Paulo Maccari

Contra los estereotipos

Desde 1999 que trabaja por un cambio en la cultura del cuidado del cuerpo de los deportistas; profesor de Método Busquet, kinesiólogo, fisiatra e integrante del cuerpo médico del seleccionado argentino de básquetbol, fue una herramienta importante en las carreras de Manu Ginóbili, Pablo Prigioni y acompaña los procesos de Facundo Campazzo y Gabriel Deck, entre otros.

Por Javier Lanza y Andrés Román

Explica y es imposible no quedarse callado. Escucharlo se convierte en una obligación si de aprender se trata. Es simple y concreto. Pone a su interlocutor a pensar. Energía en su máxima expresión. Cordial, didáctico, sólido, lleno de argumentos. Rompe con los moldes y propone desarticular viejas fórmulas. Se sumerge en su mundo y no se detiene. Kinesiólogo y fisiatra, profesor internacional Método Busquet, fisioterapeuta del seleccionado argentino de básquetbol. Paulo Maccari se convirtió en uno de los hombres claves en la vida deportiva de muchos personajes importantes, como Emanuel Ginóbili, Pablo Prigioni o Facundo Campazzo. Ellos aceptaron su propuesta. Él les ofreció herramientas para potenciar su rendimiento deportivo y esa comunión se tradujo en el desembarco de Prigioni a la NBA con 35 años, se extendió la carrera de Manu hasta los 41 y le ofreció a Campazzo un cambio físico rotundo que explotó en Real Madrid y ahora luce en Denver Nuggets.

Paulo es hijo de una hermana de Raquel, la mamá de Manu Ginóbili. No fue eso lo que lo acercó al mundo de la Selección, sino la primera experiencia con Prigioni, el primero que aceptó sumergirse en el Método Busquet, que es una técnica de terapia manual que busca encontrar la fuente del problema para tratar el cuerpo. Pero Maccari, les propuso además hacer un plan integral para mejorar su salud deportiva, porque incorporó a la vida de estos atletas a Yolanda Santiuste, una bióloga española que los ayuda con los alimentos. Maccari llegó al Método Busquet de la mano de Gabriel Naranjo, una colega española, y desde entonces se perfeccionó a cada paso. Por sus manos han pasado cientos de deportistas de elite, algunos prefiere mantenerlos en reserva, pero en la actualidad trabaja con Campazzo, Nicolás Laprovittola, Gabriel Deck, Patricio Garino, Lucas Vildoza, Leandro Bolmaro… En la charla con Enganche, Maccari invita a conocer un estilo de trabajo que invita a repensar muchos estereotipos deportivos.

–Tu laburo se ha convertido en una tarea muy importante para los deportistas. Lograste que tomaran consciencia que no sólo se trata de meterla en un aro o en un arco, sino que hay que ser mucho más profesional…

–Se está logrando poco a poco. Creo que realmente, el otro día les estaba contando a los chicos que me escribió un nene que juega aquí en Estudiantes de Madrid, y tiene 15 años. Lo hace al Instagram y me dice cómo podíamos hacer, porque él quería que yo lo ayudara a prevenir lesiones y a mejorar su performance. Eso era inviable antes. Estamos hablando de un chico de 15 años. El año pasado me llamó Leandro Bolmaro, con 19 años, para trabajar conmigo con la intención de empezar a hacer los trabajos de prevención, de movilidad, de cambiar un poco el concepto de cómo se cuida en la alimentación y en los tres pilares que yo siempre nombro: lo físico, lo emocional y lo nutricional. Lo que hago es ir moldeándolos de acuerdo a lo que yo considero hoy que es lo más conveniente para ellos. 

–Es un tema convencer al entorno. Porque vos no solo convencés al jugador a que cambie de hábito, sino que tenés que integrar a su familia para que lo acompañe en el camino. 

–Yo al principio le marco algunas pautas, y ya después lo hablo con la persona, la bióloga encargada del área de alimentación (Santiuste) para que arme las pautas individuales porque todos son distintos. Para que eso funcione hay que influir mucho en el entorno. Porque si el entorno no ayuda se hace imposible. Estos chicos, más que papá y mamá, tienen mucho de las parejas. Porque están solos. En el caso de los que son más pequeñitos la idea es inculcarles una forma y que ellos puedan transmitirla al club, para que la institución respete lo que le hace bien al jugador, como generalmente lo hacen. El problema es cuando el jugador llega a casa y su pareja le empieza a decir: “Esto no me gusta o yo no como tal cosa”. Ahí se genera un conflicto. Por eso yo digo que el cincuenta por ciento del éxito del jugador se lo debe a la pareja. Porque acompañarlo en lo emocional, en lo físico, en lo nutricional es clave. 

