Selem Safar

El especialista en administrar adrenalina

Disfruta de la presión, tiene una empresa de donuts, es jugador de Comunicaciones, dueño de títulos de la Liga Nacional y capitán de la selección en la última ventana de eliminatorias: un viaje a la vida del pibe que edificó su carrera desde Mar del Plata

Entiende el juego a la perfección. Sabe manejar los tiempos. Comprende cómo moverse. Se aleja de las luces, porque no le interesa demasiado ese asunto. Sin embargo, cuando los reflectores lo apuntan, adentro y afuera de una cancha, tiene las herramientas para resolver la propuesta. Tiene una forma de vincularse con los demás que bien le podría permitir no ser lo que es. No le gustan las frases de compromiso y es tan natural que hasta cuesta ponerlo dentro de ese “particular” universo de los personajes reconocidos del deporte. Su nombre no le es indiferente a nadie, no sólo por su origen sino también por lo que construyó con una pelota en la mano. Selem Safar, el basquetbolista, el pibe de Mar del Plata, el hombre de la donuts, el periodista en proceso, el deportista que posó desnudo para ESPN Magazine para la edición Body Issue, el capitán del seleccionado argentino en la última ventana de eliminatorias, el artillero de Comunicaciones, el dueño de varios títulos de la Liga Nacional, el papá de Tahiri…

Activo en las redes sociales, inquieto en su carrera deportiva. Corrientes, Mar del Plata, Junín, Boedo, son parte de su huella basquetbolera. La selección, una debilidad importante, tanto que en la última ventana de eliminatorias para la Americup 2021 se conmovió cuando advirtió que era el capitán del equipo ante Venezuela: “La verdad es que casi no caí todavía. En realidad tomé un poco de dimensión por la cantidad de mensajes que me llegaron felicitándome por eso, por ser capitán. Cuando está Luis (Scola) el capitán es él, pero ahora se dio que no vino y como soy uno de los más grandes en el equipo me tocó. Lo disfruté, me gustó”.

Extrovertido en su cuenta de Instagram, divertido y frontal en Twitter, Selem, de 32 años, tiene en su ADN deportivo una fuerte identificación con la Generación Dorada: “Es una escuela. Para mí esto que se habla de la Generación Dorada tiene que ver con el legado, no con los resultados. El legado que dejaron ellos de poner a la camiseta por encima de todo, de tener una conducta intachable cuando estás vistiendo la camiseta de la selección, todo ese legado quedó marcado para las futuras generaciones y creo que eso es lo más importante”.

–¿Qué te dejó la Generación Dorada que te sirvió para aplicar más allá del básquet?

–Mi alimentación cambió desde el día que llegué a la selección. Yo tenía 26 años, llegué medio grande. En el segundo año me tocó compartir equipo con Luis Scola, me dio consejos y tips en cuanto a la alimentación. Y me sentí muy bien con mi físico, sentí un cambio muy grande. Comía muchas harinas y fui cambiando la comida. Me fui dando cuenta que te cambia todo, el físico, la energía con la que te levantás, las ganas que tenés, todo. Así alargás tu carrera.

El básquetbol es su pasión, pero también necesita poner su cabeza en otras cuestiones. El periodismo deportivo fue una experiencia de estudio de un año en DeporTea, pero antes intentó estudios como visitador médico y hasta pasó por la abogacía. Hace un tiempo se involucró en otro mundo, por fuera del deporte: la gastronomía. Un grupo de amigos le propuso llevar adelante un proyecto vinculado a las donuts y allí arrancó todo. Comenzaron con un local de Don Us Company y el crecimiento resultó increíble: “Me gustan la donuts, pero realmente no las como porque cuando estoy en competencia no puedo. Lo hicimos porque un amigo me propuso abrir el local de donuts y acepté. Así salió Don Us Company. Nos está yendo muy bien. Estoy en contacto siempre, en lo que puedo ayudar desde afuera lo hago. Me gusta porque aprendo cosas por fuera del básquet”.

