Sergio Siano

Testigo de Dios

Sergio Siano, hijo del fotógrafo oficial del Nápoli durante sus años dorados con Diego, recibió el beneplácito de su padre para acompañarlo durante su labor. No solo presenció la simbiosis futbolística más paradigmática, sino que escudriñó varios de aquellos instantes excepcionales que formaron parte de las prácticas de un arte que lo convirtieron en un profesional de la fotografía. Hoy, le relata en primera persona a Enganche su experiencia como testigo del Maradona que marcó un antes y un después en la ciudad del sur de Italia.

Los personajes suelen ser recordados a través del tiempo y son distinguidos gracias a aquellos espectadores de lujo que registraron sus hitos. Momentos bisagras que, por supuesto, los convirtieron en las grandes figuras de la historia de la humanidad. Sin la obra Diálogos de Platón no habría mayores referencias sobre Sócrates; sin la producción literaria Vidas de los Doce Césares de Suetonio, no existirían pormenores de Julio César; sin Calístenes, tampoco el conocimiento de las menudencias del gran conquistador Alejandro Magno estarían vigentes.

Por eso, con el paso de los siglos, así como sucedió con los testigos de la historia, probablemente, Sergio Siano, hijo del fotógrafo oficial de Nápoli durante la década del 80, bien podría ser considerado como un eslabón fundamental para explicar a una de las celebridades más influyentes de la edad contemporánea.

A LOS OJOS DE SIANO:

Cierro los párpados y me encuentro en el año 1984. Mi ciudad tiene un aspecto tenue. Infeliz. Los últimos años han sido terribles. La guerra de la Camorra trajo consigo un increíble manto de muerte. Las noticias me perturban. Me reflejan la situación en la que estoy obligado a vivir todos los días. Pero por mi propio bien y, por el amor que le tengo a mi ciudad, decidí crear una existencia paralela. Un universo dedicado a capturar y narrar fotográficamente las infinitas bellezas de la metrópoli. Velozmente emergen las sensaciones de aquel 5 de julio. Veo otra vez a la gente adornar las calles con el rostro y el nombre que proviene de Barcelona y que, para nosotros, se transformó en sinónimo de esperanza. Esa energía, incluso, parece haber llegado al cielo que hoy luce descubierto luego de varios días encapotado. Quizás, finalmente, salga el sol para Nápoles. Miro el reloj ansiosamente y ya son las 18:20. Los altavoces del estadio San Paolo repiten una y otra vez “si no sucede ahora, no sucederá jamás”. La ilusión y la emoción son tan contagiosas como incontenibles. Todos sabemos que estamos ante un hecho histórico. Yo estoy en la grada. Más exactamente en el sector Curva A. Será la segunda vez de Maradona pisando el campo de juego del estadio. La primera fue ayer, a escondidas apenas arribado. Solo un puñado de afortunados pudieron presenciar ese primer encuentro. Entre ellos, mi padre. Mario Siano. Fotoperiodista del diario Il Mattino di Napoli y, desde los años 70, también el fotógrafo oficial del Società Sportiva Calcio Napoli. A lo lejos observo el túnel, y en él, una melena que se asoma sigilosamente entre el enjambre de periodistas y fotógrafos que lo esperan en las escalinatas. Es el comienzo de la mejor combinación que pudo apreciar el fútbol. Diego está frente a nosotros. Se presenta ante la ciudad. Su ciudad. Porque desde hoy le pertenece y así será para siempre.

PRIMER CARA A CARA:

Pasaron pocos días de su presentación y al fin lo veo de cerca por primera vez. Estamos en el polideportivo Soccavo, más conocido como Campo Paradiso (Campo del Paraíso). Lleva este nombre incluso antes de que llegue el Dios del fútbol. Me tiemblan las piernas. Estoy tan emocionado que tengo la convicción de que se me erizará la piel cuando lo rememore. Lo miro y lo siento realmente auténtico. Diego también me mira y me sonríe. Descubro enseguida su costado más sensible. Él sabe que apenas tengo 16 años y que estoy dando mis primeros pasos como fotoperiodista. Profesión en la que comencé a incursionar gracias a mi padre y a mi hermano Riccardo, cinco años mayor que yo, quien trabaja como reportero gráfico para un periódico llamado “Ultimissime, Il Giornale di Napoli”. Será el primero de varios momentos en el Campo Paradiso.

“En esta imagen se percibe la idílica relación entre Maradona y el balón. Esa es su expresión más frecuente. Casi exultante cuando estaba solo en medio del campo con el balón”

LOS PARTIDOS QUE SE REVIVEN EN SU MEMORIA:

Es 20 de octubre de 1985. Napoli debe enfrentar al campeón del último Scudetto, Hellas Verona. Un equipo fuertísimo. Cada vez que Diego toca la pelota tiene una montaña de jugadores que lo marcan. Hay mucha tensión por el partido y el silencio es absoluto. Yo estoy a la izquierda del arco, poso la cámara sobre el cartel de publicidad para captar alguna imagen.  Entonces, en ese instante, capto el comienzo de la jugada del gol de Diego. En lo único que puedo centrarme es en el seguimiento de la pelota. La forma en la que planea y la manera en la que ingresa al arco. El rugido del gol nos ubica en que ha sido extraordinario. Todos los presentes estamos impresionados. De tal manera, que olvido gatillar para tomar más imágenes. Pero en apenas un pestañeo, vuelo hacia el 20 de noviembre del mismo año porque viviré algo que nunca borraré de mi mente. Es uno de los partidos más importantes frente a Juventus. Hay un tiro libre para Nápoli dentro del área. De por sí, una jugada particular. Me encuentro a la izquierda del arco. Pecci, que permanece junto a Maradona, no le quiere tocar la pelota para que Diego le pegue. “Es imposible, Diego”, se escucha. Y Diego solo repite: “Pasamelá, pasamelá”. Finalmente, Pecci le da el pase y pulso rápidamente porque sé que algo está por pasar. El fotógrafo percibe todo. El humor, la intensidad. De repente es gol y todos nos miramos incrédulos porque era realmente imposible. El rostro de Tacconi (arquero de Juventus), lo dice todo. No puede creer el gol que le han convertido.

PERCEPCIÓN SOBRE DIEGO:

Lo sigo permanentemente. Siempre atrae la atención de todos los que estamos in situ. Analizo su rostro y presiento un velo de tristeza en su mirada que logra llenarse cada tanto en algunas ocasiones. Él tiene el deseo de vivir la ciudad como uno más, como un ciudadano común. Su origen social lo vincula de inmediato a los napolitanos y a su deseo de hacer el bien. Está en su instinto. Diego es una buena persona por naturaleza y lucha por la redención de la ciudad. A pesar de mi corta edad, noto que el único momento en que puede sentirse libre es cuando está dentro de la cancha. Se mueve con una facilidad increíble, tan irresistible en el campo como frágil lejos de los ojos de los medios. Necesita oxígeno. Lamentablemente se ve obligado a vivir en secreto porque donde quiera que va se forman multitudes. Debe ser terrible para él. Por eso empezó a transitar la noche y quizás, ahí, cometa algunos errores.

“No solo fue el capitán del equipo, también fue el capitán de los napolitanos”

EL INSTANTE MÁS VISCERAL:

Viajo al 18 de febrero de 1990. Nápoli y Roma juegan en el San Paolo por la fecha 25 de la Serie A. Diego convierte el segundo y tercer tanto de penal. En el tercer festejo aprovecho y me abalanzo sobre él. Me abraza como si fuera uno de sus compañeros. Son solo unos segundos. El estadio está lleno y la hinchada grita el gol desaforadamente. Me siento como un jugador más. Me tiembla todo el cuerpo y no puedo continuar con mi trabajo. Este momento lo llevaré para siempre en mi corazón. La fotografía dura un instante, pero esta foto durará toda mi vida. Siento una emoción difícil de describir.

Nápoli 3 – Roma 1

LA MAYOR ALEGRÍA:

10 de mayo de 1987. Nápoli logra su primer Scudetto. Tengo la certeza de que es el día más hermoso y más emocionante de todos los festejos de cualquier día que haya habido en la historia la ciudad. Nunca volveremos a ver a Nápoles tan feliz y tan unida. Será irrepetible.


Primeros instantes posteriores al último partido de Maradona en Nápoli. “Siempre terminaba sin camiseta porque era codiciada. Siempre volvía al desnudo, pero el brazalete de capitán le quedaba pegado al brazo. Por eso esta imagen es todo un símbolo. No solo fue el capitán del equipo, también fue el capitán de los napolitanos”.

UN TRAGO TAN AMARGO COMO EL TÍPICO CAFÉ NAPOLITANO:

Diego escapa de Nápoles. Se fue de la ciudad y lo vivimos como un duelo. Es muy triste. No lo merecen ni los napolitanos ni Maradona. Pero sabemos que el doping y la relación con Corrado Ferlaino (presidente de Nápoli) no es la mejor. Siempre imagino si habrá un partido de despedida. Es una pieza que no puede faltar en el maravilloso mosaico de Diego y Nápoli. Quizás, algún día, ese partido suceda.

LOS RESABIOS QUE DEJÓ SU DESPEDIDA:

No volví a la fotografía deportiva. De hecho, ya hace cuatro años que no voy al San Paolo. Sigo siendo fanático del Nápoli, pero ya no soy tan apasionado por el fútbol como antes. De Diego solo me quedó una camiseta que la guardo como si fuera una reliquia de un santo. Espero cruzarlo aunque sea una vez más. Sé que es difícil. Lo volví a ver cuando regresó para el partido de despedida de Ciro Ferrara. Más allá de la distancia, él está en mi corazón. Tan adentro, que cuando alguien lo critica no lo escucho. No lo escucho. No hablo con alguien que critica a Maradona y mucho menos puede ser mi amigo.

EL REGRESO AVENTURADO:

Que Maradona vuelva es algo que tanto yo como Nápoles necesitamos y esperamos todos los días. Pero aunque no suceda, Diego seguirá siendo único para siempre. Si volviese como entrenador, seguro que traería mucha ilusión. Pero yo no volvería a fotografiar fútbol, es parte de mi pasado y lo mejor ya lo pasé con él. Hoy fotografío principalmente las bellezas de mi ciudad.