Pato Fillol

“Me hubiera gustado ser un pájaro”

Su nombre es sinónimo de excelencia, su impronta domina la escena, el Pato eterno, el arquero definitivo, en una charla en la que no quedan dudas quién fue el mejor de todos.

Está parado ahí, en ese lugar que resulta inexplicable para un simple mortal. Es cuestión de mencionarlo para que la primera reacción sea un silencio corto, como una especie de reverencia, y después las palabras se atropellen para reconocerlo como el mejor. Corta la respiración en pleno vuelo, deja los ojos húmedos por su grandeza. Es una herejía cuestionar su nombre, nadie se atrevería a hacerlo. Enganche encuentra ese espacio, lo invoca y desde San Miguel del Monte, su cuna, suena la voz de él, del hombre que guarda el superpoder más preciado: saber volar. Ubaldo Matildo Fillol, el eterno superhéroe del arco.

No se detiene cuando toma la palabra. Primero es medido, después se suelta y los recuerdos inmortalizan la charla. Su experiencia domina la escena. Su nombre la concentra. Mientras la evolución se lleva por delante el pasado, Fillol es de esos pocos personajes que resisten al paso del tiempo. Se ofrece genuino, no hay nada impostado. Es parte de su impronta ser directo, frontal, calentón, emocional, pasional… Un encuentro con el Pato implica subirse a una historia sin fechas de vencimiento.

–Pasan los años y siempre da la sensación de que lo nuevo es lo mejor, pero tu nombre es sinónimo de excelencia, nadie duda de que el Pato fue el mejor arquero que hubo, ¿cómo te sentís con eso?

–Es lindo, es una cosa que te reconforta. Hace un mes, más o menos, un colega tuyo me hizo un reportaje y me decía “¿vos no creés que pasa con todos? Que cuando pasa el tiempo crece la figura…”, y yo le dije que no, que yo no creo ser ese tipo de persona, porque como decís vos me consideran de la mejor manera. Y hay testimonios de eso, de esa Copa del Mundo, hay videos, ves lo de Racing, lo de River. Lo mío se ve, yo sé que pasa con muchos jugadores que dejan de jugar, pasa el tiempo, sus figuras se agrandan y no hay nada para ver. “Fulano fue un fenómeno, fue…fue…” y no hay testimonios; el caso mío en ese aspecto es distinto creo, lo mío lo ves. Es lindo eso, porque yo siempre pensé que el tiempo, el más sabio de todos, me iba a poner en el lugar que correspondía y bueno, me ha colocado muy bien en la grilla.

–Pato, como un hombre importante de la historia del fútbol, ¿te gusta todo lo que ves? ¿Te gustan los arqueros que ves?

–Si hoy me voy a la selección, que supuestamente en la selección siempre están los mejores, se ha hecho un recambio generacional muy bueno ahora. Hay seis o siete arqueros que han probado en estos últimos dos años y a mí me gustan, son buenos arqueros y es muy parejo el nivel. Es más, [Lionel] Scaloni hoy es el técnico de la selección y no se ha decidido por el titular, así que quiere decir que están todos muy parejos. Lo que no hay, a mi entender, es que no está el distinto, ese que vos digas “tengo siete arqueros como tiene Scaloni, pero éste es titular”. Yo creo que la duda de Scaloni está basada en que es todo muy parejo. El distinto no lo estoy viendo hoy, y antes posiblemente pasaba eso ¿no?

–Claro, Sergio Romero por ahí estaba un escalón por encima del resto en ese momento, ¿no?

–Sí, pero jugó dos mundiales, jugó muchos años en la Selección, pero no sé si dentro de treinta años se van a acordar de… ¿te das cuenta? Yo hablo de lo distinto.

–Hace rato que en la Argentina no hay uno de esos, ¿no?

Hay buenos arqueros, ha habido buenos arqueros. Cuando yo te hablo de distintos, bueno, tenés que estar en el podio de la historia, ¿no?