Paulo Maccari y Facundo Campazzo

–¿Y cómo hacés para que las parejas lo entiendan? 

–El tema de las parejas de los deportistas que se van del país es que tienen un rol que muchas veces es complicado, porque no pueden desarrollarse como mujeres, como persona social, de trabajo. Porque hoy están en un lado, mañana en otro y pasado en otro más. Capaz quiere estudiar y no puede seguir la carrera, o consigue un trabajo y en tres meses cambian a su pareja de club y lo tiene que dejar. Si bien nadie les pone un revolver en la cabeza y les dice “tenés que seguir a esta persona”, el rol de la pareja es muy importante porque deja un montón de cosas de lado para acompañar a una persona que tiene atado su futuro a muchas cosas. Depende de estar constantemente positivo, de no estar tirando pálidas, de no mirar las cosas negativas del día a día, de que haya una buena alimentación, de que haya tiempo para descansar o para distraerse. Entonces, cuando la pareja entiende que realmente su papel es sumamente importante para el desarrollo de una estrella. Se ve en la posición de ser responsable de esa construcción. 

–Y Many Oroño, la mujer de Manu Ginóbili, fue una piedra basal en todo esto porque Manu fue el que te llevó a otro nivel. 

–Primero estuve con Pablo Prigioni. Después si me fui a San Antonio y le dije a Manu: “Hay que generar un cambio”. Y desde el minuto cero Many me dijo: “¿Qué hay que hacer? Vamos a comprar esto. ¿Qué necesitás?”. Además, empezó a estudiar yoga que ayudó mucho en las técnicas de relajación y de meditación. Se involucró en la carrera de su pareja. Eso para mí es clave porque si uno mira a distintos deportistas, cuando la pareja ayuda y está compenetrado con él, el deportista sube. En cambio, cuando hay choques cuesta mucho más. A veces no se nota por el talento innato que puede llegar a tener, pero nunca sabremos qué hubiese pasado con su nivel si el entorno hubiese sido muy positivo. 

–¿Cómo te diste cuenta que la pareja era la clave del éxito?

–Cuando empecé a entender cómo funciona el cuerpo. Que el sistema nervioso y que lo emocional es determinante para las lesiones, para mantener un sistema visceral que no esté inflamado de forma crónica, porque no solamente se inflama porque yo me alimento mal, meto azúcares o tomo Coca Cola, sino porque emocionalmente no estoy bien. O porque no puedo expresar mis emociones, o porque no saben decir no. ¿Cuántos deportistas hay que no saben decir que no? Y tienen una carga atrás que de repente empiezan a ganar dinero y tienen un entorno, una familia, que lo que hace es todo el tiempo pedir, y chuparlo. Y el no saber decir que no, hace que por dentro vaya el machaque constante, porque eso es una situación de estrés permanente en el sistema nervioso. Cuando uno comienza a entender cómo el estrés genera procesos inflamatorios, cómo el estrés altera las distintas cavidades, y cómo las cavidades alteran todo lo musculo/esquelético, ahí hacemos el trabajo de prevención, trabajo sobre las emociones, sobre la alimentación, etc. 

Manu Ginóbili junto con su primo Paulo Maccari, el responsable de extenderle su carrera hasta los 41 años

–Mucho hablamos del Método Busquet, pero ¿cuánto traías de base? Porque no es solo una teoría que estudio y la llevo a la práctica. 

