Oscar Ustari

El guardián que no claudica

Se repuso a todo y a los 33 años disfruta de cada momento. El dolor, las lesiones, los miedos, Independiente, Boca, Messi, en una charla con Enganche en la que que voló de palo a palo.

Por Ángel Armando Castellanos

Lo dijo Jorge Valdano o algún ilustre anónimo que le atribuyó la frase: el fútbol es lo más importante de lo menos importante. Oscar Ustari no lo expresa tal cual, pero lo insinúa. Habla de dolor y se olvida de sus lesiones, las malditas lesiones que lo privaron de jugar tres Copas América y un Mundial.
Charla con Enganche desde la Universidad del Futbol –sin tilde– un maravilloso complejo deportivo-académico donde se entrena el Pachuca mexicano, su nuevo club. Jugo de naranja –no mate, sino jugo de naranja–, pasas y almendras acompañan la conversación. Como arquero evita la etiqueta impuesta de héroe o villano, pero no se resiste a la contradicción. Cuenta que fue a terapia, pero nunca por un músculo traicionero o por un ligamento roto y le da valor para estar bien en lo emocional; al mismo tiempo reconoce la existencia de la suerte, de la mala fortuna al pisar un pozo en un campo.
No elude el tema de Independiente, al contrario, lo encara como si fuera el delantero más gambeteador del mundo… y hace un buen regate. Sigue dolido, pero le gustaría retirarse ahí, en ese club al que tanto quiere para que sus hijos, hinchas –como él– del Rojo lo vean.

–¿Qué es el dolor?
–Perder un familiar y no poder estar, para mí eso es un dolor. Las cosas que nos pasan durante nuestra profesión son parte del oficio, a mí me duelen más esas cosas o que te fallen como persona, me duele más eso, que, no sé, romperte una rodilla, cosas que sé perfectamente que me han pasado, pero a mí me duelen más ese tipo de situaciones emocionales que lo que le pasa en el cuerpo a uno.

–Acerca de que te fallen, mencionaste alguna vez que la gente de Independiente no te trató como hubieras esperado porque querías regresar al club antes que a Boca.
–Sí, era una posibilidad porque necesitaba volver al país porque mi papá estaba enfermo. Creo que no pasa de que los jugadores llamen a los clubes para volver y yo llamé y busqué por intermedio de mi representante, de gente que trabaja en el club… Me atendieron el teléfono cuando yo ya era jugador de Boca, ya era tarde y siempre quise volver, nunca tuve la posibilidad. Cuando necesitaban y yo estuve libre nunca se acordaron, pero bueno, hoy la gente se acuerda de que como jugué en Boca y grité un gol justo jugando contra Independiente, que fue un desahogo producto de lo que me había pasado de que me llama el presidente cuando iba la séptima fecha para preguntarme si era cierto que volvía al club simplemente por el alquiler de la casa y yo le dije que sí, que a Independiente no le iba a cobrar un sueldo, yo quería un alquiler para una casa y quería volver. Y pasó así y después pasó que Independiente descendió y yo tenía contrato en España. Me hicieron una entrevista y dije que no sé si era el momento para que yo vuelva porque tenía un contrato, un compromiso y el club tenía arquero y ya. La frase de “no volvería a jugar en la B” y todo eso que pasa en el futbol argentino

–¿Cómo te reponés de estas lesiones? Mencionaste que no son el dolor más fuerte que un ser humano puede vivir, pero que como futbolista romperse los ligamentos se vuelve la parte a la que todo mundo le tiene miedo.
–Después te das cuenta de que te recuperás y superás eso que es otra etapa de tu vida, otra etapa del futbolista en la que aprendés a decir, “¿Por qué no a mí?”, porque siempre, lo primero que decimos es “¿Por qué a mí?”, pero  ¿por qué no a mí?, si yo trabajo con el cuerpo, tengo mis riesgos, es un juego de contacto, te puede pasar, entonces, son cosas que te pasan. A veces no es la palabra adecuada “dolor”, lo que molesta es que te pase en situaciones muy particulares en mi carrera, me he perdido tres Copa América por una lesión, un Mundial, entonces, son cosas que por ahí te marcan y la gente hoy tiene tanta maldad que te dicen que sos “de cristal”, que esto, que lo otro.

–Un poco de mala suerte también, ¿no?
–Yo creo que sí, que he tenido mala suerte porque me he perdido momentos impresionantes de mi carrera y traspasos impresionantes (Nota de la Redacción: sonó para Barcelona mientras jugaba en España) que me lo han marginado o no se han dado por mis lesiones.

–¿Existe la mala suerte en el fútbol?
–Sí, puede ser.

