Paola Suárez

“Ser un gran deportista no es equivalente a ser una gran persona”

A los 15 años ya era profesional y contaba cada billete para poder jugar en el circuito. La peleó y llegó a ser número uno del mundo en dobles y Top Ten en singles. De las luces a la calma, de Roland Garros al refugio de su familia.

Por Javier Lanza y Andrés Román

Alvaro y Sofía son su universo. Una construcción perfecta para una vida diferente. Una elección en el momento indicado y un paso al costado para tomar aire. Nunca fue amiga de las luces, pero las disfrutó y se sintió plena por haber logrado el objetivo. Humildad y sacrificio, son dos palabras que aparecen en la primera página de su libro personal. No hay distancia que pueda confundir, cuando se ríe es porque quiere hacerlo y se nota que nada está impostando. No disimula nada porque no lo siente, porque no lo quiere, porque no lo sabe hacer. Su cuna nunca la puso en lugares en los que ser políticamente correcto es moneda corriente. Fluye, porque está en su esencia. Paola Suárez, no destila ni la mínima gota de arrogancia, no se le advierte ni una pizca de deportistas que fue número uno en dobles del mundo durante dos años y que se subió al Top Ten en singles. En las nubes, con los pies en a tierra.

Pide 5 minutos porque tiene que darle de cenar a sus hijos. Se acomoda en un sillón y charla con Enganche. Es imposible dejar de escucharla, porque tiene tanta sencillez en sus palabras y es tan terrenal, que hasta parece un pecado querer interrumpirla. Cuando una consulta la acompaña a recordar algo emotivo, ella sigue atentamente, comprende con un leve movimiento de cabeza y se le escurre un sonrisa que permite acompañarla hasta ese lugar que ella guarda en su memoria. De Pergamino tomó su mochila y la peleó como nadie, a los 15 años ya era profesional y cuando los billetes no sobraban en los bolsillos encontró el motor que la llevó hasta lo más alto del universo deportivo.

–¿Por qué luego del retiro te corriste tanto de la escena?

–La verdad es que siempre la posición que quise tener era la de no estar muy expuesta. Me sentía cómoda en ese lugar. Por eso me quedé en ese lugar y quise mantenerlo durante toda la carrera. Sobre todo en mi mejor momento, que fue en la segunda etapa de mi carrera. 

–Y de ese bajo perfil pasaste casi al anonimato. ¿Lo hiciste por algo en particular?

–No me alejé del todo. Después de que me retiré me dediqué varios años a la parte social del tenis y ahí estaba menos expuesta, pero seguía unida al deporte. Después de que esos programas se dejaron de hacer, mi vida cambió un poco porque pasó a estar dividida entre España y Argentina. Eso hace que uno se aleje de los lugares que frecuenta. Ahora soy madre, siempre quise serlo, es una de las cosas más bonitas que me pasaron en la vida y estoy muy enfocada en mi familia y hacia mis hijos. 

–Cuando llegás a la cima tenías 27 años, que es una edad promedio para un tenista de elite. ¿Cómo es llegar hasta la cima del mundo? ¿Cómo asimilaste que habías llegado al punto más alto?

–Creo que todo se va dando en torno a la maduración de cada uno, y mi maduración total fue a los 27 años cuando llegué a ser top ten en singles (NdeR: fue 9 del mundo en junio del 2004) y que me siga yendo bien en dobles, porque en esa modalidad me empezó a ir bien un poco antes ganando un par de Grand Slam. Trabajé mucho en la parte de la autoestima, de creerme que podía ser una gran jugadora de tenis, y a medida que los torneos pasaban eso lo iba transmitiendo dentro de una cancha de tenis. Me sentía mucho más cómoda dentro del circuito. Y a esa edad uno tiene otra maduración y ven las cosas de otra manera, lo que me llevó a seguir con mi perfil bajo. Porque yo pienso que ser una buena deportista no te da el derecho de llevarte el mundo por delante. Ser una buena deportista es agradecerle a la vida por algo que pudiste practicar, por algo que te gustó mucho, y que encima lo hiciste bien. Cuando entrás a una cancha querés hacer lo mejor, pero fuera de ella, en la vida normal, sos uno más. 

