Tecnología y récords, la receta para salvar al atletismo

En medio de la pandemia por Covid-19, el deporte organizado más antiguo del mundo asiste gustoso a una fórmula prescripta al calor del marketing deportivo. Lluvia de plusmarcas para dejar atrás el vacío existencial que, en 2017, provocó el retiro del jamaicano Usain Bolt.

En 2017 el universo del atletismo creyó asistir a una lenta y tenue hecatombe existencial con el retiro de Usain Bolt post Mundial de Londres. Tras la fatídica final de la posta 4×100 metros, las preguntas se multiplicaron como una catarata. A raudales. Aunque todas, en verdad, en base a una sola cuestión: ¿Y ahora, sin Bolt, quién se pondrá la corona? Nadie, absolutamente nadie, tenía una respuesta. Es que la partida definitiva del jamaicano marcaba un punto de inflexión para el deporte organizado más antiguo del mundo.

El prodigio Bolt había irrumpido en la primavera de 2008 en Nueva York. En su tercera carrera de 100 metros batió el récord del mundo con una marca de 9.72 segundos. Hasta allí, es cierto, lo suyo parecía destinado a una sola prueba: los 200 metros. Su porte físico (1,95 metros y sus interminables piernas) lo sacaban del foco para ser considerado un especialista dado que los 100 metros parecían quedarle cortos. Pero no. En Pekín 2008 lo suyo fue una explosión que lo catapultó al estrellato. Su Everest deportivo lo abrazó un año después, en el Mundial de Berlín 2009, con los récords aún vigentes (9.58 segundos en los 100 y 19.19 en los 200 metros). Ocho veces campeón olímpico y 11 veces monarca mundial, Bolt pareció haber venido, usted elija el que prefiera, o del futuro o de otro planeta. Carisma y talento en dosis iguales. Y dotes deportivos, por supuesto, para manejar cada competencia a su antojo. Arrogancia y festividad. Un mesías proveniente de las tierras caribeñas que lo erigieron por encima del propio Bob Marley, el otro Dios jamaicano. Un redentor de carne y huesos que los solemnes auditores que se sientan en los palcos del poder se apropiaron como si les perteneciera. Y, en verdad, Bolt nunca fue suyo. Bolt siempre fue ese chico de Trelawney, en la Jamaica profunda, que disfrutaba y se divertía con el pueblo, con la plebe. Todo, mientras los casos de doping, la carencia de figuras mediáticas y el rating se caían estrepitosamente. Ante semejante panorama, Bolt apareció siempre como la única respuesta para mantener el interés y alejar del jaque al atletismo

Pero claro, nadie es eterno. Único, sí. Mas inmortal, jamás. Y Bolt perdió la carrera que nadie gana. Nunca. La del reloj biológico que se alineaba con sus ganas de dedicarse a otras lides. Su última vez, acaso, fue tan cruel como efímera. Ese 11 de agosto de 2017 no empaña ni un céntimo un recorrido que sacudió los cimientos de la World Athletics (ex IAAF, hoy WA) y la obligó a reformularse como entidad ni bien Bolt se cayó en el tartán del estadio olímpico de Londres. Justo ahí, en sus propias tierras, Sebastian Coe, el Sir inglés que cosechó las medallas doradas en 1500 metros en Moscú 1980 y Los Ángeles 1984, desde la presidencia de la WA intenta salvar al atletismo de un precipicio que excede a la propia partida de Bolt. Por caso, el Mundial de Doha 2019 fue otro cisma que, tal vez, pocos recuerdan pero bien vale de ejemplo el maratón femenino que se corrió en un verdadero infierno de 32,7 grados y 73% de humedad. Ante semejante contexto, apenas 40 mujeres terminaron la prueba, con un porcentaje de retiradas del 41%. Una cita en la que ex IAAF, es cierto, cosechó varios millones de dólares.

Se sabe, el deporte viene sufriendo cada día una mercantilización donde la televisión y el marketing deportivo juegan un rol preponderante. Y el atletismo no escapa a esta lógica mercantilista. Coe lo entendió desde mucho antes de asumir la presidencia de la WA en 2015 (va por su segundo período, desde 2019 a 2023). En su visión, nada alejada a una realidad casi palpable, cada día hay más personas corriendo por las calles y parques del mundo. A toda hora. Todos los días. Haga frío o calor.

El elixir al que se aferra hoy el atletismo es el fenómeno de los maratones alrededor del mundo. Buenos Aires, por ejemplo, tiene el maratón más masivo de Sudamérica con casi 10.000 corredores. Ni hablar del circuito de los Mayors (el Grand Slam maratoniano) con Nueva York, Chicago, Boston, Londres, Berlín y Tokio que aparecen como objetos de deseo. Detrás de estas pruebas con sello de oro, los maratones y también las carreras de calle con menos kilómetros convocan a millones de personas para atiborrar de clientes ávidos por comprar en un mercado de productos (ropa, zapatillas, relojes y demás implementos) que alcanza a una gigantesca industria que tiene siempre sus fauces listas para facturar.

