Colombatto

La era de la madurez

Quedó libre en River y Racing, viajó a Italia y se entrenaba solo mientras espera una oportunidad; ahora está listo para jugar en la Serie A.

Daba vueltas alrededor de la historia. Pero no por cavilar sobre una circunstancia que lo hubiese afectado, pese a que de ahí nacía el impulso. Tampoco era el repaso de algún acontecimiento relevante para la humanidad, aunque algo de eso había en la escenografía. Para entrenarse, Santiago Colombatto corría alrededor del Coliseo. El emblema de Roma marcaba el paso del futbolista que no tenía otro equipaje que la ilusión y el desafío. Porque había volado sobre el océano Atlántico con la convicción de conseguir en Italia la oportunidad que se recriminaba haber dejado pasar acá. La tuvo y está vez si la abrazó con la fuerza necesaria . El ascenso conseguido recientemente con el Hellas Verona lo pone más cerca de la meta de jugar en la Serie A.

“A los 17 años decidí irme porque en Argentina no tenía oportunidades, pero no las tenía porque hacía las cosas mal”, reconoce en la charla con Enganche desde Ucacha. Ese pueblo cordobés de 5.000 habitantes es su lugar en el mundo, el sitio al que regresa cada vez que puede para los impostergables planes con la familia y los amigos: comer asados, ir a pescar y ver los partidos de Newbery.

Había ingresado al fútbol infantil de River a los 10 años, pero a los 15 quedó libre. Se fue hasta Avellaneda, aunque el desenlace en Racing se repitió después de una temporada. Volvió al club de Núñez con Gabriel Rodríguez, el técnico que lo había llevado la primera vez. Pero el regreso tampoco funcionó. Sin jugar ni vislumbrar que tendría chances de hacerlo, pidió el pase y se lanzó a la travesía europea.

“Al principio creía que iba a estar en River toda la vida, que con tanto tiempo ahí  no me iban a dejar libre y llegaría a jugar en la primera. Y la verdad es que no hacía méritos. Nadie te va a regalar nada si no te esforzás. No aprovechaba el contexto favorable que tenía. Es fácil echarle la culpa a otro cuando es de uno mismo. Salir de joda y juntarme con gente que no debía me llevaron por un mal camino”, asume con crudeza. “Ir a Italia era la última oportunidad que tenía para lograr lo que quería, mi sueño. Ahí cambié totalmente la cabeza, me convertí en otra persona. Se tuvo que dar así, necesité pasar por ese gran aprendizaje. Lo entendí en el momento justo, porque hay chicos que no se dan cuenta y terminan afuera del fútbol. Yo pude hacer el click después de ver un montón de cosas, como que le estaba fallando a mi familia con todo lo que ellos dejaban para que yo jugase al fútbol”.

Ahora el descanso es el que debe ser y la alimentación la que corresponde. No se aparta de los requerimientos que exige el fútbol de elite. La intensidad de los entrenamientos es complementada por todos los buenos hábitos que optimizan el rendimiento. “Hay mucho de la cabeza. Con lo que hacía en River y Racing no llegué a nada; al contrario, me echaban de todos lados. De esta manera, con lo que empecé a hacer en Europa, estoy logrando mis objetivos. Siendo un profesional sé que voy a llegar a donde quiero llegar”. El convencimiento con el que habla es el mismo que con el que juega.

Roma no lo esperaba, la hoja de ruta estaba casi en blanco. Con 17 años, el primer paso en la Ciudad Eterna inició una cuenta regresiva de 20 días para probarse en los clubes que lo recibieran. Mientras esperaba, contaba las vueltas al Coliseo. Una de las construcciones más imponentes del mayor imperio que se haya extendido en el planeta, un punto turístico que es un puente a la cuna de la cultura de occidente, para Santiago Colombatto era parte del circuito para mantenerse en buen estado físico.    

La primera semana transcurrió sin novedades y en la segunda, cerca de fin de año, consiguió una prueba en el Latina. Conformes con lo que había mostrado, los responsables de la institución de Lazio le pidieron que regresase a comienzos de enero para firmar su contrato. Después de pasar las fiestas en Ucacha, de vuelta en Italia la promesa que había recibido se esfumó. Sin lugar a dónde ir, sacó de uno de los bolsillos el papel con el número de teléfono de una tía. Era el salvoconducto que su madre le había dado ante cualquier inconveniente. Llamó a esa mujer que no conocía y como los lazos de sangre unen con una fuerza especial, recibió inmediatamente una irresistible oferta de hospedaje. Siete horas de tren lo unieron con su nuevo destino. Pensaba quedarse una semana, pero la estada se prolongó a un mes. Durante todo ese tiempo cruzaba a la cancha comunal que había enfrente para entrenarse con una pelota y armar circuitos de potencia con lo que encontrase por ahí. La frustración estaba apartada aún en ese destino incierto.

La convicción hacía que no se quedase quieto y lo acercó a Iván Ramiro Córdoba. Entonces viajó a Milán, donde el colombiano le consiguió un pequeño club donde ponerse a punto. Tras algunas semanas de acondicionamiento lo colocó en una prueba en la Juventus. “Anduve muy bien y ya tenía la ciudadanía, con cual pensé que me quedaba. Fabio Grosso, que era el técnico del segundo equipo, me quería. Pero como para firmar el contrato además debían pagarle a River y a Racing por los derechos de formación, decidieron no hacer ese gasto”.

La puerta que se había cerrado en Turín abrió una ventana en Cerdeña y el Cagliari lo fichó, aunque sin contrato. Como volante central del equipo de Reserva viajó a un torneo en Croacia al que le siguió un periplo de tres días en el aeropuerto de Fiumicino. Al regreso del certamen, en la escala en Venecia se separó del resto del plantel porque él regresaba a Argentina. Por una demora en el vuelo perdió la conexión. Debió esperar al otro día, cuando tampoco pudo salir por un malentendido. Recién al tercero logró embarcarse rumbo a Córdoba, después de dos noches en las que debió arreglarse con los únicos 50 euros que tenía, usándolos para comer lo que podía de unas máquinas expendedoras.    

En seis meses en Cagliari pasó del selectivo a firmar su contrato y jugar en primera. Debutó ante el Sassuelo y el segundo partido lo depositó en el estadio Giuseppe Meazza ante el Inter por la Copa Italia. En su temporada de estreno como profesional consiguió el ascenso, pero luego fue cedido a préstamo al Pisa, donde apenas estuvo un mes por un descalabro institucional. Recaló en el Trapani y anduvo bien. Claudio Úbeda lo vio y lo llevó al Mundial Sub 20 de 2017. A la vuelta del certamen en Corea del Sur el nuevo préstamo fue al Perugia. Un año ahí y una nueva cesión, esta vez al Hellas Verona.   

Protagonista desde el centro del campo de juego en la campaña del conjunto que remite indefectiblemente a Claudio Caniggia y Pedro Troglio, tuvo protagonismo en el ascenso conseguido. Su pase pertenece al Cagliari y el destino próximo todavía no está definido.

“Estoy creciendo, noto que cada año que pasa logro más cosas. Por eso ahora quiero estar en la Serie A, empezar a codearme con jugadores de primer nivel. Hace un montón que trabajo por la oportunidad que me permita demostrar que puedo participar de una liga fuerte. Mi objetivo es jugar en primera; si no es Italia, en España, en Inglaterra o en alguna otra liga”.

Atrás quedaron las vueltas al Coliseo, la convivencia con una tía a la que no conocía y las noches en un aeropuerto. Santiago Colombatto, el pibe que cambió después de asumir sus errores, está listo para afirmarse en el fútbol europeo.