–¿Cómo vivís esta situación particular de pandemia? Sé que estás en tu pueblo, lo cual me imagino que te reconforta, pero ¿cómo la llevás?

–Hasta hoy bien, dentro de toda la podredumbre que se está viviendo, con el tema de la pandemia y todo eso. Me agarró acá en San Miguel del Monte, yo tengo una casa acá. Viajé con mi esposa y estamos acá los dos, tenemos mucho espacio, mucho verde, andamos en bicicleta. Ahora acá en Monte se autorizaron las caminatas y yo estoy a treinta metros de la costanera, así que salimos a caminar y todo eso. Aparte, River a partir de fines de marzo empleó un sistema de pruebas virtuales de arquero, entonces cada papá o cada chico manda un video de no más de cinco minutos, con jugadas de partido o entrenamientos. Dentro de lo que recibí, cuando vuelva todo a la normalidad, vamos a ponerlo en campo, en juego, en la cancha. Y todo eso me lleva… Por ahí recibo cuarenta videos por día, te vuelvo a repetir, son de cinco minutos como máximo. Me ocupa el tiempo, el trabajo con River. Y la Filial de River Plate acá en San Miguel del Monte, que lleva mi apellido, también se acercaron, siempre respetando las distancias, y empezamos a hacer cosas. A juntar alimentos no perecederos, hablé con muchas empresas amigas y algunas respondieron y mandaron alimentos. Molinos Cañuelas, por ejemplo, mandó alimentos; Alfajores Jorgito, mandó alimentos… Hicimos la rifa de mi libro, de una camiseta, que es la réplica de la número cinco que usé en la Copa del Mundo del 78… Todo para ayudar a la gente, compramos pañales, leche en polvo, lo que haga falta… Donamos diez camas para el hospital de acá y hace poco, también con mi esposa y a través de la Filial, compramos diez colchones y los donamos. Y todo eso te mantiene ocupado, pero se hace largo el tema, esperemos que aparezca la bendita vacuna.

–Vos tenías una particularidad que no tenían los demás, es que todo el mundo decía que vos podías volar, lo que hacen los superhéroes. ¿Extrañás volar?

–No, extrañar no extraño, porque sé que no me da el físico, obvio, por los años. Pero sí, imaginariamente, cuando veo alguna atajada que hacía, es como que me traslado a esa acción y es como que mentalmente estoy volando, sí. Y cuando jugaba sí, me sentía en el aire cuando pegaba un salto y me encantaba. Esa es una virtud de los genes de mis padres que me dieron una potencia de piernas espectacular.

–¿Tenés una atajada de esas que cuando te juntás a comer un asado o charlás con tus hijos, la contás siempre? Alguna que decís “esta no me la olvido más”.

–Sí, la mayoría las vieron ellos por los videos. Andan muchos videos dando vueltas de mis atajadas y hay una que apareció ahora en unos videos, antes no aparecía, que es un partido Argentina contra Inglaterra, en Wembley, un cabezazo y yo estoy volando, estoy en el aire, la manoteo y la saco al córner. Es impresionante esa atajada, yo la vi por primera vez hace poco y ya ni me acordaba, y dije: “¿Quién es?”. Después sí, hubo muchas atajadas buenas, todos hablan de la de Johnny Rep, en la final de la Copa del Mundo del 78, en el arco que daba al Río de la Plata… Todos hablan del cabezazo de Verón [Juan Ramón] en la cancha de Vélez jugando una final con Estudiantes allá por el año 1975 o de la atajada que tuve en mi último partido jugando para Vélez en la cancha de River. Vos sabés que para mí fue mi mejor partido, tuve muchas de esas “Paturuzadas”, de esas atajadas fenomenales. Fue en Guido y Sarmiento, en la cancha vieja de Quilmes, en el año 1979. Jugamos contra el Quilmes que había sido campeón en el 78 y bueno, fuimos con River y nos pegaron un baile bárbaro, fue peloteo y peloteo todo el partido. Fue mi mejor partido y tuve muchas atajadas buenas, ¿no? Pero en ese compilado de atajadas que están pasando ahora, de ese partido no pasan ninguna.