Coe, histórico embajador de Nike, no subyugó lo inevitable sino que buscó unir dos mundos que no son tan opuestos. El de los puristas de un deporte casto que nunca vio con buenos ojos el prepotente desembarco del capitalismo más voraz e iracundo. Y el de los atletas populares que quieren sentir la misma energía que Eliud Kipchoge en cualquier maratón del mundo, aunque bastante más lento. Allí se explica la decisión de ampliar los Mundiales de atletismo de ruta a partir de 2023 que sumarán al de maratón y medio maratón los de 5km como un nuevo evento y podrán incluir otras distancias, como una milla en ruta o calle. En todos los casos, y cuando la pandemia lo permita claro, se prevé que las carreras masivas se lleven a cabo junto con los campeonatos de elite para permitir que los corredores recreativos (los que con sus inscripciones pagan buena parte de la faena que proveen a los organizadores) sean parte de un festival mundial de carreras en las calles. O el lobby para que el cross acceda al programa olímpico en París 2024.

Mo Farah

En este contexto, y en medio de la pandemia global por Covid-19, al atletismo le sobran los motivos para volver a sonreír. Los récords, impensados cuando el coronavirus comenzó a pulular por China, empezaron a sucederse. En agosto, la primera reunión de la Diamond League 2020 disputada en Mónaco concluyó con el ugandés Joshua Cheptegei, de 24 años, quien con 12m35s37 minutos pulverizó el récord del mundo de los 5.000 metros que ostentaba, desde 2004, el etíope Kenenisa Bekele (12m37s35 en Hengelo, Holanda). También allí, en la cita del Principado de Mónaco, uno de los hermanos noruegos Ingebrigtsen, en este caso Jakob, de apenas 19 años, cronometró 3m28s68 minutos para batir el récord europeo de 1500 metros. Una plusmarca continental que poseía el británico Mo Farah (3m28s81) desde hacía siete años cuando Jakob aún estaba en la escuela primaria.

Por la Diamond League de Bruselas, la holandesa Sifan Hassan impuso un nuevo récord mundial de la hora. La atleta nacida en Etiopía hace 27 años recorrió un total de 18.930 metros en 60 minutos, superando por 413 metros la marca mundial anterior, que había sido establecida por la etíope Dire Tune el 12 de junio de 2008 con un total de 18.517 metros. Sifan es una atleta tan versátil que, el año pasado, estableció el récord mundial de la milla (1609 metros) con un tiempo de 4m12s33. También estableció la plusmarca europea de los 3.000 con tiempo de 8m18s49 y los 5.000 metros con 14m22s12. Tanto las mujeres como los hombres contaron con el apoyo de un aparato de guía visual del ritmo, el Wavelight, que ilumina con su led el ritmo necesario para el récord (la televisión hasta se da el lujo de poner un holograma corriendo al lado del atleta). El somalí nacionalizado británico de 37 años recorrió 21.330 metros, mejorando también la marca de Haile Gebrselassie, que había establecido el 27 de junio de 2007 en Ostrava con 21.285 metros. Badi (somalí como Farah) que corre por Bélgica), por su parte, completó 21.322 metros, superando también la marca anterior.

En Praga, a principios de septiembre, la keniata Peres Jepchirchir recorrió la distancia del medio maratón en 1h05m34s, marca que se sitúa como el mejor registro en una carrera exclusiva para mujeres, en una prueba promocionada por la empresa deportiva alemana de las tres tiras.

Y hace unos días, en el NN Valencia World Record Day, de nuevo, el ugandés Cheptegei, con 26m11s02, mejoró los 26m17s53 de Bekele (del 26 agosto de 2005, en Bruselas). Campeón del Mundo en 2019, el ahora recordman de 5.000 y 10.000 metros en pista ya tiene otro reto a la vista. Conseguir la triple corona: ser campeón del mundo en pista, en ruta y en cross. Fue campeón del mundo en pista en Doha y de cross en Aarhus. Por eso, el 17 de este mes, tiene cita en el Mundial de medio maratón en Gdynia, Polonia (allí estarán los argentinos Florencia Borelli, Daiana Ocampo, Marcela Gómez y Joaquín Arbe), para conseguir un triplete que no lograron ni Paul Tergat ni Haile Gebrselassie. Minutos antes, la etíope Letesenbet Gidey, con 14m6s65 minutos, rebajó por casi 5 un récord (14m11s15) que desde 2008 mantenía su compatriota Tirunesh Dibaba.

Homologados los récords, en pruebas con un formato casi contrarreloj y alejadas de las pruebas tácticas como suelen darse en mundiales o citas olímpicas, se abre un debate sobre cómo y cuánto influye la tecnología desde los haz de luces hasta las zapatillas catalogadas como voladoras (con una clara tendencia al uso de placas de carbono dentro de la espuma superblanda de la mediasuela) en una guerra sin cuartel entre las marcas deportivas. Atrás parece quedar ese mojón abierto en 1954 cuando el británico Roger Bannister se convirtió en el primer ser humano en correr la milla en menos de cuatro minutos. Tiempos aquellos en los que la influencia de la tecnología no se imponía prepotente e indispensable como ocurre hoy.     

Con los Juegos Olímpicos de Tokio pospuestos para 2021 (¿se harán?) y con la pandemia que no da tregua, los récords le dan un nuevo empuje al atletismo que cada día abre más sus puerta al show. Y con ello, Coe y su troupe de dirigentes tienen motivos de sobra para abrazarse al ritmo del marketing deportivo, el verdadero ganador de una batalla sin límites.

Plusmarcas al 10 de octubre de 2020