El fútbol en tiempos de Apartheid

Sudáfrica, la otra cara del apartheid de la pelota

Detrás de la conocida historia del rugby como vehículo conductor de las tensiones raciales en el país africano, el fútbol emerge como un relato incontestable que inscribe a la historia de la nación a la que liberó Nelson Mandela.

El historiador sudafricano Sean Jacobs es claro: “El hecho significativo en la disputa racial en Sudáfrica no es el rugby, es el fútbol”. Pues es en este deporte donde se cristalizan de manera más explícitas las tensiones que surgieron antes, durante y después del apartheid en el ámbito deportivo, con sus implicancias culturales y políticas. Sin embargo, aún si para quien lo ve de lejos el rugby es el deporte predilecto en Sudáfrica, el fútbol también es un lienzo en el que se dibuja aquella historia.

El fútbol llega a Sudáfrica, como en casi todo el mundo, de la mano de las dos grandes potencias europeas que se disputaban el control durante la segunda mitad del siglo XIX: Holanda y Gran Bretaña. El primer partido registrado se da en 1862 entre soldados y trabajadores blancos de Ciudad del Cabo y Puerto Elizabet. En 1879 se funda el primer club, el Pietermaritzburg County Football Club, que solo admitía jugadores blancos en su equipo. La segregación racial en el fútbol sudafricano ya estaba inscripta desde su origen mismo. Así fue como distintos clubes de jugadores negros o indios se fueron creando y comenzaron a jugar por separado. El epítome de este hecho es la fundación de la South African Football Association (SAFA) en 1892, sólo conformada por miembros de “descendencia europea” y que se afilia posteriormente a la Football Association británica. 

El Pietermaritzburg County Football Club.

La institucionalización del fútbol en Sudáfrica trajo también consigo la institucionalización de la segregación racial en ese ámbito. Rápidamente, el fútbol se empezó a expandir por todo el territorio sudafricano en momentos donde las llamadas Repúblicas de Boer (de donde surgen los afrikaners, un grupo étnico con raíces neerlandesas) eran derrotadas y anexadas al territorio de raíz británica. A la SAFA se le opusieron una serie de asociaciones de clubes negros e hindúes, que veían insultante su ausencia o las condiciones leoninas que se les “ofrecían” para ingresar, tales como la no mezcla de jugadores de distintas razas en un mismo equipo e incluso la imposibilidad de disputar los mismos torneos. Incluso así, dos ítems marcan lo importante que fue Sudáfrica en la globalización del fútbol en los inicios del siglo XX: la exitosa gira de su selección por Sudamérica, donde venció en 11 partidos de 12 ante distintos combinados de Argentina, Uruguay y Brasil, y el hecho de ser la primera nación no europea en ser afiliada a la novel FIFA en 1910.

Sin embargo, y a pesar de estos éxitos, las clases dominantes de descendencia europea (ya sean británicas o neerlandesas) no veían al fútbol con los mismos ojos que a otros deportes que ganaban terreno entre sus castas, como el cricket o el rugby. Había motivos culturales, pero también incluso futbolísticos: los jugadores negros eran claramente superiores a los blancos, lo cual no hacía más que quitarle interés entre la élite que se refería a este deporte como un “juego de africanos”. Esto produjo dos claros efectos. En primer lugar, retrasó su desarrollo, ya que a los conflictos políticos entre las distintas asociaciones se le sumaba la poca inversión económica que no permitía algún grado de profesionalización. En segundo lugar, el fútbol comenzó a ser realmente popular entre la población negra y atrajo grandes multitudes a partidos no sólo de sus clubes, sino también incluso a cotejos disputados bajo el paraguas de la SAFA, que permitían el público negro, aunque siempre con la segregación correspondiente. El club que se nutrió mayormente de este fenómeno es el histórico Orlando Pirates, fundado en 1937, y hoy uno de los dos grandes equipos del país junto a su clásico, el Kaizer Chiefs.

Orlando Pirates de 1949

El regreso de los afrikaners al poder tras la Segunda Guerra Mundial trajo consigo leyes que regulaban las distintas razas y limitaban las interacciones y las posibilidades de las mismas. Así, con la llegada del Partido Nacional al gobierno, comienza el denominado apartheid, un sistema de segregación racial institucionalizada. El apartheid no fue más que una formalización y un endurecimiento de las distintas formas de segregación que ya existían en aquel entonces. El fútbol también se convertiría en un territorio de disputa durante los tiempos venideros.

