Literario

Promesas de abrazos

El Tío Berisch, entre el sueño y la realidad, aprendió que acariciar una ilusión no es igual que palpar una certeza.

El Tío Berisch decía que desear un beso no es igual que dar un beso, pero también es hermoso. Y que soñar un gol de palomita no es igual que hacer un gol de palomita, pero también es pisar la arena lejos del miedo y cerca del mar. Y que imaginar la cumbre de una montaña no es igual que llegar a la cumbre de la montaña, pero también es una fiesta. Y que proyectar una cerveza helada en una hora hirviente no es igual que beberse esa cerveza helada, pero también es un placer. Y que vibrar la campaña que lleva a un campeonato no es igual que ganar un campeonato, pero también es una gloria. Y que esperanzarse con cambiar la realidad no es igual que cambiar la realidad, pero también es una lluvia que justifica tener piel.

El Tío Berisch decía lo que decía quizás porque, de pibe, le había tocado atravesar el mundo en busca de otro mundo y, entonces, aprendió que acariciar una ilusión no es igual que palpar una certeza, pero también es importante. O porque acaso, de grande, se le habían dispersado unos cuantos afectos por unos cuantos exilios y, entonces, descubrió que extrañar no es igual que estar, pero también significa querer. O porque, mil veces, se le habían desviado unos nobles pelotazos y, entonces, verificó que intentar no es igual que conseguir, pero también es un honor. O porque, en una de esas, ya maduro y después de haber luchado un poco, sospechó que dejaría al planeta algo peor que como lo había encontrado, y, entonces, concluyó que dar pelea no asegura triunfar, pero igual vale la pena porque habrá un mañana en el que valdrá todavía mas la pena.

Por todo eso, el Tío Berisch decía algo que sirve en cualquier tiempo y, más aún, en tiempos en los que la imposibilidad entinta el horizonte, algunas angustias se empecinan en masticar el aire y el arco nuestro se puebla de goles en contra. Lo que decía el Tío Berisch es que prometer abrazos no es igual que compartir esos abrazos, pero también es guiñarle un ojo a las estrellas y firmarle un pacto a la esperanza. O sea que el Tío Berisch decía que prometer abrazos es invitar a vivir.