–En principio hacerlo. Porque si uno no lo prueba con uno no puede hacerlo con los demás. Después tenés que tener la suerte de que un deportista confíe mucho en tu trabajo, porque capaz le decís: “Te tenés que pegar con un plástico en la cabeza y se lo va a pegar”. Cuando tenés esa ventaja le decís: “Mirá, fisiológicamente esto es lo correcto. Es lo que nos marca la fisiología, porque la fisiología es una, y es la misma teoría arcaica, obsoleta que ya pasaron de moda, pero que mucha gente sigue a rajatabla porque es su zona de confort”. Un profesional se siente vulnerable cuando lo sacás de lo que le enseñaron toda la vida. Si no salimos de esa zona de confort, no podemos empezar a comprender, que no es lo mismo que entender, cómo funciona el organismo. Yo lo empecé a comprender cuando hablé con Leopold Busquet, cuando hice el Método Busquet, que no tiene nada que ver el método con la alimentación. Con la prensa se creó una imagen de que el método tiene que ver con la alimentación, pero no es así. Lo que pasa es que yo hice un Master en psiconeuroinmunología, que tiene que ver con el tema de alimentación, para poder entender cómo funciona el organismo y la alimentación con respecto a la inflamación crónica. Para poder derivar después ahí. Si yo no sé lo que le pasa a la persona no puedo derivar. No me puedo quedar sólo en que contractura muscular es porque hiciste un mal movimiento, o que te duele la espalda porque te tiene que doler, o simplemente porque te caíste. Siempre nos quedábamos ahí y quizás tratábamos la espalda y en quince días tenía una contractura de aductor. Quizás eso derivaba en una pubalgia y no relacionábamos que todo era por lo mismo. Cuando yo no tengo conocimiento del funcionamiento del organismo no voy a buscar la verdadera causa, sino voy a estar tapando agujeros, como se hizo siempre con el deportista.

–En definitiva, sin ponerle rótulos, el tuyo es un método en particular. Es una fórmula que vos estás utilizando para que al deportista le vaya bien. 

–Es una manera de trabajar. Yo con mi formación de kinesiólogo, en la que tengo un montón de técnicas, más todos los estudios que he hecho, más cosas que leo, y mi manera de entender cómo son las cosas… Quizás en cinco años le agregue cosas que ahora no hago. Lo que hago ahora es trabajar sobre esos tres pilares: lo emocional es clave y es sistema nervioso simpático y parasimpático. Es toda la parte del Vago, que es como se llama el nervio. Es clave en el buen funcionamiento, pero no se usa mucho. La fisioterapia está concebida para tratar un síntoma o un signo. “Me duele algo”. Pum. Te pongo calor, o frío. Y en Argentina está mucho más avanzada que en Europa. 

–¿Y cómo hiciste con los deportistas? ¿Cómo los convenciste, por ejemplo, de no usar más hielo?

–Cuando jugaba, Manu, sabiendo de por sí que es un hombre muy crítico, eran consultas que me hacía permanentes: “¿Y por qué me hacés esto si antes no me lo hacías? o ¿Por qué cambiaste?” Siempre por qué. Y yo le decía: “¿Por qué antes penetrabas y ahora no penetrás?. (Risas) Porque estás viejo y tenés miedo de cascotearte”. Uno va evolucionando. Yo tengo más de veinte años de profesión y vas encontrando en qué punto le va mejor a cada organismo. Cada deportista es un mundo por su cabeza, por su cuerpo. Creo que no hay que convencerlos. Yo con Luca (Vildoza) trabajaba en la Selección y punto (NdeR: la entrevista fue hecha mientras Maccari se encontraba en Vitoria, ciudad en la que juega Vildoza). Esperé a que él me llamara para trabajar personalizado con él. Y así como se lo dije a Facundo (Campazzo) se lo dije a Luca: “Yo no voy a ir hasta allí para que no cumplas”. Lo mismo le dije a Leandro (Bolmaro) porque yo no quiero perder tiempo y para aceptar mi método tenés que estar convencido de que querés un cambio. Lo bueno que tienen estos es que han visto que haciendo esos cambios la cosa va mejor. Entonces, lo complicado fue al principio.