–Vos fuiste un elegido y por eso sos considerado el mejor arquero de la historia, ¿qué es volar? ¿Qué es volar para vos?

–Bueno, para lo que lo utilicé yo era para evitar que me hicieran goles, esa es la premisa puntual. Y después, qué sé yo, sentirse en el aire es un placer. Y como para cerrar la pregunta, me hubiese gustado ser un pájaro si no hubiese sido humano, viste que siempre te dan opciones, bueno, yo si no hubiese sido humano me hubiese gustado ser un pájaro.

El Pato, una leyenda viviente // Crédito: @ubaldofillol

–Se habló durante mucho tiempo de entrenadores y vos tuviste una experiencia en Racing intensa, fuerte, ¿por qué no dirigiste más?

–No me gustaba, yo había hecho el curso de técnico, pero vislumbré muchos cambios dentro de lo que es el fútbol y no me gustaba. Dije: “Bueno, el carnet de técnico lo voy a guardar en la mesa de luz”. Era una cosa que yo quería hacer y listo. Estaba trabajando con Pekerman [José] en las juveniles y apareció Racing, por intermedio de Emilio Commisso, que era el mánager en ese momento, y no le pude decir que no. Pero estando en el club me di cuenta que había cambiado demasiado, mucho más de lo que yo me imaginaba. El vestuario, la costumbre, todo. Y bueno, me fui de Racing donde estuve un año y medio, tuve momentos buenos y malos, pero dije “no, no dirijo más”. Un día perdimos un partido, por ejemplo, llamaron a mi casa y amenazaron con matar a mi hijo si no renunciaba… Todo ese tipo de cosas no las quería para mí, por eso renuncié, me fui. Obviamente me vinieron a buscar de todos lados pero decidí que no, decidí trabajar haciendo docencia con los pibes, que es una cosa que a mí me gusta mucho. La docencia me apasiona y por eso lo sigo haciendo hasta ahora. Con los setenta años que tengo todavía sigo haciendo docencia en River porque realmente me gusta y mucho. Ojo, creo que hubiese trabajado mucho, porque me ofrecieron de muchos clubes y lugares, pero dije definitivamente que no. Igual fue una satisfacción que me haya ido a buscar Racing que es un club que yo amo, yo soy hincha de River, porque mi viejo a los cinco años me hizo hincha de River, pero yo a Racing lo amo. Entonces, fue una cosa muy linda, pero que no me gustó como experiencia final.

Es muy despiadado el mundo del entrenador, ¿no?

–Sí, perdés un partido y te amenazan de muerte a la familia, te dicen barbaridades, cualquier boludo te dice cualquier barbaridad… Y yo digo: “Le di tanto al fútbol y el fútbol me dio tanto a mí para que terminemos a las puteadas, a la falta de respeto…”. Entonces, dije basta.

–Me dijiste que tu genética de poder volar, esas piernas que tenías, venían de parte de tu familia, de los genes de tus padres. Y recién me decías que tu padre te hizo hincha de River… ¿los extrañás?

–Sí, los recuerdo y los extraño. A todos nos pasan por la cabeza los recuerdos de los viejos, pero siempre con una sonrisa, porque los disfruté a pesar de estar ocupado cien por ciento con el trabajo. Pensá que me fui desde muy chiquito y estuve viviendo solo y sufrí mucho esa soledad. Pero bueno, fue una cuestión laboral. Pero en los momentos que estuve con ellos los disfruté y los amé como ellos me amaron. Yo creo que la vida son etapas, esta etapa yo ya la disfruté mucho, ahora voy y les llevo una flor y los recuerdo bien, no me pongo a llorar. Los recuerdo bien porque tengo un gran recuerdo de mi infancia, siempre los homenajeo porque creo que son los genes de mis padres los que me hicieron casi un pájaro, ¿no?