–Tocaste un tema interesante como el del autoestima. ¿Cuán importante es el autoestima a la hora de ganar?

–Para mí fue importantísimo porque cuando entré al circuito no sentía que el tenis fuera el lugar que me correspondía. El tenis es para gente de una clase social alta, y yo venía de una clase media baja, entonces era algo que me pesaba. Y no era que me molestaban o algo en particular, sino que fue una cosa que tuve que ir trabajando con el paso del tiempo con mi psicológa Nelly Giscafré y ha dado resultado. Nos íbamos poniendo pequeñas metas, objetivos, como poder seguir siendo la número 1 en dobles y llegar al Top Ten en singles simultáneamente. 

–¿Por qué tuviste que laburar tanto el autoestima?

–Tuve que entrenar mucho ese tema porque en las prácticas jugaba de una manera y cuando me tocaba ir a un torneo no me salía, no lo podía hacer. Jugaba a mucho menos nivel del que mostraba en los entrenamientos. Entonces uno se pregunta, ¿cuál es la causa de ese bajo rendimiento? Y llegamos a la conclusión de entraba en la cancha con una mentalidad que no era la mejor. Para revertir ese defecto se necesitó mucho tiempo y otras cuestiones personales que intercedían en el tema. 

–Leímos en algunas notas tuyas en las que decías que no te sentías muy cómoda en el circuito. No por alguien en particular, sino por los distintos lugares desde los que llegaban. ¿Cuánto te costó adaptarte por tu origen y por lo que te encontraste? 

–Lleva su tiempo. Todo es una adaptación porque cuesta entender que cada lleva la vida que uno elige y quiere, y no tiene porqué molestarme o caerme mal cómo un deportista puede llevar su fama, o su manera de ser. Había algunas cosas injustas, que me molestaban, como te decía antes, ser un gran deportista no es equivalente a ser una gran persona. Y eso para mí tienen que ir de las manos, porque son ejemplos para los niños y la gente mayor, porque nadie se merece que alguien le falte el respeto solamente porque es bueno en el deporte. 

–Vos lograste llegar, y mantenerte durante mucho tiempo, en una disciplina como el tenis para te forman de un manera, pero que no hay cultura en dobles. ¿Cómo es para alguien que convive con la soledad compartir el éxito o el fracaso con alguien?

–Personalmente siempre quise ser una gran singlista, sin siquiera pensar en jugar en dobles. Por circunstancias dentro del circuito, y por un tema monetario también, uno se va acercando al dobles. Lo económico tiene que ver con que cuando uno va a un torneo y pierde en primera o segunda ronda te queda una semana libre. Entonces, había una chica española (Virginia Ruano Pascual) a la que le pasaba lo mismo y que necesitaba, al igual que yo, seguir en competición y, sobre todo, ahorrar gastos porque cuando uno está en el torneo te pagan el hotel, las comidas, etc. Así surgió. Empezamos a tener resultados pequeños, después más grandes y tuvimos que sentarnos y planear objetivos también para el doble. Pero yo no le saqué nunca el ojo al single. De hecho he tenido muchas peleas con mi entrenador porque me decía que aplace torneos de dobles y me enfoque más en el single, porque quizás era demasiado jugar las dos competencias. A lo último ya jugaba solo los torneos más importantes de dobles nada más, para poder cumplir mi objetivo de ser Top Ten. En cuanto a compartir con una compañera la cancha a mí me gusta, está bueno, porque aparte las dos dábamos todo y nos llevábamos muy bien. Después afuera cada una seguía pensando a su manera, pero dentro fue una relación muy buena. 

–¿Qué tuviste que ceder de la Paola singlista a la hora de transformarte en la Paola doblista?

–La verdad es que fui una buena doblista sin tener que ceder cosas del single. Mi techo en single fue a lo que llegué. Te mentiría si te digo que si hubiese dejado el doble pude haber llegado a ser la mejor singlista. El TopTen fue mi tope y mi carrera estuvo basada en el single, y por suerte, tuve la dicha de que me fue muy bien en dobles sin tener que dejar de jugar single. 

–¿Qué te generaba más satisfacción: ser la uno en dobles o ser Top Ten en singles?

