BKFC

Sangre, sudor y brutalidad o cómo es pelear sin guantes

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El Bare Knuckle Fighting Champsionship va un paso más allá del UFC y enmarca a una industria del combate sin guantes, con resultados terribles. Estados Unidos empieza a mirar hacia otro negocio que habita en la frontera de lo ultraviolento.

“Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”. Lorenzo y Frank Fertitta III no leyeron a José Hernández ni al Martín Fierro pero aplicaron su verso a la perfección. “Ni se les ocurra comprar UFC”, les dijo su padre, dueño de una cadena de casinos de Las Vegas. Pero ellos desoyeron el mandato. Y se dejaron tentar por Dana White, un viejo amigo de la secundaria, que había olfateado el negocio de la sangre. Entusiasmados, en 2001 compraron UFC (Ultimate Fighting Championship) en dos millones de dólares. “Fue la única vez que no le hicimos caso a nuestro papá”, reconocieron los hermanos Fertitta en The Washington Post. La UFC había sido creada en 1993 por el luchador brasileño Rorion Gracie y los empresarios Bob Meyrowitz y Art Davie. “Era un deporte sucio, valían los cabezazos y salvo en Nueva Jersey, estaba prohibido en todos los Estados Unidos”, recordó el periodista Matt Miller. Tampoco lo daban por televisión porque el deporte no estaba regulado. En 2016, los Fertitta vendieron la franquicia por 4 mil millones de dólares a una agencia de talentos de Hollywood WME-IMG. Unidos y millonarios.

El caso de UFC es un modelo de éxito estudiado en todo el mundo. Tras su suceso, surgieron luego decenas de compañías de artes marciales mixtas: Bellator, Absolut Championship, Fight Night Globals, One Championship, Rizin Fighting Federation, Invicta y tantísimas más. Pero hay una que se sale del molde con otro formato. El Bare Knuckle Fighting Championship (BKFC) es una marca emergente que quiere morder una porción de la torta de espectadores de las artes marciales mixtas (MMA por sus siglas en inglés) y del boxeo, los deportes de combate más televisados. Parece mentira, pero en el siglo XXI regresó el boxeo sin guantes. Ese que estuvo prohibido por 129 años en Estados Unidos. Esa veda se terminó el año pasado. En el BKFC los luchadores pelean el boxeo de la antigüedad. Sin vendas, ni guantes, ni guantines. Sólo unas muñequeras. A puño limpio. Con sangre, sudor y lágrimas. Los nudillos cortan los rostros y las peleas son baños de sufrimiento que se televisan para todo el mundo por Internet. “Si el Conde Drácula estuviera vivo, estaría sentado en la primera fila del Bare Knuckle”, bromea un amigo en el dojo de brazilian Jiu-jitsu. Tal vez algo de razón tenga este practicante del arte suave. La sangre cotiza en bolsa en el Bare Knuckle.

“Los hermanos sea unidos, esa es la ley primera”, dijeron, otra vez, en Estados Unidos. Con esa premisa se fundó la empresa Bare Knuckle Promotions, liderada por David Feldman, un ex promotor de boxeo. Este aprendió el oficio de su hermano mayor, Damond. Los dos son hijos de Marty Feldman, un ex boxeador de los setenta y entrenador inducido al Salón de la Fama de Filadelfia por haber sacado siete campeones estadounidenses. Uno de ellos fue masacrado por “Martillo” Roldán. Se trata de Frank Fletcher, quien fuera noqueado por el cordobés, sin título en juego, en el sexto asalto del Caesars Palace, en 1983. Pero volviendo al tema, cuando murió Don Fletcher, en 2017, los hermanos retomaron la idea del Bare Knuckle. Hermanos que no siguen el mandato familiar. Como los Fertitta, exacto.

“Descubrí el boxeo sin guantes gracias a Bobby Gunn, un ex boxeador que yo promocionaba. Él me contaba cómo los gitanos resolvían los problemas en Inglaterra. A los golpes. Entonces, le dije. ‘Hagamos lo mismo, pero en serio’”, contó alguna vez David Feldman. En el 2011 hicieron un evento de MMA en una comunidad india de Scottsdale, Arizona. Esa prueba fue como un virus que se les inoculó en la sangre. El negocio tenía pies y cabeza. A la gente le gustaba. Sólo era cuestión de armar el circo. Durante siete años, Feldman golpeó puertas ofreciendo su evento, pero no encontraba más que portazos. Le negaron, según dijo, la autorización en 28 estados de los 50 que tiene el país que preside Donald Trump. Pero el que busca encuentra. Y en el camino se topó con un aliado: Bryan Pedersen, presidente de la Comisión de MMA de Wyoming, estado donde el 2 de junio de 2018 se celebró el primer BKFC legal. La pelea fue en una pista de hielo. Y Feldman invirtió 500 mil dólares de un saque para mover el avispero. Buscó mostrarle al mundo la brutalidad de lo que allí pasaba. Y lo consiguió en las redes sociales, con videos y fotos. No se le escapó ni un detalle. Contrató a Esther Lin, la fotógrafa oficial de Showtime, la cadena televisiva conocida por haber firmado un contrato millonario con Mayweather Jr.