–Sobre todo si pensamos que una de tus últimas lesiones fue por pisar un hoyo.
–Tal cual, y en Nigeria antes de la Copa América pisé un pozo que había en la cancha y estábamos haciendo un picadito. Sí, existe mala suerte. Fernandito Gago, con todo lo que le pasó a Fer y es un chico que superó todo lo que tenía que superar, volvió a jugar, volvió a agarrar nivel y ahora le pasa esto, pero bueno, a veces el de arriba nos tiene preparadas mejores cosas, pero este obstáculo hay que pasarlo.

–¿Qué le dirías hoy a Gago que cada vez que empieza a tomar cierto nivel la cosa se le tuerce?
–Y, es difícil, Fer sabe, y somos nosotros los únicos que sabemos lo que sentimos por dentro, esa necesidad de que se corte esa racha, seguramente lo debe estar pasando mal Fer. No le he hablado, tengo que hablarle, pero es una situación muy complicada porque también te toma un tiempo procesar estas dificultades.

–Sobre todo él que había dejado entrever que podía decir adiós al juego…
–Sí, tal cual. Es entendible también porque solamente uno sabe lo que le toca vivir.

–¿Lo pensaste vos en algún momento?
–Sí

–¿Cómo se decide, más allá del de la llamada de Pezzolano (Paulo, su DT en Liverpool de Uruguay y Pachuca de México), que se debe seguir pelando?
–Porque yo me sentía bien, yo trabajaba todos los días, entrenaba a doble turno todos los días. Llegó un momento en que empecé a sentir mucha falta de respeto del entorno del fútbol, que te llamaban, te tomaban el pelo, te prometían esto o lo otro y yo seguía en mi casa entrenando, y era todos los días así. Entonces llegó un momento en que dije, ‘bueno, no tengo más necesidad de pasar por esto, tengo mi familia, me tengo que ocupar, me quiero preparar para lo que viene, doy vuelta a la página y empiezo con otra cosa’… hasta que salió esta posibilidad del Liverpool, yo estaba entrenado, estaba bien, nos toca que salimos campeón, que nos va muy bien y la cosa cambia. Pero sé que me tocó pasarla muy mal y solo… con los íntimos de siempre. Cuando me fue bien siempre fueron los mismos, eso no me trastornaba tanto; sí, el sacrificio de entrenar solo, sin compañeros, sin un vestuario, esas cosas molestan.

–Sé que buscaste ayuda porque lo mencionaste en alguna otra charla, si no mal recuerdo, con Clarín. El futbolista, sobre todo el argentino, ¿le sigue teniendo miedo o prejuicio en torno a la terapia, a sacar la bandera blanca y pedir ayuda?
–No sé si el futbolista argentino. En mi caso, la terapia me sirve como esposo, como padre, no la uso sólo para el fútbol, porque el fútbol es una parte de mi vida, después, gran parte de mi vida, de mi espíritu, de mi esperanza es mi señora, mis hijos, mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. Hay que tener un equilibrio en todo; si vos estás desbalanceado, entonces no te va a ir muy bien. Lo que pasa es que también, antes hacer terapia implicaba que estabas loco, gracias a Dios esas cosas cambiaron, algunas para bien, otras para mal, pero me parece que si hay ayuda profesional siempre tenés más posibilidades de que te vaya mejor.

–¿Fuiste directamente con un psicólogo?
–Sí, muchas veces, claro.

–¿Se vuelve algo necesario tengas o no lesiones?
–No sé si es algo necesario. Fijate que yo nunca fui por una lesión, he ido por otros temas, nunca por una lesión, porque siempre entendí que es parte del oficio y siempre pude salir de todas y no necesariamente por ese profesional. A lo mejor me han sucedido situaciones en mi vida que no he sabido manejar y por eso necesité la ayuda del profesional.

–Encima vivís en una profesión en la que todo el tiempo parece que se te puede señalar, como pasó en su momento con los seis goles en Boca contra San Martín de San Juan, por ahí con Independiente, incluso en España. ¿El arquero está acostumbrado a eso?
–Yo personalmente no le doy importancia, en absoluto. 

–¿Te afecta más recibir varios goles o terminar con el arco sin tantos en contra, aunque con una tarea regular? –No, porque no pasa por eso, para mí no pasa por ahí, porque muchas veces no te hacen gol y tu trabajo no fue bueno, no fue como querías. Obviamente al arquero no le gusta que le hagan goles, menos que te hagan seis siendo el capitán de Boca. El otro equipo se jugaba el descenso y nosotros fuimos una vergüenza; y el otro equipo nos ganó bien, nos hizo una abultada y tuve responsabilidad en solo gol, que la pelota me pasa y es gol, en los otros no tuve responsabilidad, pero por ser parte del plantel y ser justamente el que recibe los goles, obviamente es más fácil cargar al arquero.

