Facundo Pieres

Con el ADN del polo

Con 10 de handicap desde los 18 años, es uno de los mejores jugadores del mundo. Desde Inglaterra, cuenta una vida ligada a los caballos desde siempre.

Aceptó quedarse con las ganas de algunos asados, entendió que le tocara perderse festejos de cumpleaños y supo que no podía prepararse un trago. “Me gusta mucho comer, estar con mis amigos, tomarme un fernet, hacer cosas distintas, algún viaje. Es larga la lista de las cosas que no son compatibles con el deporte de alta competencia”, le cuenta Facundo Pieres a Enganche desde Inglaterra. Pueden resultar cosas menores en comparación con los paisajes y los lujos que rodean al polo de mayor nivel internacional, pero cuando no se las tiene cotidianamente, se las valora más todavía. De todas maneras, nunca sintió que el precio fuese demasiado alto: “Te perdés un montón de situaciones por estar compitiendo, es cierto; pasa que nunca me dolió tanto como para detenerme en eso, porque siempre me resulta más satisfactorio lo que hago. O sea, me pierdo cosas que me gustan, pero hago lo que más quiero, que es jugar al polo y afianzar mi carrera. Esa es mi prioridad. También hay que tener ingenio para encontrar huecos y permitirte ciertos gustos”, sostiene. 

Con la camiseta de Ellerstina, el club fundado por su padre (Gonzalo Pieres), se consagró tres veces campeón del Abierto Argentino de Polo y en 2010 completó la Triple Corona al quedarse también con los campeonatos de Hurlingham y Tortugas. Con talento y versatilidad para jugar como atacante o back, lleva casi la mitad de su vida con la máxima valoración: 10 goles de handicap.

Darle el último ajuste a las monturas para calibrarlas a su exacta sensibilidad, estar atento a los tacos y la ceremonia de la indumentaria son pasos que repite en uno y otro lado del mundo. Esta vez, como tantas otras, en Cowdray Park, donde disputó el Abierto Británico. Sin embargo, se trató de una edición particular del certamen europeo más prestigioso: los protocolos por la pandemia desatada por la propagación del virus Covid-19 incluyeron jugar con barbijos y que se limitara la cantidad de caballos.

–¿En algún momento pensaste tu vida sin el polo?

–La verdad que no, porque desde muy chico fue parte de mi vida. Cuando jugaba mi papá, con mis hermanos lo acompañábamos a todos lados; ya en esa época me hice fanático del deporte. Ver y seguir a mi viejo me encantaba, porque viajábamos siempre con él. Está claro que en la primera parte de mi vida no tenía ni idea qué iba a hacer, si iba a ser jugador de polo o qué, pero sí estaba naturalmente involucrado con todo este mundo. Cuando crecí y empecé a tomar noción que esto era lo mío comencé, obviamente, a dedicarme con todo a esta carrera.

–¿Sentiste cuando eras chico que había un mandato familiar?

–No, jamás. Como te decía, está claro que era algo que me resultaba muy cercano, parte de mi cotidianidad, pero nunca estuvo la presión porque mi papá jugaba. Nunca siquiera lo pensé ni fue tema de conversación en nuestra casa. Se fue dando todo de una manera muy natural: me gustó de chico, empecé a taquear y me atrapó cada vez más. Es algo que me sigue pasando hasta el día de hoy, porque no dejo de disfrutarlo y cada vez me gusta más jugar.

–¿Cómo fue darte cuenta que eras uno de los mejores del mundo en lo tuyo?

–No sé, es difícil de decir y no es algo que me ponga a pensar. Arranqué a jugar, me apasionaba y lo pude ir haciendo cada vez mejor. Igualmente, me cuesta ponerme en ese lugar, porque siempre siento que tengo mucho por mejorar y por hacer, entonces no es que me siento y pienso “ah, soy uno de los mejores”. Tal vez el día que deje de jugar y mire para atrás tome más consciencia, pero en el proceso de tu carrera como deportista vas encima del día a día intentando superarte, crecer a nivel de juego y también de organización.

–Ellerstina es un club, una empresa y un lugar de pertenencia familiar, ¿qué significa para vos?

–Es todo eso y es más. Es mi lugar en el mundo, donde mejor estoy, donde más me gusta estar y donde disfruto de todo. Me encanta el lugar por cómo lo fuimos armando, porque en ningún otro lado estoy tan cómodo y por toda la gente amiga con la que compartimos ese espacio. Como organización de polo es espectacular, inigualable. Tenemos las mejores canchas del mundo y hacemos prácticas increíbles. También hay unos hoyos de golf, que es un deporte que me gusta mucho, y es hermoso poder hacer eso también ahí.   

–Jugás con muchos caballos por año, ¿te encariñás con todos?

–Nosotros tenemos la cría de Ellerstina y todos los años incorporamos caballos nuevos. Continuamente estoy probando caballos, incluso de otra gente para comprarlos. Hacer crecer y mejorar tu lote es el aspecto clave del polo. Para mí, encontrar caballos nuevos es una de las sensaciones más lindas que hay. Sumar yeguas buenas y nuevas a mi caballada es una de las motivaciones más grandes que tengo. Son muchísimos caballos por año los que utilizo y sí, te encariñás mucho, muchísimo.

–¿Alguna vez estuviste 20 días o más sin montar?

–Sí, puedo pasar un mes o más sin estar arriba de un caballo porque hay veces que el cuerpo me pide ese descanso y lo necesito. En la primera etapa de la pandemia nos pasó de manera obligada, porque estuvimos casi 45 días sin ninguna actividad. Cuando estoy de vacaciones, entre finales de diciembre y los primeros días de enero, también estoy lejos de los caballos. Cuando termina el Abierto (Argentino de Polo) es el único momento en el que realmente me tomo ese tiempo de alejamiento, hasta el arranque de la temporada en Palm Beach.  

–El polo es un deporte de elite, ¿pero hay prejuicios sobre eso?

–Sí, porque a los ojos de mucha gente, sobre todo para quienes desconocen este deporte, se lo percibe como un mundo muy elitista. Pero en la mirada profunda, en el día a día de todo lo que implica el polo, hay muchísimas personas implicadas y la humildad es el valor preponderante. Ocurre que muchas veces se descontextualiza y se quiere hacer ver como que es un deporte en el que estás con príncipes y reyes, que es mucho de lo que se ve cuando estamos acá en Inglaterra con la familia real británica. Existe ese lado del polo, es cierto que hay una parte vinculada con ese glamour, por llamarlo de alguna manera; pero es mucho más grande el otro costado, el de la gente de campo y de trabajo.

–¿Cómo te llevás con el dinero? ¿Qué gustos son los que más disfrutás?

–Tengo los pies muy sobre la tierra en ese sentido. Me gusta tener buenos palos de golf, hacer viajes con la familia o mis amigos cuando se puede. Me encanta la playa. No tengo gustos extravagantes, nada loco; tiene más que ver con sacar por momentos la cabeza del polo y de la competencia para volver con más energía.   

–¿Qué te da culpa o te pone mal?

–Varias cosas. Hacer algo mal o por cosas que han pasado sin que yo tenga nada que ver, pero que de todos modos me afectan. Soy un tipo que está atento a esas cosas, no puedo disfrutar si alguien la pasa mal; supongo que a todos nos pasa que para estar bien queremos que a los demás, sobre todo a los más cercanos, también las cosas les vayan bien.