Roger Bello

Roger Bello, o el comisario más conocido del mundo Conmebol

El dirigente boliviano fue la cara visible del mítico "Boca-River del gas pimienta", de 2015 y en una extensa charla con Enganche da detalles de una noche que quedará marcada para siempre en la historia del fútbol argentino.

A los 17 años, con el apoyo de sus padres, un joven oriundo de Santa Cruz de la Sierra debió tomar una decisión escapando de las prohibiciones que tenía una Bolivia gobernada por una junta militar, que mantenía cerradas las universidades del país. En ese entorno, el tercero de cinco hermanos estuvo ante la primera gran decisión de su vida: mudarse a la ciudad diseñada por el mítico brasileño Oscar Niemeyer a perseguir sus sueños: estudiar arquitectura y urbanismo. Roger Bello logró su cometido y volvió a su país para darle rienda a su otra pasión. El fútbol. Un fútbol que lo vio dar sus primeros pasos como dirigente con el club de sus amores, Blooming, ese del que vivió a una cuadra del estadio junto a sus padres. 

El camino fue largo. Empezó como presidente de la comisión de infraestructura, ya que el celeste de Santa Cruz es uno de los pocos clubes bolivianos que tiene su sede y una complejo deportivo. Al año siguiente, el próximo paso fue ser parte de la comisión técnica del primer equipo. El primer gran equipo que recuerda de sus fechas como dirigente fue aquel Blooming bicampeón 1998/99, que en el 2000 le ganó a Boca en el debut de la Copa Libertadores que terminaría consagrando al equipo de Carlos Bianchi luego de 22 años. 

En esa época, los días de un entusiasta Roger se dividían entre el club de sus amores y el estudio de arquitectura que armó con su señora, a quien conoció estudiando en Brasilia. Pero el fútbol cada vez le fue comiendo protagonismo a la profesión.

En la Santa Cruz que se crió los niños fueron muy influenciados por las revistas argentinas que llegaban. El Gráfico era una fija: “Con mis amigos nos dividíamos los equipos que veíamos ahí. Cada uno se escogió uno distinto y yo elegí a Racing, por los colores celeste y blanco como mi Blooming”, recuerda .


En 2005 hizo una muy de dirigente/hincha. Blooming necesitaba ganar para ser campeón y viajó a La Paz. El rival era The Strongest y faltaban dos fechas para que termine el torneo. Pero un dirigente de la Federación Boliviana le aseguró que en caso de ser campeones ese domingo no tendrían ningún trofeo, y deberían esperar hasta la próxima fecha.

El dirigente que le respondía era de La Paz y le dio a entender que un equipo santacruceño no iba a dar la vuelta olímpica de visitante. Pero para el Roger dirigente pudo con su gen de hincha y se fue al mercado de La Paz y compró el trofeo más grande que encontró. “No era el más fino, pero era imponente. Lo pagué 300 pesos bolivianos y lo metí en una caja. Entré al hotel con la caja y le pedí al conserje que me lo guarde pero que nadie se entere”. 

Roger Bello y aquel trofeo que compró él para darle a sus jugadores. (Fuente: La Patria)

Blooming ganaba 3-1 y Bello llamó a los utileros y les pidió que le acerquen la caja a la mitad de la cancha. “Mientras los jugadores festejaban yo agarré la caja la llevé adentro de la cancha y agarré a un señor cualquiera que estaba al lado de los jugadores que le entregue el trofeo a los jugadores. No me iba a perdonar que Blooming salga campeón y no haya un trofeo para la foto”. 


Un Sudamericano Femenino Sub 17 fue su primer torneo oficial como comisario de Conmebol. Un camino que fue creciendo a pasos agigantados: “Empezás porque te recomienda algún dirigente de tu Federación. Si no tenés el apoyo de alguno es imposible”, reconstruye. Y agrega: “Los viajes para ser comisario comenzaron a ser cada vez más frecuentes y en 2008 ya dejé de ser dirigente de Blooming, porque debés ser imparcial. Mis primeros partidos de Eliminatorias los hice para Sudáfrica 2010, después hizo lo mismo para Brasil 2014 y Rusia 2018. Mi primera Copa América fue la de Argentina y en la de Chile ya tenía un puesto más alto en el organigrama”. 