–Te había escuchado en otra nota donde decías que sufriste bastante la soledad cuando eras pibe, de haberte ido muy chico para cumplir tu sueño, ¿te ocupás de ayudar a los chicos en eso?

–Sí, igual ahora cambió mucho, ahora hay asistente social, psicólogos, nutricionistas… Nosotros somos técnicos y un poco padres, los vemos reflejados en nuestras vidas, nuestras carreras y sí, aplicamos la docencia no solamente deportiva sino también de vida, cosa que antes no existía. Pero ahora se ha modernizado mucho, los chicos tienen muchas más posibilidades de poder aguantar todo esto, les dan todo. Les hago mucho hincapié en el estudio, porque yo les digo que si el día de mañana no tienen la suerte de triunfar en el fútbol, el mejor título va a ser terminar el secundario, el terciario, tener una posibilidad de trabajo, un proyecto de vida y les hablo mucho a los chicos de todas esas cosas.

–Cuando ves que hablan de las comparaciones entre Diego Maradona y Lionel Messi, ¿qué te pasa a vos como hombre del fútbol?

–Me parece… Claro, lo que pasa es que son dos tipos impresionantes, se vuelca el mundo a hablar de ellos, recorrieron el mundo con su talento. Entonces, es como algo inevitable que todo el mundo opine y compare y diga cosas. Son dos tipos inmensos y cada uno tiene su opinión, ¿no? Pero yo creo que… creo no, estoy convencido de que hay jugadores, técnicos, dirigentes y arqueros, dentro del rubro deportivo, que son incomparables. Cada uno tiene su talento, sus genes, su forma de ser, de vivir, de jugar. Gracias a Dios que los dos son argentinos (por Maradona y Messi). Yo digo que Amadeo Carrizo es incomparable, Hugo Gatti es incomparable, el Pato Fillol es incomparable. Somos tres que te nombré también, no recorrimos el mundo tanto como ellos, pero somos tipos que nos creamos en el potrero, Maradona, Messi, Carrizo, Gatti, Fillol… Llevamos al potrero a nivel mundial, son talentos de potrero y vuelvo a repetirte, es imposible que el mundo no hable de ellos.

–¿Qué partido elegirías volver a jugar de los que jugaste?

–A veces no me gusta responder esa pregunta porque es una utopía, te entusiasmás mentalmente y no podés concretar ese sueño. Lo que te puedo responder de esa pregunta es que volvería a jugar al fútbol y no haría otra cosa. Elegiría el fútbol como medio de vida, porque me dio muchas satisfacciones. Pero después un partido, qué sé yo, fui muy feliz jugando al fútbol, lo amé, me dio mucho y un partido para mí… ¿Un gran partido? Los veintiún años que lo hice profesionalmente, elegiría ese partido.

–¿Por qué se pone siempre la mirada de duda sobre lo que lograron en el Mundial de 1978?

–Mirá, me puse contento hace diez días porque la Televisión Pública pasó toda la Copa del Mundo del 78. Y yo digo, bueno las nuevas generaciones que se criaron con ese mensaje que alguien les dio, ahora pueden ver que no es así, pueden ver que había una cancha, dos arcos, un referí, una pelota y once de un lado y once de otro. Que todo se jugó ahí y aparte ver la fiesta final contra Holanda es tremendo. Esa pelota que pegó en el palo… Perdíamos la final… Y eso mata todas las barbaridades que han dicho algunos, mata todo porque si entraba, ¿qué hubiesen dicho? Algunos hablaron porque después ganamos, pero podría haber entrado esa pelota ¿y qué hubiesen inventado? Ahí te das cuenta que esa pelota en el palo pone al descubierto todas las barbaridades que dicen, que dijeron y que ahora dicen menos. Por suerte se va a aclarando el tema, ¿no? Lo único que nosotros tenemos que nos duele, a nosotros te digo la Selección del 78, que fuimos la primera selección campeona de la historia de nuestro país, es que los militares de turno la usaron para seguir secuestrando, torturando y matando gente. La usaron para eso, para encubrir eso. Pero para nosotros pasó todo por el campo de juego y esa Copa del Mundo, pero nada más.