No se detiene, explica, emana pasión: “Lo bueno fue que Pablo (Prigioni) tiene mucha confianza en mí y enseguida el deportista nota el cambio. Y después hacer una modificación en la mentalidad, no sólo del deportista, sino cuando estás adentro de un equipo, como en la Selección argentina. Eso es complicado porque la gente, tanto algunos jugadores, como el cuerpo técnico completo tienen otra idea, que es la tradicional. Uno llega y dice: “Hay que modificar esto, pero no porque lo diga yo, sino porque fulano de tal ya lo hace”. Era Pablo, era Manu, era Luis (Scola), era Chapu (Nocioni) y al final ya eran varios que hacían una modalidad que era distinta a la que hacía la Selección. Entonces, ahí había un choque porque era cambiar un paradigma. Le tocó a Julio (Lamas) esa etapa. Hubo choques, pero Julio lo fue aceptando porque vio los resultados, y después vino Sergio (Hernández) que tiene una concepción diferente, porque vos a Sergio le ponés una remolacha adelante y Sergio no te va a decir nada. No la come. Y por ahí te cruza caminando y te pregunta: “¿Che, la remolacha esa para que sirve?”. Le explicás y lo entiende. Después al final, la mayoría de los entrenadores no son así. El entrenador se quiere meter en el campo de la medicina, en el campo de la rehabilitación, en el campo de la preparación física, y lógicamente en el campo que le compete, que es el suyo. Por un lado uno lo entiende porque el primero que tambalea, cuando las cosas van mal, es él. El tema es que el entrenador tiene que rodearse con gente competente, porque si el mundo evoluciona, ellos deben evolucionar a la par del resto, no pueden quedarse anclados en hay que entrenar dos veces, hay que comer la pasta o hay que desayunar dos veces. Hay entrenadores que dicen: “El jugador tiene que desayunar” y el jugador le responde: “Yo si desayuno estoy peor”. ¿Cuál es la respuesta muchas veces del entrenador? “Imposible que estés peor”. La inercia y la fuerza de las costumbres es muy grande. Por eso es mucho más difícil por el rol del entrenador, que por cómo se siente el jugador en sí”.

El seleccionado subcampeón del mundo en China 2019

–Siento que más allá del método sos un convencedor, que tu vida se trata de convencer a las parejas, a los entrenadores, a los propios jugadores. ¿Cuándo empezaste a convencerte vos? 

–Cuando comencé a entender. Cuando dejé lo tradicional que me habían enseñado en la facultad y empecé a probarlo conmigo. Y empecé a ver que estaba mejor, y después se sumó otro compañero que me decía que se sentía mejor. A partir de ahí quise probarlo con un deportista. También es clave rodearte de gente competente, yo con Yolanda (es la biologa que le lleva la nutrición) me saco todas las dudas con relación a la comida porque es una persona súper estudiosa. Después, con el deportista no es convencerlo sino que fue él el que me llamó para hacer un cambio. O porque nota que le faltan cosas, porque hay lesiones o porque vio a cuatro o cinco jugadores de una generación a los que les fue bien y quiere probar. El que te llama ya no lo tenés que convencer. Pero si hay que hacerle entender cómo funciona el cuerpo. Cuando al deportista le ponés algo sin explicarle el porqué, al principio lo va a hacer pero después pasa que dejan de hacerlo porque no lo entienden. Sin embargo, cuando entienden los por qué no ponemos hielo, por qué no estiramos en determinado momento, o por qué hacemos trabajos de movilidad, después lo hacen solo. 

–Tenés que adaptar tu laburo a la vida que lleven los jugadores. Ejemplo, Facu Campazzo deja Madrid y se fue a Denver. ¿Se cambia?
–Se hacen cosas diferentes. Por más que la línea es la misma, se cambia de acuerdo al biotipo, al entorno del jugador, al lugar en el que esté. Facundo tiene un biotipo, tiene una tendencia y yo conozco su parte emocional. Entonces, no es lo mismo el emocional de un Campazzo que el emocional de un Tortu (Deck) o de un Luca (Vildoza). El emocional de Manu no era el mismo que el del Chapu, entonces te vas adaptando. Cuando te contratan parece que les estás haciendo hacer lo mismo a todos, pero uno hace un trabajo de fondo para mantener, pero después hay cositas que sólo las sé yo porque los evaluo cuando hablo con ellos. Ellos creen que cuando hablamos lo hacemos porque es lógico, pero dentro de esa sesión yo trato de entender muchas cosas, como por ejemplo por qué un cuerpo está en tensión o por qué un hombro está más abajo que el otro. Y eso tiene que ver con cosas que le han pasado al jugador, que al final no deja de ser un ser humano. 

–¿Cómo hacés para entender el código emocional de cada jugador?

–El cuerpo te habla. No por la boca, porque hay personas que no te quieren contar nada. Sin embargo, la cáscara del cuerpo habla. Te manifiesta que esconde cosas, que oculta, que no puede expresar. Con la experiencia, uno comienza a hablar para destrabar cosas, a desbloquear otras, y cuando uno lo empieza a hacer el cuerpo empieza a sacar pequeñas cositas de adentro, yo ya sé a qué profesional recomendarlo. A mí me gusta mucho la bioneuroemoción o la biodecodificación. Yo lo uso con los chicos y los derivo con un profesional competente en eso. Lo hacen y me dicen que les gusta mucho porque les saca cosas que ni ellos sabían que les estaban haciendo mal, y que gracias a eso están mucho mejor. Yo no soy psicólogo, ni pretendo serlo, pero te das cuenta cuando leés el cuerpo que el paciente tiene cosas ahí metidas y que tiene que sacarlas para que la cáscara deje de estar en tensión protegiendo ese algo que está adentro. 