Pero antes de que lo “asciendan” en la Copa América de Chile vivió la noche que le cambió la vida. Aquel 14 de mayo de 2015 en La Bombonera el nombre más recordado, y buscado, por todo el mundo del fútbol fue el suyo. El famoso Boca-River “del gas pimienta”.

-¿Cómo se entera que iba a ser el comisario del Boca-River? 

-Cuando se juega la ida en el Monumental yo estaba en Brasil haciendo otro partido porque siempre me buscaban por mi portugués. Pero, la Conmebol se manejaba avisándote qué partido te tocaría la semana próxima y a mi me habían avisado. “Preparate mentalmente porque vas a hacer la revancha del Boca-River. Te vas a comer asado a la Argentina”. Por eso, estando en Brasil veo en diferido el partido que River gana 1-0 en la ida. Ahí pensé “la revancha va a ser durísima”. Yo lo que quería era que el partido fuera limpio. Ese es nuestro lema: “el partido que comienza tiene que terminar”. Eso nos lo enseñan a los comisarios y lo tenemos en la cabeza. Aunque no lo creas, como uno no simpatiza por ningún, siempre prefiere que le vaya bien al que define de local. Porque te facilita el trabajo. Si el partido no es decisivo y gana el visitante no pasa nada, porque la hinchada reacciona diferente. 

-Me parece increíble, porque no lo había escuchado nunca, que justo el lema de los comisarios deportivos de Conmebol sea “partido que comienza debe terminar”. 

-Así lo tenemos nosotros en la cabeza. Porque para eso somos comisarios, somos autoridad, somos personas imparciales y neutrales que están ahí para que nosotros busquemos la forma de que los partidos se puedan terminar en caso de una invasión o de alguna otra manera. En este caso en particular, lo que pasó en Boca-River ya era algo que no podía ser por las condiciones en la que quedaron los jugadores, pero generalmente tiene que jugarse el partido. Si la cancha está mojada porque llovió mucho tenemos que dar treinta minutos primero, una hora después, pero siempre debemos buscar que ese lema se cumpla. 

-¿Qué recuerda de esa noche?’

-Yo llegué tranquilo con los árbitros a La Bombonera. Darío Herrera era el árbitro y hacía su debut internacional. “Estoy tranquilo, algún día tenía que tocar y me tocó en un Superclásico”, me dijo. Recuerdo que como nunca me puse estricto con el cuidado del vestuario. Le dije al de seguridad que no deje entrar a nadie para que los árbitros estén tranquilos. Uno de los asistentes era Hernán Maidana que era el que tenía la voz de la experiencia, para transmitirle seguridad a sus compañeros. Ese día se jugaba en el primer turno jugaba Racing en Avellaneda la vuelta ante Montevideo Wanderers y lo mirábamos de reojo. Darío tenía un poco de nervio lógico porque el escenario era otro: uno de los dos quedaba afuera y la tensión se sentía en el vestuario. 

 -El primer tiempo transcurrió normal…

-Sin sobresaltos. Si mal no recuerdo, Darío sacó tres amarillas bien mostradas y manejó el partido sin problemas. Cuando nos metimos camarín Darío me pregunta: ¿Roger cómo nos viste? Y yo le contesté: “Bien Darío, estamos bien. Descansen y charlamos”. Éramos cinco en el vestuario. Hasta que llega la hora de salir para el segundo tiempo, nosotros llegamos a la mitad de la cancha, sale Boca normal por la mitad de la cancha y vos sabés que lo primero que pensé yo cuando salió River es que los jugadores estaban jugando. Que se estaban tirando, como jodiendo entre ellos. 

-¿Cuándo se da cuenta que no era un chiste lo que pasaba?

-Cuando los jugadores empiezan a revisarse unos a los otros. Ahí le digo a Darío “¿qué estará pasando?” y mando al cuarto árbitro a que vea la situación. Cuando empiezan a aglomerarse los del cuerpo técnico de River corro y voy a ver. Ahí la situación ya era la conocida por todos. El gas pimienta y los jugadores afectados. Los de Boca no se acercaban por la rivalidad que había, pero todo empezó a trastocarse con el correr de los minutos. 

-Hasta Rodolfo D’Onofrio entró. 

