Pedro Troglio

El primer trabajador

Detrás del personaje bonachón, el ex entrenador de Gimnasia se juega la ropa al hablar de política y enmarca su voz de un sólo lado de la grieta. De su relación con la madre de Cristina Fernández de Kirchner a su áspera crítica a Mauricio Macri, Troglio juega y mete como cuando era futbolista.

Pedro Troglio supo que estaba en deuda desde el día en el que vio a su papá comer un pan con manteca mientras él engullía un bife que le daría energías para entrenar de cara a su sueño de Primera División. Había uno solo y era para él. Un tiempo después de eso, el pibe de rulos de Luján, que se mudó a Castelar por una inundación, se sentó frente a su padre y le dijo: “Viejo, desde ahora no trabajás más. Me tenés que acompañar a Europa”. Antonio, el patriarca, había comprado una casa con el Plan Evita y adeudaba algunas cuotas. En 1988, el hijo futbolista de la familia pagó todo junto lo que restaba e invirtió en arreglar el galponcito del fondo del hogar. Fue ahí que papá, colectivero y armador de muebles de cocina, abdicó el pesado trono y dejó de levantarse a las 4 de la mañana cada día. Pedro empezaba a saldar la cuenta de su vida.

Desde su día más feliz hasta hoy, Pedro Troglio jugó en Italia, disputó una final de un Mundial, volvió, se hizo ídolo en Gimnasia, se retiró en Villa Dálmine, retornó al Lobo, se fue, volvió y se fue. Sin embargo, mientras desanda una tarde de mate amargo y charla fructífera, sigue brillando como aquel jovencito de rulos prominentes que vivía al calor de sus sueños. Es así que no puede hablar de sus hijas sin ponerse a llorar de la emoción, pero empuña una lanza picante al conversar de política. Y lo hace sin tibiezas. Es así que detesta el modernismo futbolero, pero tiene un drone porque “hay que ponerse al día”. Es así que hizo un asado para 160 personas, pero armaría su mesa ideal con apenas cuatro: dos presidentes y dos jugadores de fútbol. De principio a fin, Troglio es genuino, incluso cuando aquello puede traerle problemas a la hora de las repercusiones.

–¿Qué ves en un pibe para saber si es buen jugador?

Hasta los 15 años te podés equivocar, porque todavía se juega más livianito. Después de los 15 años hay otra fricción. Hay otra necesidad. Ahora, con la personalidad te das cuenta si va a llegar. Hay enormes jugadores que han quedado en el camino por no tener personalidad.

–¿Qué preferís: uno que no es tan bueno y que se banca la presión o un crack al que le cuesta soportarla?

Uno que se la banca. Yo he visto grandes jugadores que quedaron en el camino por falta de personalidad y de conducta, mientras que jugadores más limitados llegaron por el compromiso de estar y de entrenarse y de bancarse lo que venga. Vos fijate que durante cinco o seis años vos jugás sin saber lo que te vas a encontrar, porque estás jugando sin gente. Y un día te agarran y te dicen que vas a debutar. Y hay 80.000 personas. Y mirás. Eso nunca lo palpé. En ese golpe te das cuenta quién está para jugar en Primera y quién no.

–Da la impresión que no te casás con lo que algunos definen como el modernismo futbolero. ¿Te gusta la Champions League?

No, no me vuelve loco porque esa es una realidad totalmente abstracta a lo que viven los otros clubes de las mismas ligas. Acá, todos creemos que el fútbol europeo es el Barcelona, el Manchester City, el Liverpool o la Juve. Y después la realidad del resto de los equipos es totalmente distinta. Acá también, eh. Vos ves la Libertadores y decís River, Boca, los brasileros… Es linda. Pero allá gastan 1.000 millones de dólares. Mirá, yo una vez me pagué un viaje para ver al Barcelona, al Manchester City y al Real Madrid. Y resulta que un día estaba viendo al Manchester City y me dije a mí mismo: ¡¿Qué hago acá?! Si yo vuelvo y tengo otra realidad, con los campos hechos pedazos, no tengo esa vida, es todo irreal. Todos piden que juguemos como ellos, pero es imposible. Si hasta gastando 1.000 millones de dólares pierden la Champions. Imaginate. Ojo, juegan Barcelona y Manchester City y lo mirás. ¿Cómo no lo vas a mirar? Pero juegan contra el Porto y no lo mirás, porque ya sabés que le van a ganar. No tiene encanto. Acá, en Sudamérica, el fútbol es más parejo.

–¿Te cansan los entrenadores con chupines que hablan de Pep Guardiola?

A mí Guardiola me encanta. Me encantaría ser Guardiola con el chupín en el costado del banco del Manchester City y jugando desde adentro del área, porque no la pierden y porque gastaron 1.000 millones de euros en un equipo. Me encantaría. Cada uno con lo suyo. Lo que sí jamás cambiaría es el idioma. Yo crecí en un fútbol en el que eludíamos o gambeteábamos. Hoy eso es un “regate”. O el entrenamiento es “entreno”. Yo digo pelota, no “balón”. Pero es complicado, porque al que te contrata le gusta todo eso, las computadoras y todo. Yo compré un drone y veinte GPS, porque tenés que tenerlo para no pasar de moda. Lo tenés que tener. Pero eso no es saber de fútbol. O si no mis maestros, que venían con una libretita y te hablaban cara a cara, no sabían nada de fútbol.

