganar y yo quería ganar, nos dimos un sopapo los dos y al otro día estábamos grabando una comercial para una empresa de publicidad. Esa era nuestra final, fue el partido que Bermúdez bloquea al Mono Burgos y Martín [Palermo] hace el gol de cabeza. Ese era mi primer clásico y lo pude ganar. Me parece que se dramatiza en la cancha. Cuando se termina el partido, ya está. Eso es lo que hay que trabajar. Lo que pasa es que socialmente hay muchos resentimientos, muchos vacíos. El inconveniente es que estamos llevando al fútbol los problemas sociales. El tema es que hay negocios que se están colando y están contaminando al fútbol.

–¿Por qué no estás trabajando en Boca?

–Porque nunca me invitaron. Yo me fui para Besiktas y Macri me dijo que le encantaría verme trabajando en Boca, no como entrenador de arqueros. Creo que aquellos futbolistas que nos preparamos para el día después hemos sido pocos. Yo me preparé para ser directivo, para escoger el rumbo de un equipo desde lo económico y lo futbolístico. Y veo que hay poco espacio en los equipos. Tuve acercamientos con Beraldi y cuando se iba a lanzar el Tano [Angelici] nos reunimos en  Faena de Puerto Madero pero quedó elegido y siguió su camino.

–¿No sentís que Román pone en riesgo su idolatría jugando políticamente? Y en cierto modo a vos te sucede lo mismo…

–Riquelme es ídolo, yo soy apenas un jugador reconocido en Boca. Mi historia terminó cuando me fui. Riquelme volvió y fue campeón de la Libertadores solo, jugó una copa impresionante. Pero yo me preparé y Román está en el proceso de prepararse. Fui para la segunda final de la Libertadores y tuve la posibilidad de sentarme con Román. Le pregunté si estaba preparado y me dijo que sí. Lo ví diferente al Román de hace 3 o 4 años. Boca te come. Uno tiene que estar a la altura de Boca. Y para poder estar ahí, donde Riquelme quiere estar, hay que preparase. Y Riquelme se está preparando. Es diferente a aquel que salió y se encontraba con sus amigos a comer un asado y a jugar al fútbol. Ahora es otro Riquelme. Está estudiando, está leyendo, analizando con quién se está rodeando. Es muy distinto cuando uno termina el partido y se va a jugar un picado con los amigos del barrio y con aquellos qué lo único que hacen es no llevarle la contra a su ídolo. Riquelme creo que se ha rodeado de aquellos que le dicen, Romi esto no es así, esto es asá y lo hacen caer en cuenta sabiendo que Román es muy inteligente y ha sabido capitalizar eso.

El ex arquero multicampeón con Boca recibió a Enganche en su casa en Bogotá; cómo es su vida ahora, lejos de los entrenamientos diarios, pero siempre ligada al fùtbol; "Riquelme es ídolo, yo soy apenas un jugador reconocido de Boca", dice.
Córdoba y su costumbre de atajar penales.

–Los candidatos en Boca saben que si Román se decide, tienen que encolumnarse detrás de él.

–Yo se lo dije a Romi. Él no tiene que ser el presidente de Boca. El presidente es otra cosa. Román tiene que estar adentro de lo que es fútbol. Porque eso es lo que él conoce.

–¿Y qué te dijo?

–Se me quedó mirando. Para mi tiene que estar en el fútbol.  El presidente tiene que ser algo en política. Y Román no es todavía el político que puede sentarse con el resto de los presidentes.

–¿Sería una especie de presidencia como la del Pupi Zanetti en el Inter?

–Hay diferentes maneras de ser presidente. Uno, el que se sienta con los otros presidentes y va a la AFA a discutir. Y están los presidentes como en Boca que tienen su función, y el presidente de fútbol se encarga de fútbol y el de básquet del básquet y así. Está la secretaría de fútbol para que esté Riquelme. Para que él decida qué jugador tiene que venir por esto y tal otra cosa, y este es el técnico que tiene que estar en Boca.

–¿Qué tu hija sea arquera es casualidad o causalidad?

–Circunstancias. Vanessa montaba primero en caballo y luego jugaba voleibol hasta que tuvo una lesión en la rodilla. Y yo veía que en el fútbol femenino a nuestras arqueras les faltaba talla. Yo jugué voleibol y creo que es un deporte muy cercano a la posición de arquero. Vanessa es disciplinada. Si tú le dices que entrene tres veces al día, entrena tres veces al día y su nivel de absorción de información es muy buena. Entonces empezamos con ese proceso. Se fue a Cali y luego ganó la beca para ir a los Estados Unidos y ya después se desarrolló de manera profesional.

–Y ahora volvió y se sumó a la incipiente liga profesional.

–Pero va con una intención. Desde su conocimiento y su madurez le permite a Liga crecer. No solo en lo futbolístico.

–Es decir, ¿ella tiene que ser una especie de puntal?

–Siempre se lo he transmitido. Acá decimos que los hijos somos un extracto mayor de tus padres. Yo llegué al fútbol en una condición y lo dejé en otra muy diferente. Ella tiene una capacidad por conocimiento. Vivió en Argentina, Italia, Turquía, Estados Unidos. Eso le puede permitir capitalizar todos esos conocimientos en una liga que apenas está naciendo. Que no llegará adonde quiere llegar, pero si le va a dar un granito para que esa liga crezca.

–Ella tuvo un posteo en el que era bastante crítica de esta liga. En Argentina tenemos a Maca Sánchez y su crítica fue muy parecida. ¿Cómo hacen las mujeres para tratar una igualdad?

–Voy a ser sincero. Es muy difícil que se logre la igualdad porque esto es un producto de ir al estadio y que te agrade. Mientras que el nivel futbolístico no sea alcanzado va a ser muy difícil que vayas en gran volumen a ver un partido de fútbol. Va a haber un inicio en el que se vaya a ver fútbol jugado por mujeres. Pero si estamos hablando que en varones tardó cien años, es muy difícil que en treinta años se iguale tan rápidamente. Yo estoy de acuerdo con que exista esa igualdad con salarios y todo, pero hay que igualar el nivel.

–¿Es imposible ver un partido amistoso mixto?      

–Ellas son mujeres y nosotros hombres. Nosotros competimos a un nivel físico y de agresión que ellas manejan distinto. Si los llevas a competir de igual a igual puedes tener un riesgo grande. Cada uno en su categoría y en su género son importantes.

–Pero vos salís con el auto y ves pibitas jugando al fútbol.

–Perfecto y lo aplaudo. Lo que no puedo pretender es que vayan al choque y pongan la pierna como yo la meto.

Producción: Germán Carrara.