–Las dos cosas fueron muy gratificantes, en diferentes etapas de mi carrera. Ser 1 en dobles ocurrió antes que ser Top Ten en singles. No nos esperábamos ser la mejor pareja del mundo. Queríamos ser una buena dupla, pero no imaginábamos ser las 1. Entonces, eso nos sorprendió. Después la regularidad que tuvimos se dio gracias a los objetivos que nos fijamos cuando alcanzamos la cima. 

–¿Cómo es ser el mejor del mundo en un deporte?

–Quizás vas a algún torneo y tenés algún privilegio. Pero en ese sentido, haber sido número 1 en dobles y compartirlo con una compañera con la cual me divertía muchísimo dentro de una cancha hizo que quizás no sienta en dobles la presión que sentía siendo Top Ten en singles. Cuando yo entraba a jugar con Virginia la pasábamos bien. No nos pesó para nada el tener que defender el puesto número 1. En cambio, siendo Top Ten sentía la presión porque ya arrancaba pensando “en esta Grand Slam hice cuartos el año pasado y tengo que defender puntos”, entonces no jugaste libre. 

–Decías que te costaban los primeros momentos de tu carrera porque fueron etapas de contar el mango. Si te invito a que recuerdes esas etapas, ¿cuál te viene a la cabeza?

–Se tienen que ver muchísimas cosas en mi caso para analizar el porqué llegué. Desde chica mis papás hacían rifas para que yo pueda viajar dentro de la Argentina. Después conseguí sponsors, que luego me dejaron. Tuve que pagar los viajes en cuotas. Las lesiones que te tiran para abajo porque quizás estás subiendo el nivel y eso te hace empezar de cero. Fueron muchas cosas que se encadenaron para que pudiera tener la carrera que tuve. Pero si tengo que nombrar a una persona elijo a mi entrenador, a quien tuve desde los doce años. Daniel (Pereyra) fue una persona súper importante en todos estos momentos que te relato, cuando uno tropieza, sino tiene una persona al lado que te da fuerza para continuar porque cree que podés llegar, se hace muy difícil a nivel personal. 

–El desgaste que tuviste para llegar a ese lugar de privilegio, como ser número uno del mundo, ¿puede ser el motivo que te hizo correrte de los flashes luego del retiro?

–Puede ser. Cuando me retiré con mi marido buscamos lugares en los que se pueda estar relajado, que haya contacto con la naturaleza… Hago mucho yoga porque me encanta y que mi mundo pase a ser mi familia. Creo que tiene bastante que ver con una carrera con muchos altibajos y presiones. Obviamente, también tuve momentos muy lindos para disfrutar, pero cuando decidí retirarme cumplí un ciclo. Mi ciclo de tenis ya fue, ahora está el ciclo de ser madre y disfrutar a mis hijos. 

Paola Suárez y Patricia Tarabini en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004

–Si se le pregunta a cien personas quiénes fueron los cuatro tenistas argentinos que jugaron Roland Garros 2004, muy pocos te nombran. A pesar de tu autoestima, ¿No te molestó que se hablara tanto de los hombres, pero muy poco de tu semifinal?

–El periodismo es un tema complejo. Yo creo que en su momento se enfocaban siempre para el lado masculino, y mucho menos para el femenino. Yo en su momento lo tomaba como que era así y listo, aparte yo estando con ese perfil bajo me venía bien la poca resonancia que tenía lo que yo había logrado. Lo que sí me llamó la atención es que L’Equipe, el diario deportivo más grande de Francia, publicó una tapa con los cuatro argentinos que llegamos a semifinales. Y por ahí un diario de Argentina salían solo los tres hombres. Pero no me molestó porque ya era así. 

–¿Cuánto puede tener que ver en ese poco despliegue de prensa para con vos, lo conseguido por Gaby Sabatini?