-Me acuerdo fielmente que cuando lo vi le dije enseguida: “Usted no puede estar acá. Por favor, váyase porque me van a complicar el partido”. Y él, junto al vicepresidente, se fue por la manga a regañadientes. Pero yo no podía permitir que nadie se meta mi terreno.

-¿Enseguida se dio cuenta que iba a suspender el partido?

-No. En ese momento no había tomado la decisión. Después de que llevamos los jugadores a que vean a su médico. Además, yo llamé al médico del doping de la Conmebol. Ahí el me dijo “no creo que estos jugadores puedan jugar porque hay dos que están muy quemados. Ciegos no van a quedar, pero en este momento no pueden seguir jugando en estas condiciones”. Recuerdo que uno era Ponzio, el otro no lo recuerdo. 

-¿A partir de ese momento ya decidió que no se podía jugar?

-Una vez visto ese panorama lo que pasó por mi cabeza fue lo siguiente: “Hay mucha gente en el estadio y si yo suspendo puede haber invasión y todo puede desmadrarse”. No podía decir que se suspendía, pero si tenía que hacer que la gente vaya abandonando el estadio. Pero no le dije a nadie. Le hablo al comisario y le digo: “Comisario, mientras aguardamos la recuperación de los jugadores, ayúdeme a que no entre nadie a la cancha”. A todo esto, Gago me decía: “¿Roger cuánto más vamos a esperar?”  y yo le decía que había que esperar quince minutos más. Siempre le iba estirando quince minutos. Mientras tanto hablaba con el comisario para ver si podía pedir refuerzos y él me contestó que podían pedir los que terminaban el operativo del partido de Racing. Yo no quería que haya desmadre fuera del estadio tampoco. Había que cuidar la calle. 

-¿Tenía esperanza en que se pudiera retomar? 

-Yo ya sabía que el partido no se iba a reanudar pero no le podía decir al comisario porque era argentino y cualquiera le podía preguntar qué hablaba conmigo. La decisión no podía saberla nadie. Mientras Darío me preguntaba qué hacer yo le decía que teníamos que ser pacientes.

-Y usted con el único que habló por teléfono fue con Napout (por entonces presidente de la Conmebol)

-En un momento llega un señor y me dice que el presidente de la Conmebol quería hablar conmigo. Yo dudé porque no había señal en ningún lado de la cancha, pero me acerco a uno de los bancos y lo veo a Eugenio Figueredo (ex presidente y vicepresidente de la Conmebol) quien me pasó el celular. “Roger, hermano querido, confío en vos. Tenés todo mi apoyo. Hacé cumplir el reglamento. Suerte hermano. Chau”, me dijo Napout. Colgué y me volví a la mitad de la cancha. Yo ya estaba tranquilo. 

-Pero no me va a decir que no tuvo miedo en algún momento de la noche. 

-Al comienzo sí, me asusté. Fueron cinco minutos en los que me vi metido en algo muy grande y de mucha repercusión. Cuando miré a esa cantidad de hinchas de Boca, me dije: “Si yo suspendo esto van a entrar a la cancha”. Pensé en mil cosas. Pero con el correr del tiempo fui perdiendo el miedo. 

Bello hablando con la terna arbitral comandada por Darío Herrera.

Conocer el reglamento es muy importante. Tan vital como necesario para saber exprimirlo al máximo. En ese reglamento se estipulaba que pasados los treinta minutos para tomar una decisión. “Nadie me reclamó que tome una decisión pasado ese tiempo. Para mí fue mejor. Porque si me decían ‘¿qué vamos a hacer?, basándose en el reglamento, estaba frito”, asegura Bello como si aquella inacción de la dirigencia local fuera un guiño del destino. 

-Para entenderlo bien, ¿Si un dirigente de Boca le exigía qué diga la decisión que iba a tomar, usted no tenía otro camino que comunicarla?

-Claro. Yo por reglamento debía hablar con Darío (Herrera) y él debía dar por suspendido el partido. Igual no nos salimos de la norma, porque al final de cuenta nosotros también precautelamos la seguridad del público y de los jugadores. Salvaguardarlos es otra misión que tenemos como comisarios del partido. 

-¿Cuándo le dice a Herrera?