–Si tácticamente todo se empareja y se copian los modelos, va a haber un momento en el que va a volver a prevalecer el que compromete al jugador desde lo motivacional…

Es que todo es relativo. Hoy se trabaja mucho con la pelota, porque los profes tienen miedo de que el jugador se desmotive por la tendencia actual. ¿Y sabés qué pasa cuando perdés varios partidos? El jugador te dice que perdimos porque no estamos haciendo las pasadas largas. Y que no hacemos velocidad. Y si ganás: “Uh, qué fenómeno, todo con pelota”. Yo era así de jugador. Cuando nos mataban y ganábamos, decía: “Uh, volamos”. Y cuando perdíamos me quejaba de la carga.

–¿Qué cosa odiabas de los técnicos y hoy la ejercés?

El técnico es como cuando en tu casa te decían que apagues la luz y te fastidiabas. Y hoy sos padre y pedís vos que apaguen la luz. En el fútbol es igual. Yo soy todo lo que odiaba en un entrenador. Lamentablemente, tenés que amoldarte a ellos, porque son los que te defienden adentro de la cancha.

–¿Cambió la juventud o ustedes se pusieron viejos?

Cambió todo. Yo tenía un televisor de cuatro canales que no lo podías cambiar descalzo porque te quedabas pegado. Nosotros jugábamos con amigos a las figuritas, a las bolitas, a cualquier cosa. Hoy los pibes están solos. Yo como entrenador trato de acomodarme. Tengo hijos chicos. No es un problema del jugador, es de las personas. Nosotros, por ejemplo, no hacíamos previa. No llegábamos borrachos al boliche. Y mirábamos fútbol. Hoy tengo jugadores que no saben quién juega en el otro equipo. Y en Primera División. Me enoja, eh. Pero sé que es así. Hoy los pibes están con el telefonito, pero los llamás y no te atienden. Increíble.

El pasado 19 de abril, un golpe sacudió la calma de la vida de Pedro Troglio. Ofelia Wilhelm, la madre de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, falleció a los 89 años. Luego del duelo, el entrenador referenciado en Gimnasia La Plata, club del que era fanática Ofelia, abre la puerta de una historia que lo cruza como tripero adoptivo y peronista desde la cuna.

–Te gusta mucho la política y tuviste mucha relación con la madre de Cristina Fernández de Kirchner, Ofelia Wilhelm…

Sí. Tuve la suerte ahora de acompañarla todo este tiempo que ella estaba enferma. La iba a visitar al Hospital Italiano y siento que le cumplí en todo, porque ella me acompañaba a mí en las concentraciones. Fue una tipa muy agradable para estar. Me acuerdo que una vez erró dos penales el Chino Vizcarra y entró puteándolo. “¿Dónde está, Vizcarra? ¿Cómo pateás vos los penales?”, decía. Conmigo se portó siempre bien. Por eso acompañé a la familia al cementerio. La quería mucho.

–¿Con Cristina Fernández de Kirchner tenés relación?

Tuve una vez la posibilidad de hablar. Me pasaron el teléfono y pensé que era Ofelia, pero era Cristina. La escuché y dije: “¡A la mierda!”. Yo no sé qué piensan ustedes, pero para mí es un personaje muy fuerte. Me impactó. Es una persona a la que la escucho y a la que le creo todo. Me pasó con poca gente. Con ella y con Diego, que cuando los conocí fue fuerte. Lógicamente que con ella no tiene el día a día que tenía con su hermana que era la que más estaba con Ofelia. Porque yo iba a tomar mate a la casa de Ofelia y estaba la hermana.

–En la semana se generó mucho revuelo por unas imágenes de Ariel Holan con el libro de Cristina. ¿Lo pensás leer?

Lo voy a leer, claramente. Lo voy a comprar, pero está agotado. Después, cuando los personajes públicos manifestamos algo generamos amor y odio. El que te quiere, te quiere. Y el que es contrario, te defenestra. Yo no tengo problema en decirlo: la voté y la volvería a votar. La política es el ambiente de la duda y yo no tengo dudas de que todos han hecho cagadas. Todos. Los de ahora y los de antes. Pero al menos yo vivía bárbaro, vivía cómodo, vivía bien. Y mis amigos que no tienen mucho, de clase media baja, vivían bien. Entonces, eso se nota.

–¿A Mauricio Macri cómo lo ves?

Creo que había arrancado con una situación tranquila, porque en ese momento todo el mundo pensaba que había que cambiar algo, pero yo creo que después se le fue todo de las manos. Hoy estamos totalmente a la deriva y se necesita algo, no sé qué, porque yo no sé. Pero la gente está mal. Yo no lo voté y me hubiera gustado que le fuera bien, porque todos queremos vivir bien y que la gente viva bien. Y lo que creo es que hay que elegir volver a vivir bien.

–¿Por qué los futbolistas tienen miedo de hablar de política?

Es que pasa esto que te digo. Cuando vos sos querido en un lugar, sos querido por todos. Pero en un país en el que hay una grieta tan grande, quedás marcado. Holan dijo: “La mejor”. Chau, lo liquidaron. Y quedó marcado para los que la odian. Y si decís “qué grande Macri”, quedás marcado para el resto de los que lo odian a Macri. ¡Cómo va a estar mal decirlo! Es un entrenador de fútbol que adora a Cristina. Y habrá un jugador de fútbol que ama a Macri. Y otro a Perón. O a Alfonsín. Yo vengo de una familia peronista de toda la vida. Y yo vivía bien. Ojo, yo no me puedo quejar. Soy de los pocos que puede seguir viviendo bien, pero me doy cuenta que todos los que me rodean no están bien.

–Para cerrar, se dice que sos bueno en la parrilla: ¿A qué cuatro figuras históricas de cualquier índole invitarías a un asado?

Maradona, Messi, Perón y Cristina, claro.