Markarián

Sabiduría oriental

El entrenador uruguayo de larga trayectoria se compromete desde su cargo en la asociación de técnicos de su país y aporta su mirada sobre la actualidad del fútbol sudamericano.

Sentado frente al televisor, ante lo que observaba, asumió que era momento de dejar de lado la comodidad y regresar a esa vocación que crepitaba con un fuego que nunca se había extinguido. El disparador se había activado lejos de las orillas del Río de la Plata, en Alemania. El 15 de junio de 1974, Sergio Markarián observó en su casa de Montevideo la victoria de Holanda 2-0 ante Uruguay. El análisis de la superioridad del equipo dirigido por Rinus Michels, comandado por Johan Cruyff y con Jhonny Rep como goleador aquella vez en Hannover lo hizo volcarse definitivamente al fútbol como el destino profesional de ahí en adelante. Estaba seguro que la preparación de los entrenadores ya exigía mucho más que solo armar un equipo y apostar a la impronta y la picardía. Supo que avanzar en nuevas metodologías de preparación eran indispensables para no perder terreno.

La mayor parte de su niñez y adolescencia transcurrió en Argentina. Durante 12 años el destino familiar se había radicado en el sur del Gran Buenos Aires, en Lanús, y en esa barriada Markarian había recorrido el camino para ser futbolista; en el Granate y en otros clubes menores de la zona. “Me crié con el sentir y el gusto futbolístico argentino”, reconoce con orgullo.

De regreso en Montevideo el fútbol quedó atrás para los trabajos empresariales que lo habían llevado a una buena posición económica. Había alcanzado un status gerencial que le dan un alto confort. Pero aquel Holanda-Uruguay, en el umbral de sus 30 años, lo movilizó para dejar un ingreso privilegiado y comenzar a prepararse para ser entrenador. Pasó a vivir con menos comodidades, aunque con mayor pasión. Entonces recorrió un largo tránsito hasta convertirse en un técnico de referencia en el ámbito sudamericano.    

Actualmente es dirigente en la Asociación Uruguaya de Entrenadores de Fútbol, desde ese espacio motoriza ciclos de conferencias, foros y propuestas gremiales. A los 74 años, lleva cuatro temporadas sin dirigir, desde que a mediados de 2015 se alejó de la selección de Grecia. Lejos del retiro y con ganas intactas de seguir dirigiendo, espera alguna propuesta que le permita desarrollar su trabajo.

“La tarea de los entrenadores ha ido cambiando porque hay nuevos requerimientos y por eso se requiere cada vez más preparación. Los técnicos no solo tenemos que manejar todos los conceptos futbolísticos, con criterios desarrollados para comprender el juego, sino que debemos ser transdisciplinarios. Debemos saber de anatomía y fisiología para comprender el impacto del entrenamiento en el organismo y cómo adecuar una carga de trabajo, relacionarse con preparador específicos que debe haber en los cuerpos técnicos, incluir a psicólogos, coaches, saber los tiempos de la medicina deportiva, tener buena capacidad de comunicación, liderazgo y ser ético en el más alto profesionalismo. Cada día debe utilizarse para tratar de mejorar”, le cuenta a Enganche con pasión en una comunicación telefónica en la que vuelca un concepto tras otro con sabiduría.

Considera que nuestra parte del continente ha dejado de generar futbolistas con calidades que marquen diferencias y destaca a Uruguay y Colombia como los países que en este sentido están mejor parados. En el resto de los países miembros de la Conmebol considera que la producción de talento se ha deteriorado. Y explica lo que sucede en Uruguay: “Acá hay 60.000 chicos registrados que cada fin de semana compiten en los clubes. Cada uno tiene seguimientos médicos y de competencia, con contención y explicaciones para ellos y sus familias. A los 12 años ya tiene un recorrido y en una selección Sub 15 pese a su juventud se paran en la cancha con una alta conceptualización del juego. El poderío del fútbol uruguayo es producto de su trabajo en el fútbol infantil”.   

El terreno político del fútbol también es un tema en el que Markarian se zambulle. Considera que los 20 años que se cumplirán en el próximo Mundial sin un campeón sudamericano no responde solo a cuestiones futbolísticas. “El poderío de nuestro fútbol en la FIFA ha disminuido y es la UEFA la que comanda todas las propuestas. La representatividad sudamericana ha decaído notoriamente. Las reglas, los calendarios y las migraciones han actuado en favor de los europeos”. “En tiempos de (Julio) Grondona el fútbol sudamericano había perdido poder. Incluso ese era un tipo de poder al que yo soy contrario, que combato. Me refiero a un poder que dé transparencia, busque la verdad, apunte a un fútbol que aleje a los que solo quieren lucrar, combata a las corporaciones y haga que en la chanca se enfrenten once contra once con lealdad y sin injusticias”, enfatiza. Sabe que es una lucha que llevará mucho tiempo. Pero el análisis de situación no es pasivo, sino que ha dado lugar a la acción. Así, desde la agrupación de técnicos que compone le llevaron a la Asociación Uruguaya de Fútbol una propuesta para buscar aliados en el contexto sudamericano para lograr una voz más firme en la sede de Zurich.

“El VAR es un invento europeo para tratar de bajar el nivel de injusticia a los partidos, porque las hubo y hasta han definido campeonatos. El VAR logró efectivamente bajar el nivel de injusticias, pero al ser manejado por personas y siendo el árbitro principal del campo la autoridad superior en un partido, no te libra de las injusticias, como sucedió en Argentina-Brasil. Hay que mejorar el sistema y mejorar también a los árbitros; no solo es cuestión de tecnología para la transparencia y la justicia”, explica sobre el sistema de asistencia por video en el arbitraje que tanto protagonismo ganó en la Copa América.             

Con precisión y claridad, Markarian diferencia sistema, táctica y estilo como tres elementos clave y en los cuales el fútbol argentino entró en una nebulosa que no logra sortear. “El sistema de juego es el parado de los jugadores dentro del campo. La táctica tiene que ver con la decisión que tomará el entrenador con sus jugadores para definir, por ejemplo, si van a presionar por toda la cancha, a marcar la línea de pase o establecer dónde se intentará recuperar la pelota. Y el estilo se vincula con la preferencia por la longitud del pase, por el uso del espacio, por el ritmo. Los sistemas tácticos no definen estilos; el estilo es independiente del sistema, al igual que la táctica también es independiente del sistema. Las confusiones al no definir cada cosa en su lugar. Al futbol argentino muchas veces le falta un análisis inteligente de sus enormes posibilidades de hacer un fútbol más fuerte del que están demostrando”.

“Un proceso futbolístico no debe ser un entrenador, sino una organización superior que respete los planes de trabajo que se tracen. Hay que plantear objetivos y estrategias para conseguirlos en una línea de tiempo. La identidad futbolística y las posibilidades económicas tiene que ser contempladas y tener una visión que permita hacer las correcciones que sean necesarias en ese recorrido”, postula como ideal a perseguir. Y puntualiza en el caso argentino: “Si Argentina en lugar de tener siete y ocho técnicos en los últimos años hubiese tenido una conducción que asegurase una línea no hubiese cambiado un técnico por otro siempre con distintas concepciones”.  

Tan frontal en sus posiciones como profundo para argumentar y explicar su visión del juego, Sergio Markarián propone una mirada trascendental y un análisis que no se quede en el diagnóstico y se sostiene con propuestas. Siempre con la palabra justa.