-Después de una hora y cuarenta minutos. Esperé que venga el comisario a asegurarme que el operativo en las calles ya estaba armado y que no iba a haber inconvenientes con la gente a la hora de salir de la cancha. Gago me seguía preguntando y yo se la estiraba sin decir ninguna palabra que me comprometa para después. Me le acercó a Herrera y le digo que la policía y le doy el ok. “Llamá a los dos capitanes y suspendelo. Usá ese término. No uses ni se posterga, ni se reprogame. Decí ‘se suspende'”. 

-¿Cuánto cambia en lo legal si él usara otra palabra?

-Si él decía esa palabra, Boca podría agarrarse de esa palabra para pretender jugar o reprogramar el partido. Le daría esperanza a Boca si Herrera decía postergar en vez de suspender. 

-¿Y Fox te apuró en algún momento para que tomes una decisión? Porque en un momento entró Alejandro Burzaco, ex presidente de Torneos. 

-Burzaco entró a la cancha y yo al comienzo no lo reconozco. Él me dice: “Roger, ¿Para cuándo pasa este partido? ¿Para mañana?”. Yo lo saqué de la cancha porque le dije, con mucha vehemencia, que no era su lugar y que me dejara hacer mi trabajo. Él me quería imponer que se juegue, por el interés que el tenía para que el partido se vuelva a jugar. 

Alejandro Burzaco entra al campo de juego de La Bombonera para preguntarle a Bello qué día se jugaría lo que faltaba de aquel superclásico.

El partido está suspendido. La primera decisión -la más importante- ya estaba tomada. Ahora, Bello tenía otro reto: que los equipos se fueran a los vestuarios. “Pido hablar con el presidente de Boca, Daniel Angelici. Me llevan al camarín y él estaba en una sala de reunión solo. Le pido para hablar y lo primero que me dice es ‘te pido disculpas. Teníamos todo preparado y mirá lo que pasó’. Le pido ayuda para que sus jugadores hagan de nexo con sus colegas de River para salir al vestuario sin recibir agresiones y, entonces, llama al Cata Díaz y al entrenador (Arruabarrena) y les da el mensaje”. El mensaje que bajó de arriba no llegó a todos y varios jugadores de Boca no hicieron lo que les había solicitado el por entonces presidente del club. 

El hoy funcionario de la Secretaría de Planificación en la Alcaldía de Santa Cruz recuerda una frase por sobre todas las demás: “’Que salgan ellos. Nosotros volvemos al vestuario cuando queramos’, me dijo Orion”. Así que en el primer intento un par de jugadores de Boca si hacen lo que les había pedido Angelici. Pero no logran ingresar todos los jugadores por la cantidad de botellazos que les arrojaban desde la platea baja de La Bombonera. “Después de que la hinchada ovaciona a los que se quedan en cancha, los jugadores de Boca que quedaban deciden meterse al vestuario”, recuerda nítidamente el boliviano. 

-¿Cómo es el informe de un partido organizado por Conmebol?

-Ahí vos ponés los tiempos de comienzo de cada tiempo, detallás si los equipos ingresaron a tiempo al campo de juego, si hay incidentes. Y después describís el partido. Recuerdo que ese informe empezó con el desarrollo del primer tiempo y diciendo que todo transcurría normalmente. El espacio es tan chiquito en la planilla que tuve que pedir hojas aparte para escribir todo lo que pasó esa noche. En algún lado de mi oficina tengo el original. 

-¿Dónde lo escribió? ¿En La Bombonera?

-Lo hice en el hotel. Sale River primero, ya eran como las dos de la mañana. Sale Boca. El comisario me avisa que está todo ok y nosotros salimos para el hotel Da Vinci (Tucumán 857). Comimos y charlamos los cinco. Todavía no habíamos tomado dimensión de lo que habíamos vivido. Yo recién la tomé cuando me fui acordando de todas las cosas que vi y viví en la cancha esa noche. Sentado en esa mesa, mientras los árbitros hacían su informe, detalle todos los pormenores. Lo termino diciendo que el resultado fue 0-0 y que esperamos una hora y cuarenta para tomar la decisión de suspenderlo. Te soy honesto que ni le pedí el informe a Herrera. 

-¿Cómo se manda ese informe?

