Pelé

Los goles para ser campeón y los que construyeron el mito

Pelé marcó en dos finales mundialistas y en definiciones de las copas Libertadores e Intercontinental, pero también convirtió cientos de goles de cotillón.

Los números se presentan apabullantes. A Pelé, indiscutido entre los mejores futbolistas de la historia, lo acompaña una estadística que estremece. Tres títulos en cuatro participaciones en la Copa del Mundo. Pentacampeón del Brasileirao en la primera mitad de los 60 y doce vueltas olímpicas en el torneo estadual de San Pablo. Máximo anotador en la historia de la selección brasileña y del Santos. Pero es ahí, en los goles, cuando las certezas se pierden en un laberinto. Edson Arantes do Nascimento siempre se ufanó de una cifra sideral: 1283 goles en 1366 partidos. ¿Realidad, exageración o fábula?

El 7 de septiembre de 1956, a los 15 años, debutó en la goleada de Santos 7-1 ante Corinthians de Santo André y convirtió su primer gol, el que iniciaría un conteo que terminó por incluir todo lo que fuese posible. Tantos a un seleccionado congolés de tercer orden, al equipo de las estrellas del soccer estadounidense y a un combinado del oeste de Japón, entre otros cientos, sirvieron para abultar una cifra… maleable.

El estreno en la selección brasileña llegó apenas diez meses después de haber asomado en la competición paulista y también acreditó credenciales moviendo la red: empate transitorio para lo que luego sería derrota 2-1 ante Argentina por la Copa Roca. A ese encuentro en el estadio Maracaná (que tendría revancha tres días después en el Pacaembú, con otro gol suyo), Pelé arribaba con un registro de 24 goles en 34 partidos en su incipiente trayectoria. Sin embargo, seis de esos tantos los había hecho en un combinado de Santos y Vasco Da Gama en amistosos con Belenenses (Portugal), Dínamo Zagreb, Flamengo y San Pablo. La cuenta empezaba con sus particularidades.

Además del conjunto fusión entre un equipo paulista y otro carioca, también hubo goles en la selección de San Pablo, en un equipo de guardacostas, representando al sindicato de atletas paulistas (siempre en choques ante su similar de Río de Janeiro) y para la Armada de Brasil. En este último caso no se trataba de formaciones integradas por hombres del ámbito castrense, sino por futbolistas –jóvenes en su mayoría– que podían rivalizar con el elenco naval o disputar el Sudamericano Militar de Fútbol. En ese torneo de 1959 se enfrentaron argentinos y brasileños; Pelé no festejó ningún gol y se fue expulsado por agredir a Miguel Ángel Basílico, mientras que el tanto para el equipo nacional que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Roma en la derrota 2-1 lo consiguió Carlos Salvador Bilardo.      

Con la camiseta amarilla del seleccionado o la blanca del club de casi toda su vida, siempre con el 10 en la espalada, Pelé hizo goles en finales de Mundiales, Copa Libertadores y Copa Intercontinental. Pero también hay más de cien gritos con New York Cosmos en el torneo que organizaba la extinta North American Soccer League y amistosos ante equipos como el combinado de estrellas de Estocolmo, Victory Sportif Club de Haití, Santos de Jamaica y Mohun Bagan de India.

En Estados Unidos en los 70, cuando ni siquiera se jugaba con botines.

A los 17 años Pelé ya había asombrado al planeta: en el Mundial de 1958 hizo tres goles en semifinales, ante Francia, y dos en la final, frente a Suecia. Con el mayor talento futbolístico del planeta, Santos supo capitalizar esa presencia estelar y se dedicó a girar como los Harlem Globetrotters o una banda de rock. Europa, Asia, América, Oceanía y África, todos eran destinos para un fútbol circense en muchos casos. No hubo arcos en la Antártida para llevar también allí los festejos de ocasión. En los primeros dos meses de 1959 Santos se enfrentó a equipos de Perú, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Guatemala y México con 15 goles de su estrella en 14 partidos. En Congo llegó a jugar cuatro partidos en seis días. Los representativos de Trinidad y Tobago, Martinica, Guadalupe y el Transvaal de Surinam vieron la sonrisa blanca marfil del goleador itinerante. Los días 10, 11, 13 y 17 de diciembre de 1970 le hizo ocho goles a Hong Kong en cuatro partidos. Con Pelé, Santos enfrentó en amistosos a Sarmiento de Junín, Estudiantes, Vélez, Racing, River, Gimnasia, Godoy Cruz, Newell’s, Talleres, Colón, Boca, Independiente, Huracán, Rosario Central y un combinado de Atlético y San Martín de Tucumán.

El gol ¿1000? de Pelé

El publicitado gol 1000 de Pelé se concretó la noche del miércoles 19 de noviembre de 1969. La repercusión fue planetaria. Lo consiguió para Santos ante Vasco Da Gama, en un penal frente a Edgardo Andrada, el arquero argentino surgido de Rosario Central que años más tarde dividiría sus tiempos entre las atajadas en Colón y sus servicios como agente encubierto de la represión ilegal durante la última dictadura militar. Lo cierto es que las cuatro cifras se celebraron con pomposidad. La inflación en la cuenta goleadora seguía sin freno.

En más de 400 amistosos y exhibiciones, Pelé superó el medio millar de goles. El periodista y estadígrafo Oscar Barnade marca la pauta: “Las estadísticas hay que ponerlas en un contexto. Era chico cuando escuché del gol mil del Pelé y también desde entonces se decía que le contaban hasta los goles que hacía en el patio de la casa.  Los datos deben ser interpretados, y entonces en la comparación histórica solo se hacer a partir de los goles oficiales. A partir de la figura de Pelé, Santos jugaba muchísimos más amistoso de los que hoy podía jugar cualquier equipo. Para determinar al máximo goleador de la historia del fútbol solo hay que computar los goles oficiales”.

En el Brasileirado, Pelé clavó el conteo exactamente en 100 goles, lejos de los 190 que consiguió Roberto Dinamita. Es relevante contemplar que la competencia nacional en Brasil se organizó recién en 1959 y no se convirtió en el certamen más relevante hasta comienzos de la década del 70, tal como lo explica Pablo Alabarces en su libro Historia mínima del fútbol en América Latina.

Si bien es el máximo goleador histórico de la Copa Intercontinental con siete goles (dos en Brasil y tres en el estadio Da Luz ante Benfica en las finales de 1962 y dos en la primera de la tres finales frente al Milan en 1963), en la Libertadores los 17 que logró quedaron muy lejos de los 54 que marcó el ecuatoriano Alberto Spencer, casi todos para Peñarol. Sin embargo, el promedio es temerario: los hizo en solo cinco partidos en las tres competencias que disputó.

Entre los goles que sirvieron para conseguir los trofeos más importantes y los que regaló como caramelos en destinos exóticos y con parteneres que más parecían esperar sus goles que entregarse a la compleja tarea de evitarlos, Pelé construyó la leyenda. 

“Cuando Messi gane tres mundiales y haga 1283 goles hablamos”, acicateó hace algunos años despojado de la modestia que nadie sabe si alguna vez tuvo. La cosecha en la Copa del Mundo no será posible, pero el rosarino va a la caza en los gritos de gol, porque entre los 703 que ya consiguió y los 757 que el revisionismo oficial le reconoce al brasileño la distancia puede estar a solo un par de temporadas.