–¿Cuándo decidiste ser arquero?
–De chico. Yo jugaba las dos posiciones, era 5 y era arquero; y ya luego en Independiente quedo como volante central y también como arquero. En ese momento me decido por el arco, y bueno, ya hice mi carrera.

–¿El arquero se acostumbra a vivir con el dolor o con la frustración?
–¡Yo no tengo dolor ni me siento frustrado por algo! Para nada. Son palabras que en el fútbol se usan. Decimos “fracasado”. Hago lo que quiero, me refiero a que quise ser futbolista, me pagan por eso; tuve la suerte de jugar en Europa; de jugar con Selección, de salir campeón con Selección, de salir campeón con clubes. Fracasado es una palabra que en Argentina no se usa normalmente. El jugador viene de Europa, viene a jugar acá y erra un pase y es un fracasado. A mí me pasó un día, fui a ver un partido de un amigo y una pelota que cierra mal y su propio hincha le grita fracasado… Había jugado en el Real Madrid. Entonces, hay reacciones desmedidas. 

–Carlos Bianchi dijo alguna vez que “drama es no llegar a fin de mes o tener un hijo enfermo”. ¿El futbol argentino dramatiza de más los resultados? 
–Por supuesto, sí, sí. No hay duda. Somos muy exagerados, muy exitistas, en todo, hay jugadores que pueden llegar a ser grandes futbolistas, pero se les mete tanta presión, tanta exigencia, tanta responsabilidad que a veces no estás preparado para eso, pero así es el fútbol argentino.

–Tenés una relación cercana o muy cercana con Lionel Messi. Hoy no la está pasando tan bien en Barcelona… ¿Cómo lo mirás, qué le dirías, si es que se le puede decir algo?

–Sí se le puede decir, como amigo, ¿cómo no le voy a poder decir? Él sabe perfectamente lo que hace, él conoce mejor que nadie lo que pasa ahí adentro y seguramente, de todo lo que se está diciendo es una mínima parte de lo que pasa realmente. Pero vende más eso, nada más. Que Leo haya manifestado algo por las redes sociales, como creo que pasó, está bien, es el capitán de uno de los mejores equipos del mundo, para mi entender es el mejor jugador del mundo y si lo hace público es porque pasó algo que a él no le gusta o que no está bien. Me parece bárbaro.

–¿Cómo mirás al Messi que empieza a hablar un poco más, que empieza a tomar esa responsabilidad con micrófono o con teléfono en mano?
–Esas son cosas más del otro lado que de este lado, porque Leo siempre fue así. Por ahí entiende que ésta es la forma decir algo y está bien. Hay gente que a Leo le decía que no era líder porque no hablaba y agarraba la pelota y te hacía seis goles por partido. Tenés líderes que por presencia en el campo, otros por la personalidad, otros por rendimiento. En el fútbol se necesita de todos, pero inevitablemente, hiciste una tonta comparación, que todo el mundo hace hincapié en eso, que quién es mejor, entonces nos dejamos llevar mucho por esas cosas.

–Independientemente de que ahora estés en México, ¿sigue viva la ilusión por volver a la Selección Argentina?
–Sí, siempre, pero con los pies sobre la tierra; hay grandes arqueros, más jóvenes que yo. Yo fui durante muchos años y entiendo que por ahí mi momento ya pasó. 

–¿Hasta cuándo te ves jugando?

–Hasta que mi cuerpo diga “basta”. Las ganas a veces pueden ser muchas, pero la realidad es que tu cuerpo muchas veces manda y que después hay chicos que vienen con mucho empuje, con mucha fuerza y que también hay que dejarles el lugar, entonces, por el momento me siento muy bien, tengo 33 años, tengo muchas ganas, el cuerpo está perfecto, entonces, vamos a ver.

–Si hoy Independiente te vuelve a llamar, ¿qué le dices?
–¿Hoy?

–O cuando termines tu vínculo con Pachuca
–Terminando el contrato con el Pachuca tendría que analizar todo. A mí me gusta mucho estar acá, de hecho una de mis ideas es poderme venir a México. Lo haría porque amo el club, porque mis hijos son hinchas del club, porque me gustaría que me vieran retirarme con esa camiseta, seguro.

–¿Cómo te ves después del juego?
–Estudiando, preparándome, tratando de aprovechar el tiempo que tenga con mis hijos, pero sí, preparándome para continuar dentro del ambiente del fútbol.

–¿En una oficina o dentro de un campo?
–No sé si soy para oficina, la verdad es que no sé si soy para oficina, pero llegado el tiempo también vamos a ver las capacidades que tenemos.