Gabriel Deck, Maccari y Campazzo, en Madrid

–¿Se estudia también el contexto? Porque Manu jugaba en una zona muy particular, cuando fueron al Mundial de China dijiste que tenías que estudiar qué tenían a disposición para seguir con el método y ahora Facu va a un lugar con altura y más frío de la que estaba… 

–En cuanto a lo físico no, en cuanto a la alimentación es tema de Yolanda, pero seguramente que cambie. Hay retoques cuando es invierno, cuando es verano. Eso en el deporte masculino. En el deporte femenino hay más retoques todavía porque por el sistema hormonal cada cambio de estación la mujer lo sufre mucho más que el hombre. 

–Ya que tocás el tema de las mujeres deportistas, ¿Es más complejo el trabajo con ellas o las emociones son más fáciles de palpar?

–Es más difícil con la mujer. Por eso la mujer tiene más lesiones que el hombre. Es mucho más difícil porque primero todos los meses, por la regla, tiene una congestión en una de las cavidades, que tiene una influencia directa sobre las piernas, que es la cavidad pelviana. El útero se llena de sangre y genera tensiones a nivel de las piernas. Luego, si encima, la alimentación no es buena, eso influye en la parte hormonal y la parte uroginecológica. La mujer es mucho más complicada, y con complicada me refiero a que hay que estar mucho más pendiente observandolas, porque cuando les viene la regla, por ejemplo, la estática cambia, entonces hay que trabajar sobre los músculos que están tensos defendiendo esa posición que tiene que adoptar la pelvis. De hecho, las estadísticas te marcan que las lesiones en rodilla son un 70 por ciento más en la mujer que en el hombre. Pasa que el deporte femenino no está tan masificado como el masculino, pero si estuviese igual sería terrible la cantidad de lesiones en los miembros inferiores entre las mujeres. 

–Sé que no te gusta tanto, pero me gustaría saber tu posición cuando te señalan como un gurú de los deportistas. ¿Qué te pasa con eso?

–No sabía que me decían gurú. Después no soy gurú, ni nada. No escondo nada. Cuando voy a Argentina coacheo gente, si los fisios quieren ver cómo trabajo lo pueden hacer. Lo que hago es intentar acompañar la evolución de una persona que tiene un don que es jugar a un deporte, pero que por tradición lo hemos maltratado. Entonces, es tratar de amoldarlo en esos tres pilares y acompañarlo en su proceso. Algunos llegan, otros no, pero que nadie deje su carrera porque lo retiraron las lesiones. Ese tiene que ser el objetivo de todo fisioterapeuta que se dedica al deporte. Pero nada de gurú. 

-Viste que algunos ponen que le solucionás las cosas al deportista con determinadas técnicas…

-Yo les digo siempre a los chicos que no les voy a salucionar nada, que el cuerpo se va recuperando solo. La salud es parte de uno. Yo te voy a encarrilar y decirte es “por acá”, pero si no lo hacés yo no puedo hacer nada. 

–¿Cuáles son los errores más comunes que venimos heredando?

–Los errores más comunes son no darle importancia a lo emocional, dejar que la cosa fluya y no hacer nada. Ocultar, comerse los problemas y no tratar de solucionar o entender el por qué vienen esos problemas. Luego viene la alimentación, porque hay toda una cultura la alimentación que muchos pregonan de que hay que respetar lo que dice el Comité Olímpico Internacional o las Naciones Unidas. Y el COI te mete un McDonald’s en el medio de la Villa Olímpica, en el comedor. Y nos ponen Coca Cola y otras gaseosas. Entonces, ¿Qué vamos a respetar? ¿El negocio? Yo el negocio no lo respeto. Que lo hagan otros. Sé que esta manera de vivir es mucho más cara porque todo lo que es dedicarse a uno es invertir. Recién hablábamos con Luca sobre lo que dice Luis acerca del cuidado. Luis dice: “Tenés que dedicar un porcentaje de tu sueldo a tu cuerpo”. El deportista no invierte. Para el deportista pagarse un fisio, pagarse un psicólogo, un nutricionista, las vitaminas, los suplementos, la comida biológica, es un gasto. No es un gasto, porque eso representa el uno por ciento de tu sueldo y ese uno por ciento hace que tu sueldo pase de dos millones a diez millones.Deben tomarlo como una inversión y no como un gasto. Cuando lo entienden se dan cuenta que es una inversión y no un gasto lo hacen. ¿Es un gasto el alquiler de un piso para dormir? No. Es una necesidad. Que inviertan en su cuerpo también es una necesidad. 