Se toma su tiempo para leer siempre que puede, aprovecha cada momento para compartir tiempo con su hija y se divierte con ella en cada oportunidad. Fue padre cuando tenía 22 años y esa responsabilidad lo hizo madurar de golpe. “Es lo más importante y hermoso que me pasó en la vida”, dice Selem y se advierte cómo su voz adquiere un alto grado de emoción.

Campeón de la Liga Nacional con Peñarol de Mar del Plata (en las temporadas 2011 y 2012) y con San Lorenzo (2016-17), es uno de los actores del básquetbol a los que le hierve la sangre cuando la pelota quema en un juego cerrado. Especialista en administrar adrenalina: “Aprendí a disfrutar la presión. Sergio [Hernández]. Leo [Gutiérrez] y todo el equipo de Peñarol, en esos años en que estuve en Mar del Plata, me enseñaron a disfrutarla y a no sufrir por eso. Me gusta jugar esos partidos en los que quema todo; son los que más disfruto. Aunque seguramente tuve rendimientos malos también en esas circunstancias. Sí es verdad que siento algo diferente en esos casos. Pero debe de pasarles a todos los jugadores. Jugar una final es lo más lindo del mundo. Y en San Lorenzo el primer año el equipo jugaba muy bien, realmente no había con qué darle colectivamente, defensivamente. Fue el mejor equipo que me tocó compartir. Y aprendí a disfrutar más que nada, disfrutar todo lo que aprendí en mi carrera”.

–¿Sos futbolero?

–No, la verdad que no. Casi que ni miro fútbol. Sólo miro partidos que sean importantes o cuando juega la Selección Argentina.

Sin embargo, ante la consulta de qué personaje del deporte traería de un retiro para volverlo a ver jugar, Selem no duda ni por un instante y su pasión lo lleva hacia Diego Maradona: “Tengo algunos recuerdos, pero nunca lo vi. Sí vi videos. Y por todo lo que se habla y se dice de él, me gustaría verlo jugar nuevamente como cuando era su época de gloria”.

Su sentido del humor es parte de su esencia y su temperamento un puntal. Ya no está atento a lo que los demás pueda decir de él y cuenta parte de su vida sin problemas. Por eso es un artesano en los detalles de anécdotas geniales, como la que alguna vez le tocó vivir por llamarse Selem Safar: “Íbamos a Puerto Rico. Era la primera vez que viajaba con la selección y la primera vez que entraba a los Estados Unidos. Recuerdo que hicimos escala en Miami. Todos presentaban el pasaporte y pasaban para el freeshop. Cuando entré a migraciones, una chica me pidió el pasaporte. Se va y cuando vuelve me dice: ‘acompañame por acá’. Me largó en una piecita con 10 o 15 personas más que estaban esperando y me dice: ‘Te tenés que quedar acá hasta que vean el pasaporte y te dejen ir’. Y se fue. Pasaba el tiempo y no me atendían, tenía miedo de perder el vuelo. Me llamaron dos o tres veces para hacerme algunas preguntas. En un momento se puso medio picante porque me preguntaron ‘¿por qué te llamas así?’ Yo les dije porque mi abuelo vino de Siria. ‘¿Y cómo era tu abuelo?’ No sé, ni idea les dije, no lo conocí. ‘¿Pero tu abuelo sabía manejar armas?’ ¡Qué carajo sé si sabía manejar armas! ‘Y ¿vos sabes manejar armas?’ Noo, ni loco. En el Counter Strike nada más. Después me preguntaron cuánto ganaba, no entendían que pudiera vivir del básquet y no estudiar. Hasta que se dieron cuenta que no tenía nada que ver con una red terrorista y me dejaron ir. Fue heavy”.

Termina de contar la historia y estalla en una carcajada, una fórmula que en redes sociales contó que es casi terapéutica para él. No se queda quieto, porque necesita que las cosas le sucedan. Es claridad y energía y todo al mismo tiempo. Es cordialidad y contracción al trabajo. Simplemente Selem Safar.