Las asociaciones “alternativas” se nuclearon en la llamada South African Soccer Federation (SASF) con un claro signo de lucha anti-apartheid. El objetivo ya no era ser miembro de la federación oficial: era competirle. Esta disputa política se dio tanto a nivel interno como externo. En el plano internacional, la SASF intentó afiliarse a la FIFA, alegando que la SAFA (que en ese momento estaba suspendida) no representaba a Sudáfrica debido a sus políticas segregacionistas. Su solicitud fue negada, pero la FIFA envió una comisión para “normalizar” la situación. La tarea fue infructuosa e incluso terminó en una vuelta de la SAFA al organismo internacional. En ese entonces también emerge la Confederación Africana de Fútbol (CAF), que en un primer momento sólo incluía a los únicos cuatro países independientes del continente africano: Egipto, Sudán, Etiopía y Sudáfrica. Si bien la SAFA estaba formalmente afiliada, las disputas en torno al apartheid fueron divisoras desde el principio, lo que culminó con la primera edición de la Copa Africana de Naciones, que se disputó en 1957 en Sudán y de la que Sudáfrica no participó por negarse a enviar un equipo compuesto por jugadores de distintas razas. 

Sudáfrica también iba a estar en el eje de la problemática relación entre la CAF y la FIFA que se desarrolló en el conocido boicot africano al Mundial de Inglaterra 1966, donde se pedía por la no admisión de Sudáfrica y por cupos directos clasificatorios. Finalmente, en 1964, y a pesar de los intentos por evitarlo del presidente de la FIFA, Sir Stanley Rous, se la suspende y luego es expulsada de la Federación, de la que volvió recién a formar parte en 1992, con el apartheid en proceso de retirada. En una nota aparte, los intentos de Rous por salvar a Sudáfrica le valieron su caída, cuando el brasileño Joao Havelange se unió a los miembros de la federación africana (que para la década del ’70 ya eran muchos más debido a los movimientos independentistas) y pudo ganarle la elección. Con ello, el conflicto interno del fútbol sudafricano ayudó a darle forma a la política internacional del fútbol tal como la conocemos hoy en día.

Volviendo al plano local, el apartheid significó un obvio retroceso a algunos intentos por avanzar hacia una cierta integración entre las asociaciones y los equipos. Para los clubes vinculados en la SASF, esto significaba no poder disputar partidos oficiales, e incluso los propios torneos organizados por esta federación se debían jugar en muchos casos de manera clandestina o a puertas cerradas, ya que las autoridades no permitían disputar dichos encuentros. Debido a esto, los registros de esta época son más bien escasos, ya que los clubes por temor a represalias no guardaban testimonios y, en otros casos, directamente fueron destruidos por las fuerzas de seguridad. Curiosamente, los más interesados en disputar partidos clandestinos con los equipos negros eran los futbolistas blancos, que tenían la certeza de que la mejor forma que tenían para mejorar era jugar contra ellos, quienes los superaban ampliamente. Muchos de estos duelos atraían grandes multitudes, algo que rápidamente llamó la atención al Congreso Nacional Africano (o ANC por sus siglas en inglés), que en ese momento estaba proscripto y que luego subió al poder de la mano de Nelson Mandela. Ya hay reportes de que en 1944 las recaudaciones de muchos partidos de los clubes negros se destinaban directamente a financiar a la ANC, de manera que el fútbol también sirvió como sostén económico de la organización aún durante el apartheid. También se conformaban combinados que viajaban naciones cercanas, como una forma de visibilizar su lucha. Estos partidos también le servían a la ANC para poder reunirse sin levantar sospechas, ya que se podían disimular a sus líderes entre la multitud.

En 1959 se forma la primera liga profesional de fútbol en Sudáfrica, la National Football League. La misma sólo permitía equipos de la SAFA. Es decir, blancos. A pesar de esto, la liga gozó de cierta popularidad entre toda la población sudafricana. Esa euforia se fue eclipsando con la creación de una liga paralela, esta vez para equipos negros, en 1971: La National Professional Soccer League (NPSL). La calidad de la NPSL y la masividad de sus equipos, en especial los dos gigantes de Soweto que dominaban el torneo, rápidamente tomó por asalto el lugar de la primera división de facto, aún sin el reconocimiento de la SAFA. La caída de la NFL no se fue sin claudicar las banderas simbólicas que erigieron, ya que muchos equipos pretendieron jugar con futbolistas negros, quienes por sueldos bajos ofrecían mejores rendimientos. Esta competencia entre ambas ligas finalizó con la fusión de la NFL a la NPSL. Dicha fusión permitió que los equipos pudieran ser integrados por jugadores de distintas etnias de manera oficial. De esta manera, por ejemplo, los blancos podían alinear hasta tres jugadores negros en sus planteles si así lo deseaban.