Luego organizó cinco eventos más; tres en Misisipi, uno en Cancún y otro en Florida. “Otra compañía que afrontó desafíos parecidos en su desarrollo inicial fue la UFC”, recordó Peter Khan, en un artículo publicado el mes pasado en Forbes. No exageró el columnista. Recién en 2016, Nueva York aprobó el desembarco en la ciudad de una cartelera de UFC. Y BKFC todavía es mala palabra en muchos sitios. “El Bare Knuckle no es lo que la gente piensa, una pelea en un bar o en un estacionamiento. No es nada de eso”, se defendió Feldman. Pero las raíces de esta práctica están precisamente allí. En la clandestinidad. Más prohibido es, más tentador se vuelve. La estrella de este rudo oficio es Bobby Gunn, un gordito simpaticón, quien fuera boxeador profesional con un récord de 23-7-1, 20 KO’s. A los 48 años, Roy Jones Jr jugó con él cuando se enfrentaron en un ring de boxeo hace dos años. Y lo noqueó en el séptimo. “Esto no es boxeo, es otro deporte, no tienen nada que ver”, opinó Gunn.

Nacido en Canadá y nacionalizado estadounidense, Gunn aduce tener un récord de 73-0 con puños desnudos. Esas peleas clandestinas fueron en sótanos, almacenes y garages. En los videos, Gunn aparece con su clásica vestimenta. ¿En cuero y en shorts? No, no. Jeans y musculosa blanca. ¡Para poder escabullirse entre la gente si cae la policía! “Esto no es boxeo”, dijo Gunn. Y lo explicó en YouTube en un tutorial que tiene miles de reproducciones. Los golpes en el Bare Knuckle son distintos. Y las estrategias, también. Pelean a cinco rounds de dos minutos en un anillo circular. No se usan los golpes a la frente, ni el jab. Es primordial cuidar los huesos de las manos, más frágiles, claro, que los de la corteza craneal. Tampoco se pegan en la boca, por temor a que un diente corte con el filo la mano de un luchador. Los flancos por excelencia son la nariz, los ojos, las mejillas y el mentón, entre otros. Las reglas prohíben patadas y golpes bajos. Pero sí se puede sujetar de la nuca al rival. Y en algunos casos, hasta se meten los dedos en los ojos. Un boxeo sucio. Y ensangrentado. Sangre que cautiva a ex boxeadores y ex artistas marciales de cierto renombre internacional. Llegan a Bare Knuckle tentados por los verdes.

En la última cartelera, el estadounidense Paul Malignaggi, ex campeón mundial welter de boxeo, perdió con el ruso Artem Lobov, ex peleador de UFC. Malignaggi terminó cortajeado, como si lo hubiera atacado un perro salvaje. Nunca tiró la derecha a fondo. Un poco porque ya se la fracturó cuatro veces esa mano. Y otro poco porque se acostumbró a pelear con guantes de 10 onzas durante más de 20 años de carrera.

Los peleadores de MMA empiezan a interesarse por el Bare Knuckle. El argentino Santiago Ponzinibbio, por ejemplo, pelea en UFC. Y le dijo a Enganche que le gustaría subirse al ring redondo de BKFC: “Lo he visto varias veces, por ahí es duro visualmente, porque al no tener guantes se producen muchos cortes. Pero a mí me gusta, lo pelearía claro que sí. Es un desafío diferente. La verdad que dentro de lo que es, tiene sus técnicas, tenés que adaptarte a las reglas del juego. Por ahora tengo contrato con UFC, pero en un futuro no lo descarto, ¿por qué no?”. Asimismo, su compatriota Esteban “Houdini” Bonaveri, pionero de las MMA en el país, desde España opinó en la misma sintonía: “Me encanta el Bare Knuckle. Es volver a las bases, un deporte que se remonta a la historia griega, del pugilato, o el boxeo, una modalidad adaptada. Es un deporte peligroso, muy nocivo para las manos y para la cara. Pero el instinto del ser humano es más fuerte, la esencia te manda a luchar. Yo ya tengo cuarenta años y dos hijos, pero si tuviera veinte me meto a pelear de una en BKFC”.

Existe una realidad que explica en parte este auge del BKFC: el factor dólar. Las bolsas que paga Bare Knuckle pueden incluso a ser mucho mejores que las de MMA. Ojo. El daño recibido es mayor, también. En eventos internacionales oscilan entre dos mil y tres mil dólares, según la experiencia y la categoría del peleador. La franquicia ya tiene un staff de 82 peleadores, según la ficha de su página oficial. Uno de ellos es el mexicano Alejandro Solorzano Salinas, quien se refirió a los riesgos de esta modalidad primigenia: “Los deportes de contacto no son un juego. Debes ir súper preparado y con un campamento adecuado. Yo por ejemplo, hago sparring con guantes, para no lastimar a nadie. Y luego, en mis entrenamientos, sí practico con los nudillos descubiertos, para fortalecer mis manos”, le contó a Enganche, desde Guadalajara, este peleador que irá ante Arnold Adamas por un título de los pesados en el BKFC 7, a celebrarse el 10 de agosto, en Misisipi.