–Hasta recién hablamos de solo deportistas argentinos, pero sé que has trabajado con deportistas de otras nacionalidades. ¿Qué cambia?

–Normalmente cuando vos estás en un club, el que manda, generalmente aunque no esté bien, es el deportista. Manda por sobre todo. Entonces, lo que tenés que intentar es hacerle entender, pero muchas veces se creen megaestrellas. Cuando digo se creen megaestrella es porque son estrellas, pero se creen más de lo que son. El tipo que choca, que no quiere cambios y no te hace caso, no te da otra opción que retirarte. Cuando ellos vienen a tu consulta el que manda es uno porque estás viniendo a mi casa. Y si estás viniendo a mi casa es porque querés un cambio y estás dispuesto a aceptar muchas cosas. Uno tiene que saber de dónde vienen. La vez pasada un representante español me trae un chico israelí y tiene una cultura completamente distinta. Con la alimentación solo tiene la opción kosher. Mide como 2,20m. Cambian muchas cosas. Otro tema es el tocarlos. En Estados Unidos, sobre todo la raza negra, los vas a tocar o les decís que se queden solo en calzoncillos y tienen una actitud de defensa, porque no están acostumbrados a eso. En Estados Unidos muchas veces se trata con ropa a la gente. Imaginate en mi trabajo, que tengo que tocar, que tengo que hacer cosas con las manos, tocar la pelvis, la parte lateral de las piernas. El latino lo tiene muy incorporado, pero el anglosajón te mira raro porque siempre lo trataron con ropa. Por eso la quiropraxia tiene ese boom allá. Te tratan cinco minutos, con ropa, te hacen “así y “asá” y listo. A los quince días vuelven, los manipulan un rato más y se van. Pero es una cultura y uno tiene que adaptarse. Te ayudan los propios jugadores, porque un jugador viene por la prensa o porque te recomendó un compañero al que le está yendo bien. Esos vienen ya abiertos a lo que uno les va a hacer. El fútbol, por ejemplo, es mucho más cerrado que el baloncesto. Ahora tengo un jugador de fútbol de Argentina, con el cual trabajo a distancia, pero es imposible. Primero porque no tengo tiempo físico, y segundo porque a distancia no se puede. Pero le di cuatro o cinco pautas y el otro día me escribió que se encontraba mejor que nunca. Yo sabía que iba a estar mejor, porque es como si a un motor diesel al que le tenés que poner gasoil le terminás cargando nafta. Es fácil el cambio. 

Patricio Garino en plena acción en Maccari Sports, el centro del fisiatra argentino

–¿Tenés muchos deportistas?

–No. Por lo del tiempo, y porque el deportista después solo quiere que lo atienda yo y me debería cortar en pedazos para estar con todos. A mí me enriquece ver una vieja, un viejo, un niño, un tipo con flebitis, porque eso enriquece a la medicina. Si ves siempre a un deportista vas a estar rondando entre tres y cuatro lesiones, y además te estás embruteciendo. 

–¿Qué te enseñaron los deportistas a vos?
–Me enseñaron a que no tengo que hablar del deporte, y eso es imporatnte. A veces yo lo veo cuando entra un fisio nuevo o un médico que se pone a decir “tiró mal o defendió peor”. Nada. Hay que callarse la boca porque uno no entiende como entienden ellos. Pero ahí está lo nuestro: “No te metas en mi campo tampoco. Confiá en mí porque yo quiero que juegues hasta los 42 si querés, yo estoy de tu lado”. 