–Yo no creo que eso tenga que ver, sino que fue una época en la que había un montón de argentinos en la elite del tenis mundial. Además de los tres semifinalistas de Roland Garros ese año (David Nalbandian, Guillermo Coria y Gastón Gaudio) lo tenías a Calleri, Acasuso, Cañas, Chela, éramos entre todos como diez argentinos consiguiendo muy buenos resultados en el circuito. Yo me sentí privilegiada de ser parte de esa legión. Gaby estuvo sola y logró una carrera excelentísima, pero nunca sentí una carga por ello. Si creo que tenía que repartir las noticias entre muchos jugadores que estaban en un gran nivel. Fue histórico. 

–Con esto del coronavirus y el parate, se filtró que Serena Williams, Federer y Nadal, entre otros, piensan en armar una sola asociación de jugadores para no diferenciar entre ATP  (hombres) y WTA (mujeres). ¿En algún momento te frustró cobrar menos que los hombres?

–No lo sufrí, pero creo que una mujer jugando a tres sets da lo máximo de su físico. O sea que es el similiar que cuando el hombre juega al mejor de cinco. Porque esa es una de las excusas que se dan, y esas cosas tan comparativas no sirven a la hora si debe ganar más o menos. Porque quizás la mujer siendo ama de casa o madre hace tres cosas a la vez en lugar de una que hacen los hombres. Creo que el hombre está capacitado para unas cosas y la mujer para otras. El esfuerzo que yo hacía, y las horas que entrenaba, eran las mismas que hacía un hombre. No es que la mujer entrena una hora y el hombre cinco. Es cierto también lo que dice Rafa (Nadal) cuando habla de que él, Djokovic y Federer generan mucha plata en los circuitos, pero cuando yo jugaba había jugadoras muy carismáticas como las Williams, Sharapova, las belgas Henin y Clijsters, Hingis, jugadores muy regulares a la que la gente quería ir a verlas. 

–Además, la mujer corre con gran desventaja en un tema: la maternidad. Si la tenista quiere ser madre tiene que dejar el circuito, al menos por un tiempo, el hombre no…

–El hombre, si está bien físicamente, puede hacer una carrera de entre quince y veinte años. Del lado de las mujeres sólo las Williams lo pueden hacer, el resto no. La que quiere ser madre y formar una familia ve cómo su carrera tiene que terminar a los treinta y tres años, aproximadamente. 

–¿Vos tuviste ese dilema de querer ser madre durante tu carrera?

–No. Yo cuando me retiré a los 29 ya tenía planeado ser madre. No era que iba a ser madre y volvía al circuito. Ya la decisión estaba tomada porque fisicamente no estaba para el alto rendimiento. 

 –¿Hay algún punto de tu carrera en el que te pusiste a pensar y te dijiste “Mirá dónde estoy”?

–Ese momento fue cuando recibí la medalla olímpica en Atenas. Ese fue el momento de más goce de mi carrera. Ya había ganado Grand Slams en dobles, había sido top ten en singles, pero la medalla fue el broche de oro. En los Juegos Olímpicos de Sydney, cuatro años antes, también había ido con la intención de medalla y no la pude sacar. Entonces, en Grecia fue como haberme sacado la espina. Con Pato (Patricia Tarabini) fuimos por el oro, pero disfrutamos mucho del bronce. Fue un gran disfrute. 

–Hablando de disfrute, ¿existe la palabra disfrute?

–Depende como sea la mentalidad de cada jugador. En dobles yo sí que disfruté cada partido. Se podía ver en nuestras caras que con Vivi la pasábamos bien dentro de la cancha. Lo que es cierto es que en el tenis los períodos de disfrute son cortos, porque el que tiene un buen resultado un lunes, al día siguiente no mete la pelota dentro de la cancha en todo el partido y se opaca lo conseguido el día anterior. 

–¿Cómo se maneja el miedo en un deporte como el tenis?

–Yo he tenido miedo escénico. Entrar dentro de un estadio grande y que te coma el ambiente. No poder moverte, no poder desarrollar tu juego, no controlar tus nervios. Por eso digo que el tema del dobles y la cosecha de buenos resultados me ha ayudado mucho en el singles, porque yo al llegar a los partidos decisivos de dobles jugaba en estadios grandes. 

–¿Cómo te llevas con la palabra perder?