-Se manda por fax. Lo mandas a Competiciones, al Tribunal de disciplina, al dóping, a Hugo Figueredo (por entonces Director de Competiciones), a muchos lados tenés que mandar. Yo mientras lo mandaba estaba atento a que nadie del hotel le sacara fotos a las páginas para que no se filtre nada. Una vez que mandamos las doce páginas del informe de ambos los junto en una carpeta y los guardo. Eran las seis de la mañana cuando terminamos de mandar el informe (“Lo tengo guardado en mi oficina el original de ese informe”). Ni bien lo hicimos suena el teléfono de la recepción y era Napout. Me preguntó cómo estaba y me dijo que me tenía que ir a Paraguay, porque posiblemente me tomarían una declaración ampliatoria de mi informe. 


El trabajo en Argentina estaba listo. Bello se despide del cuarteto arbitral y se va a su cuarto. El remis que lo llevaría a Aeroparque estaba pedido para las 9 de la mañana, porque su vuelo para Bolivia salía a las 11. Pero, después de bañarse, se vistió, se puso una gorra y se tomó un taxi. No quería esperar. Quería salir de un país que lo había tenido como el protagonista del partido más esperado. Pero cuando pensó que el partido había quedado atrás el taxista le dio un adelanto de lo que iba a ser su vida después de aquella noche. “¡Qué partidito el que te tocó anoche, Roger!”, recuerda. Y continúa: “Era hincha de Boca y yo pensé que me iba a llevar para cualquier lado. Pero me empezó a hablar mal de la hinchada de Boca y me dijo que había tomado la decisión correcta”. 

Después de discutir con el taxista que no le quiso cobrar el viaje se metió en el Aeroparque y encaró rumbo a hacer el check in. Pensó que el del taxista sería un hecho aislado, pero el empleado de la aerolínea que le recibió el pasaporte era fanático de River. “Te tengo que abrazar”, le dijo. Luego de negar selfies a hinchas millonarios, y escabullirse hasta pasar por migraciones, se metió en el Duty Free para pasar el tiempo desapercibido. O eso pensó, porque un grupo de chicos que se iban a Uruguay de gira con su equipo de rugby lo reconoció y lo invitó a tomar un café. Roger Bello ya sabía que nunca más iba a pasar desapercibido luego de aquella noche.


 Luego de comunicarse con su esposa, para avisarle que estaba bien y pedirle que le lleve una valija con ropa para hacer combinación para irse a Asunción, el hombre más buscado del continente no se esperaba que una horda de periodistas lo estuviera esperando en su Santa Cruz natal para buscar una palabra del protagonista de la noche. En Asunción se repitió la misma escena: decenas de cámaras esperando una palabra y haciendo la pregunta que todos se hacían: “¿Qué va a pasar con el partido?”. 

Al llegar a Paraguay todos querían hablar con él.

Finalmente, después de ser recibido a abrazo limpio por el tesorero de la Conmebol, su compatriota Carlos Chávez, y por Napout, a Bello no le solicitaron ampliar su informe. Con lo que había escrito bastaba. Lo curioso de la historia es que el hombre que tomó la decisión que marcaría a fuego el futuro de Boca y de River, y de su rivalidad, no se enteró por nadie de la Conmebol de la decisión final. Boca eliminado y River clasificado a cuartos de final. “Me enteré por la prensa estando en el hotel. Fue por la televisión que me entero”, rememora.

Dos días después le avisaron que iba a hacer el comisario del encuentro de vuelta en la serie entre Emelec y Tigres, en Monterrey. Luego de ver clasificar al equipo que terminó siendo subcampeón de River, se fue a Miami a pasar unos días con  su mujer antes de viajar rumbo a Chile para trabajar en la Copa América. Sin embargo, mientras el viajaba el mundo del fútbol explotaba con el FIFA Gate. “Llegué al aeropuerto de Dallas y en la inmigración del aeropuerto me empiezan a preguntar porqué me iba por esa combinación si yo era boliviano. Les comenté que me iba a Miami a pasar unos días con mi esposa y me contaron. “¿No sabés lo que pasó en Suiza? Metieron a un montón de los dirigentes de la Conmebol presos, ¿No sabías?”, recuerda. 

Todo le había pasado muy rápido. Todo menos aquella noche en la que pasó de ser un completo desconocido a ser el comisario más conocido en la historia de la Conmebol.