–Es una sociedad…

–Claro. Eso es una enseñanza grande. El tema del vestuario es una comunión. Las cosas no pueden salir. Yo sé hasta dónde contar o qué anécdotas contar. Muchas veces me llama alguien para hablar de alguno y yo pregunto. Me llamaron de DAZN para hablar de Campazzo y le mandé un mensaje a Facundo contándole sobre el llamado y de qué querían hablar. Le pregunté si quería que hable y después de que me dio el ok lo hice. Con Manu cuando me llamaron para lo mismo él me dijo “Vos sabés lo que podés contar y lo que no”. Entonces, libertad total. Y ahí entra el código ético del médico, del terapeuta. Yo no te voy a decir qué hago con un jugador porque eso es secreto profesional. Pero hay anécdotas que son interesantes y se pueden contar. Todo eso lo vas aprendiendo ahí en el día a día con el deportista. 

–¿Cuándo creés que los Maccari sean la regla y no la excepción en el deporte del alto rendimiento? 

–Tampoco me llaman tanto. No me llama Cristiano Ronaldo. Yo creo que este es el camino, que debería seguir agregando cositas que estoy viendo y demás. El otro día me preguntaron por qué no estaba en un club grande en España. Y mi respuesta fue “yo no estaría en un club. Salvo que venga un club importante y me diga que quieren que esté coordinando el área de rehabilitación porque quiero que mis jugadores se lesionen lo menos posible y buscar las alternativas posibles para que tengas equipo de fisios que se puedan formar y que tengan una visión amplia para dejar de tapar agujeros en el deportista”. Porque hoy se lo infiltra por un dolor en el hombro, después otra infiltración y después ya viene la cirugía de hombro, lo que lo hace perder dos o tres meses de competencia, sumado a lo que se perdió no jugando al cien por cien. Si a mí alguien viene y me propone eso lo pienso, porque es un proyecto a futuro. 

–Errores básicos sobre la alimentación que ya vienen arrastrando los deportistas de elite. 

–El desayuno cuando se entrena a la mañana. La pasta, todo lo que son harinas. Yo me acuerdo cuando estábamos en Boca el menú que se mandaba al hotel era el desayuno con medialunas, tostadas, yogurt, o sea lácteos, cereales; después la comida era una entrada (tortilla de papas o tarta o una porción de pizza); el plato principal (pasta con pollo); el postre que podía ser una cassata; la merienda que era lo mismo que el desayuno y se jugaba a las 21 horas. ¿Cómo podías jugar después de todo eso? El otro día fui a un asado con Facundo, el Tortu y Lappro, llevé al chico este de 15 años que me escribió y heredó la pelota de Facu y el Tortu le regaló unas zapatillas. Y les contaba cómo era la alimentación en ese Boca 2006 y Facundo me dijo: “Yo llego a comer eso y no me puedo mover”. Si vos mirás las caras de ellos antes te das cuenta que tenían papada. Entonces hay cambios que los transforman mucho. 

–Lo que vos proponés es un cambio más importante. 

–Es que yo no quiero trabajar con el eslabón que te da dinero, sino con el primer escalón de la cadena. Hay que trabajar con los de 15, 16, 17 años, porque cuando llegan a los 19 como Leandro (Bolmaro) ya son profesionales. Entonces, la carrera se hace muy larga y desgastante. Por eso digo que con ellos hay que arrancar y no a los 30 cuando le ven las orejas al lobo y quieren cambiarlos. Si uno empieza a trabajar y hace una base sólida, ahí al jugador se lo puede moldear porque en esa etapa el jugador es plástico mentalmente y demás, arriba te va a llegar algo muy bueno. Yo formo gente que termina trabajando en clubes importantes. Pero el problema es que cuando vienen a hacer otro curso y les pregunto cómo les está yendo me contestan “es muy difícil hacer lo que me decís porque el entrenador viste como es, los dirigentes, o el preparador físico. Pero estoy en tal club y yo no puedo revelarme”. Contra eso es muy difícil. Si vos priorizás el escudo por sobre tus convicciones estamos complicados. Porque no es que vos estás haciendo algo que creés que es para mejor, ¡vos ya ves los resultados! Nos llevó mucho tiempo, desde el 2009, peleándola, sumando granito a granito. El otro día me escribió un nene de 15 años que está jugando en España y les escribí a Manu y a Luis y les dije “este es su verdadero legado”. Los dos me pusieron lo mismo: “Que lindo che”. ¿Quién va a pensar a los 15 años en mejorar su cuerpo, en comprarse una pelota, o que te pregunte cuánto vale la sesión porque no sabe si la va a poder pagar?