–El perder, jugadores como Federer, lo llevará peor que los que estamos más acostumbrados a perder partidos. Pero perder es difícil. Yo trataba de aprender y no de hundirme. Hay que sacar las cosas positivas y aprovecharlas para que la próxima vez que salgas a una cancha se potencie tu juego. 

–¿Cómo te llevaste con el éxito y cómo te llevás hoy con el éxito?

–Me llevé bien. Lo pude manejar, pude tener la exposición que quise, y eso enojaba a los periodistas, porque no quería dar demasiadas notas, pero lo entendieron con el tiempo. Y hoy por hoy ni lo llevo. Uno se acuerda lo que hizo, pero vivo tan excluida del tema deporte y enfocada en ser madre que ni me acuerdo del tema. No estoy expuesta… 

–Pero cuando tus hijos te preguntan ¿qué es el éxito qué les decís?

–Para mí el éxito es esforzarse, ser perseverante, es no darse por vencido, y que a partir de ahí las cosas pueden llegar o no. Dar lo máximo. Mi máximo en la carrera de singles fue ser Top Ten y yo estoy orgullosa de ello. Los valores también son importantes, también que sepa de dónde vine para que se de cuenta de que es un afortunado. 

–¿Cuál es el primer recuerdo del tenis, tu primer recuerdo con una raqueta?

–Los primeros recuerdos que se me vienen a la cabeza son de un torneo que jugué en San Pedro cuando tenía seis años. Ahí me fue bien y empecé a jugar torneos provinciales. Pero llegué porque mi papá (Orlando) era el encargado de las canchas del club (Gimnasia de Pergamino) y nosotros vivíamos dentro del club. Ahí está la razón de mi amor por el tenis. No me imaginaba de otra cosa que no sea tenista.

–¿Nunca estuviste cerca de otro deporte?

–Hice gimnasia deportiva, pero un día tuve que elegir entre ir a una competencia de gimnasia o ir a jugar al tenis y elegí la raqueta. También, un día me llevé un susto haciendo una prueba en gimnasia que también ayudó a elegir. Me acuerdo que caí de espalda y perdí el aire, me asusté mucho. 

–¿Tenés algún recuerdo de esos tiempos?

–Tenemos un grupo de Whatsapp con las chicas con las que jugaba en infantiles. Y la verdad que era otra época, nosotras nos íbamos de viaje y nos alojaban en casas de familia. Éramos las invitadas de todas. Hasta los quince años jugué los provinciales y tengo el mejor recuerdo de ellos. Hoy en día alguna de las chicas manda una foto y me hace bien recordar esos momentos. 

–¿Cuándo te diste cuenta que eras buena jugando al tenis?

–A los catorce fui a jugar cuatro torneos a España y gané los cuatro. Después hice final de Roland Garros Jr. contra la paraguaya Rosana De Los Ríos. Ahí ya pintaba bien. Después hicimos una gira con mi entrenador por Brasil y fui agarrando ranking para irme al año siguiente a jugar a Europa algunos torneos. Después vino el retroceso, dejé de jugar entre seis y ocho meses por un problema familiar y todo lo que había ganado lo perdí. Tuve que arrancar de cero y esa vez costó mucho más. Después se me cayeron los sponsors y tuve que volver a los pasajes con cuotas. Pero todo terminó muy bien. 

–¿Cuál es la mejor Paola y cuál es la peor Paola?

–La que no me gusta tanto es la que se enoja: soy bastante tranquila, pero cuando me enojo lo hago en serio, porque acumulo y saco. Me gustaría charlar más las cosas para no aguantar tanto. Y la que me gusta es la que tiene los pies sobre la tierra. O haberlos tenido en su momento, porque eso me sirve ahora que soy una mamá que se encarga de sus hijos y de su familia. 

–Si tuvieras que nombrar dos o tres personas que te mantuvieron en la tierra, ¿a quiénes elegís?

–A mi entrenador, a mi familia y mis amigos de la infancia que siempre estuvieron ahí, a pesar de lo difícil que es mantener las relaciones. 

–Si tuvieras que volver a pegarle a una pelota: ¿cuál es el tiro que elegís?

–El match point contra Amelie Mauresmo en la cancha central de Roland Garros, lleno de franceses, un lindo partido que recuerdo y que me marcó mucho.