La NPSL tuvo a Banks Setlhodi (Orlando Pirates) como uno de los jugadores más destacados de los 70 y 80 en la era dorada del fútbol sudafricana.

Así el fútbol pudo mantener cierto trato “especial” durante las últimas décadas del apartheid, también amparado en el desgaste natural de tantos años de opresión política. Mientras Mandela miraba jugar al fútbol desde su celda solitaria a sus compañeros y a los prisioneros políticos de la ANC en la cárcel de la Isla de Robben, la profesionalización y el dinero invertido en el fútbol profesional comenzaron a crecer. Los estadios se volvieron lugares fértiles para la protesta política, mostrando banderas y cantos contra el régimen que ya iba perdiendo su fuerza y poder. Finalmente, en los inicios de la década del noventa, con la caída del apartheid y el cambio de gobierno, la ANC llega al gobierno mediante elecciones democráticas. El 10 de mayo de 1994, Nelson Mandela asume como presidente de la Nación. Los festejos incluyeron un partido de fútbol amistoso entre Sudáfrica y Zambia en el Ellis Park de Johanesburgo. En el entretiempo, un helicóptero se posó sobre la mitad de la cancha y de él descendió el nuevo presidente para saludar a los hinchas y a los jugadores, que luego derrotaron 2 a 1 al conjunto visitante.

La preocupación de Mandela por unificar a la nación tuvo al deporte como un soporte vital de tal objetivo. El fútbol no escapó a esta consigna, no sólo para tratar de superar las divisiones raciales del pasado, sino también para apaciguar los focos que se fueron creando en toda la población. Así, Mandela medió él mismo para que las hinchadas del Orlando Pirates y el Kaizer Chiefs dejaran de pelearse. Ese logro continúa hasta hoy, donde el Derby de Soweto presenta una inusual escena en el fútbol africano: hinchas de ambos equipos compartiendo el estadio. Ese acuerdo sirvió incluso para distender las tensiones sociales creadas por la política, con, por ejemplo, la VodaCom Challenge Cup, donde un combinado de jugadores de ambos equipos disputó distintos partidos con conjuntos de la provincia de KwaZulu-Natal, que en ese momento vivía momentos de tensión. El fútbol servía como unificador de la población ante un objetivo en común. Una vez que la FIFA le permitió a Sudáfrica volver a integrarse al plano internacional, la selección nacional fue el otro gran aporte del fútbol a dicho objetivo. Dos certezas colaboraron: la clasificación al Mundial de Estados Unidos en 1994 y el título logrado en casa por la Copa Africana de Naciones disputada en 1996.

Mandela y el logro de llevar un Mundial a África.

La función política y cultural del fútbol en Sudáfrica siguió y se manifestó en su magnitud con el Mundial disputado en esa nación en 2010. De vuelta Sudáfrica daba el puntapié inicial al ser la primera Copa disputada en territorio africano. Ya con Jacob Zuma en el poder, el objetivo del Mundial era otro: no se trataba de unificar a la población, se trataba de exportar esa “unión” al mundo y mostrar las grandezas de la nación que venció al racismo sin una guerra civil. Si dichos objetivos se cumplieron o sin son reales, escapa por lejos a los fines de este artículo. El desarrollo y el camino que tuvo el fútbol en Sudáfrica es lo suficientemente elocuente. También lo es la historia del propio país.

*Nota: En el artículo se utilizan de forma “libre” términos como “raza”, jugadores o clubes “negros” o “blancos”, etc. El autor es totalmente consciente de la aplicación del término y lo usa solo porque así es utilizado por los académicos sudafricanos para simplificar las categorías y hacer más entendibles las lecturas. En ningún momento se pretende darle validez a teorías racistas desmentidas tanto por la genética como por cientos de estudios antropológicos y sociológicos.