Ese staff de peleadores, algo tirado de los pelos, es la vidriera que busca captar fanáticos de distintos deportes de combate. La idea de Feldman es que compren el PPV de Bare Knuckle (oscila entre 15 y 40 dólares) un sábado cualquiera donde no haya grandes carteleras de boxeo y MMA que mirar. En junio último, 18 mil abonos de televisión vendió el BKFC 6, sin haberle sumado los datos de aquellos que se suscribieron al abono digital. “El Bare Knuckle no tiene su público, ni peleadores porque nadie quiere ir a hacer carrera ahí. Yo no sé si va a prosperar como deporte. Es un show que solamente da para hacer un par de peleas. Y hasta por ahí nomas. La vida útil de peleador no es larga. Los que van ahí es para agarrar la plata al final de sus carreras. Y ya está. Igual me enganché a verlo”, agrega Ponzinibbio. Entonces, se enciende el debate. Y los interrogantes. ¿Seguirá creciendo como deporte el Bare Knuckle, este boxeo primitivo que practicaba el inglés Jack Broughton allá por el 1700. ¿O se trata de una salvajada legalizada y disfrazada, con oportunismo, de actividad reglamentada? Será cuestión de tiempo. No es lo mismo estar de paso por aquí, que dedicarse pura y exclusivamente al boxeo de nudillos. Pelear a mano descubierta es como golpear un muro de hormigón armado.

El arbitro internacional Rodolfo Arce lleva 15 años en la profesión. Y puede dar fe de ello, porque lo vive de cerca: “Yo he dirigido peleas de Muay Thai Kard Chiek. También combaten a mano descubierta. Y se usa mucho el golpe al brazo, para quitarle potencia al envío. Se cuidan mucho porque la mano se lastima y lleva un tiempo largo acostumbrar y entrenar los nudillos. Algunos novatos se quejan del dolor”.

Mientras Bare Knuckle empieza a sumar atletas de otras disciplinas, los estudiosos de las MMA recuerdan cómo llegó el momento en el que tuvieron un campeón híbrido. Es decir, un peleador que no venía de ninguna otra arte marcial. Sino que se preparó íntegramente para ser un artista marcial completo. “En el antiguo Vale Todo de Brasil, Helio Gracie quería que las luchas fueran libres de peso, a noquear. No había guantes, guantines, ni cuenta de protección, sólo protecciones inguinales. Pero cada uno subía a pelear con su estilo. Hoy eso ya no existe más. Todos saben como mínimo tres artes marciales. Y está el caso de Jon Jones, quien es un campeón mundial híbrido en la UFC. Se formó entrenando MMA y destrezas múltiples. No viene del palo del boxeo, ni del karate, ni del Jiu-jitsu”, comenta Sirio Libanés Chamás, un instructor de Jiu-jitsu brasileño de la Academia Nova Uniao de Villa Gesell.

El boxeo sin guantes ya tuvo una época. La había cerrado John Sullivan, el 8 de julio de 1889, cuando ganó el último campeonato mundial de pesos completo en 75 rounds a Jacke Kilrain. Nunca más se combatió de manera legal a “puntazo” limpio en los Estados Unidos. Los ingleses ordenaron el boxeo con las reglas del Marqués de Queensberry, en 1867, pero nunca prohibieron el Bare Knuckle. De hecho, el diario amarillista The Sun reflejó en una crónica el enchastre que resultó ser la velada realizada en el Bowlers Exhibition Center de Manchester. Allí, 18 peleadores se fajaron de lo lindo. “Sentir el primer golpe es como recibir mil puñaladas”; dijo uno, orgulloso. Ese mismo orgullo que tienen para contar que ya tuvieron a un peleador callejero que fue campeón mundial de boxeo. Uno que le ganó al gran Sugar Ray Robinson. Se trata del inglés Randolph Turpin, quien transitó la infancia de su vida en el Bare Knuckle, junto a un hermano, haciendo peleas en las ferias y por dinero, a finales de 1930 y principios de 1940. Sin embargo, “la historia es cíclica”, dijo Felipe Pigna. Y aquí estamos otra vez escribiendo de esto.

¿Es más peligroso el BKFC que las MMA y el boxeo? El promotor Feldman dice que hubo más de 100 peleas y ninguna conmoción cerebral en BKFC. Sí muchos cortes. Y manos rotas. “¿Prefieres que un luchador tenga un corte en la cara o una lesión en el cerebro?”, preguntó desafiante Feldman, cuando lo indagaron al respecto. Un tiro por elevación al boxeo y a las MMA, dos deportes que tiene en la mira. Feldman no habla de los posibles riesgos de sufrir daños como un desprendimiento de retina, ni otras lesiones a las que están expuestos los luchadores por pelear sin guantes. Aún no hay estudios suficientes, es cierto. Pero las gotas rojas salpican a muchos. Los cortes demoran en cicatrizarse y cerrarse bien. Los huesos de las manos se astillan. Y los guerreros, vencedores o vencidos, pues terminan todos masacrados. Con la sangre derramada.