Un beso hermoso y eterno // @ubaldofillol

–¿Qué hacías cuando ibas caminando hacia el arco?

–Hablaba conmigo mismo. Me sentía imbatible de golpe, pensaba “éste no me puede hacer ningún gol, tengo que evitarlo”. Vivía intensamente los noventa minutos, pero siempre tirando todo sobre mí. Si me hacían un gol me cuestionaba: “Podría haber hecho algo más”. O por ahí un amigo después me decía: “Te hicieron un golazo” Y mi respuesta era: “No me hables de golazo”. La palabra “golazo” en mi cabeza no existía, yo entendía que siempre podía haber hecho algo. Eso es lo que yo les inculco a los arqueros: eso de “golazo” no lo piensen nunca ni lo escuchen de ningún amigo, ni de una familiar. Es como justificar el gol y ellos tienen que sentirse imbatibles, yo lo sentía, no lo decía, pero yo me sentía imbatible. Era una forma de estimularme. También hay que volcar en la docencia, que “pelota de entrenamiento, es pelota de partido”. Porque hay muchos chicos que vienen al entrenamiento y dan un rebote, pero no, “pelota de entrenamiento tiene que ser pelota de partido”. Entonces, con esa responsabilidad, siempre hay que trabajar y vivir.

–¿Cuál es la diferencia entre el Pato Fillol y Ubaldo Fillol?

–Que el Pato Fillol se transformaba, una hora antes del partido ya no era Ubaldo Fillol, una hora antes del partido, ya en el vestuario, trataba de vendarme de la mejor manera, de vestirme de la mejor manera y estaba pensando en el rival. Era un tipo distinto, otra persona, ya era el Pato Fillol arquero y no había lugar para Ubaldo Fillol ciudadano.

–Y con el paso de los años, ¿cuál te gusta?

–Los dos, porque Ubaldo Fillol pudo formar una familia, ganarse un respeto. Creo ser un tipo honesto y frontal, que aproveché siempre las enseñanzas de mis viejos. Y bueno, el Pato Fillol también, creo que hizo una carrera maravillosa, que dio todo, absolutamente todo y no se guardó absolutamente nada y que hoy estoy cosechando todo ese tipo de esfuerzo.

–¿Qué es lo mejor de Ubaldo y qué es lo que no te gusta tanto de Ubaldo?

–Lo mejor de mí… No sé, es muy difícil para mí contestar esa pregunta. Yo creo que una de las cosas que me ha caracterizado ha sido que fui un tipo frontal. Y lo malo…muy calentón y cuando me calentaba perdía la cabeza, hacía alguna macana.

¿Qué sentís que te quitó el fútbol de alguna manera? ¿Qué no pudiste disfrutar por el fútbol?

–Estar más con la familia, yo no recuerdo haber llevado, yo solamente, a mis hijos al colegio, lo hice muy pocas veces con mi esposa… No recuerdo haber compartido muchas mesas con mis hijos porque al mediodía estaban en el colegio y a la noche se dormían temprano, entonces, compartir una mesa con ellos fue una deuda pendiente que tengo. No estuve mucho en el crecimiento de ellos, no compartí toda su niñez, cosa que sí puedo compartir hoy con mis nietos.

–¿Cómo sos como abuelo?

–Un poco lo que no pude hacer con mis hijos lo hago con mis nietos. Yo tampoco diría que me quitó el fútbol, porque yo no lo pude hacer porque le estaba dando todo ese tiempo a una cosa que yo amé y me dio buenos resultados. Pero sí me hubiese gustado que el fútbol me hubiese dado más tiempo para estar con mis hijos y con mi familia.

–Completá la frase: “Ubaldo Matildo Fillol es…”

–… un tipo que no en vano pasó por el fútbol y por la vida.