Emanuel Villa

Tito, ese goleador que se fue para no volver

Emanuel, ese nieto que heredó el apodo de su abuelo, abandonó Argentina en 2005 y no volvió por culpa de sus goles. Lejos de ser algo de Pancho, aquel jefe militar de la revolución mexicana, el goleador ya no dice yo no es ese que decía "vos"... ahora dice tú.

Por Ángel Armando Castellanos

El fútbol regala historias de nuevas patrias cada vez con más frecuencia. A veces por razones ajenas y otras porque la pelota lo provocó. Emanuel Alejandro Villa fue parte de Huracán, Atlético Rafaela y Rosario Central hasta 2005; después no se supo más de él en la Argentina. Hoy no es que no se sienta albiceleste, es que adoptó a México al grado de que ya habla de “tú” y no de “vos” y conjuga imperativos como graves, no como agudos.

Supo darse y se ganó respeto en Atlas y Tecos. Fue por más, trabajó y se convirtió en ídolo en Cruz Azul y Querétaro. En el intermedio de su andar por México tuvo un paso por la Premier League con el Derby County y, entre idolatría e idolatría, una lesión de espalda lo obligó a retirarse temporalmente.

En charla vía telefónica con Enganche, ‘Tito’, apodo que heredó de su abuelo Ernesto (en rigor, primero era Titito), a los 38 años, asume la debilidad sin inmolarse. Paró porque su entrenador en Tigres no aceptó que se entrenara a menor intensidad, aún con la dolencia que padecía y no se operaba. Asume que no quedó conforme con la decisión de Ricardo ‘Tuca’ Ferretti, y hoy, con el curso de entrenador terminado, entiende que no fue un error.

-¿Cómo pasás esta etapa de confinamiento?

-Lo estoy pasando como el grueso de la población, imagino, en esta especie de cuarentena, sin ser obligatoria, pero responsable, haciendo lo mejor para evitar el contagio, para evitar exponer a las familias de uno y estando adentro, saliendo solamente por las cosas esenciales, esperando y rezando a que todo esto en un futuro no muy lejano.

-Sos de Casilda, provincia de Santa Fe, la misma ciudad de Jorge Sampaoli. Más allá de ubicarse por el fútbol, ¿tuviste alguna relación con él?

-Era vecino mío, vivíamos a 150 metros, a la vuelta de mi casa vivía y yo empezaba en el Club Atlético Alumni y él era el técnico de la Primera y sabía que estaba ligado al fútbol. En Casilda todos lo conocimos.

-¿Te llegó a entrenar cuando eras chico?

-Nunca lo tuve de entrenador, yo nunca llegué a Primera y él sólo dirigió Primera allá. Por la edad, yo tenía 15 años y eso no era normal. Necesitabas ser más grande para llegar a Primera y simplemente no se dio.

-Ya van a hacer 15 años de que te fuiste de la Argentina, ¿alguna vez pensaste o tuviste oportunidad de volver?

-No. Yo nunca pensé en que desde el día que me iba de mi país no iba a regresar y hablo de vivir, no sólo de jugar al fútbol. Hasta poco antes de retirarme, estábamos con la familia, estábamos con la duda de volver pasando el retiro. El fútbol nos fue llevando por diferentes ciudades de México y por Inglaterra. Uno va perdiendo un poco de identidad natal con su país, empiezas a formarte en otro, en mi caso en este, con mi familia, con mis hijos que nacieron acá, todo te va llevando a otras costumbres, otra cultura. Como futbolista nunca tuve la cabeza en volver, tuve oportunidades, me llamaron, pero nunca lo tuve en la cabeza. Antes de retirarme sí, pero para vivir, para estar cerca de los afectos.

-Hablás de la pérdida de identidad, ¿te dejaste de sentir argentino después de tanto tiempo en México?

-Es difícil dejar de sentirse de, pero una cosa son las costumbres o los valores que te inculcan de niño, las costumbres que agarras en una ciudad como Casilda, pero después está la otra parte, cuando te empiezas a formar, a crecer, empiezas a crear tus creencias y esta parte la empecé a vivir poquito después de llegar a México, sobre todo esta parte de creencias, de reafirmar valores, vinieron los niños y el mismo tiempo te va desarraigando, el perder el contacto -hablo del contacto permanente con la familia, de visitarlos, de verlos, sí hablas- pero en aquellos tiempos era simplemente poder hablar, estar al pendiente, vas empezando a mamar otra cultura, otras costumbres, vas forjando, vas incorporando otra cultura que en mi caso no tenía en Argentina, en Casilda. Vas generando otras creencias que te ayudan a pulirte y eso es lo que me ha ido pasando con el tiempo y me siento más mexicano que argentino. Conforme fueron pasando los años cambió la frecuencia, empezaron a venir mis familiares más para acá que yo para allá y el mismo.

Las lesiones son el peor enemigo de los futbolistas y a Emanuel lo obligaron a retirarse temporalmente en 2014 y no pocas personas en México dudaron que pudiera volver. Él, persistente, demostró que no sólo lo haría, sino que se convertiría en el máximo goleador en la historia de Querétaro.

-¿Pensaste que tu carrera podía terminarse definitivamente cuando paraste la primera vez?

-No, no, en absoluto, fue en su momento platicado con la directiva de Tigres, con Tuca. Venía teniendo un problema de espalda que no podía manejar, me empezaba a mermar en demasía (hoy estoy operado) y en ese momento se desataba en mi cuerpo esta molestia. En Tigres todavía estaba el tema de los cinco extranjeros, éramos solamente dos extranjeros, estábamos sólo Pulido y yo y yo no estaba bien, con ellos nos pusimos de acuerdo y de común acuerdo decidimos frenar, fueron literalmente cuatro meses de actividad, fueron de buscar una solución en la parte física. En el siguiente semestre volvimos y ya sin lesión.

-¿Qué fue lo que te pasó que al final fue tan grave?

-Un disco dañado, tenía una vérteba fuera de lugar, tenía un deterioro fuerte en esa zona de la espalda y en ese momento pararlo significaba tener un parate más prolongado e iba a ser doblemente costoso volver, iba a durar año y medio que fue lo que me costó cuando me retiré. Uno siempre que la maquinita anda bien.

-Independientemente de ese problema, para vos el físico fue una ventaja en muchas ocasiones, no era raro verte ganar duelos mano a mano. ¿El fútbol va en dirección de volverse aún más físico?

-Literalmente eso dice la tendencia y todas las tendencias apuntan a eso, a llevar al físico lo más al límite posible. Hoy hay infinidad de estudios para que el atleta tenga su físico en las mejores condiciones posibles y a lo mejor, desde que yo empecé a jugar, siempre me demandó más físicamente y sobre todo en este país, donde la parte física es fundamental por factores como la altura, que a muchísimos futbolistas les ha costado.

-Te fuiste de Argentina, triunfaste en México y entre tus dos etapas estuviste en Inglaterra. Con esta experiencia, ¿el fútbol mexicano sigue siendo poco valorado en Argentina?

-Ese concepto ha empezado a cambiar un poco. Cuando era niño ni pasaban el fútbol mexicano, ni te mostraba el noticiero, era una Liga que no la teníamos en el mapa, conforme pasó el tiempo, empezaron a pasar juegos, teníamos un canal, el de las Estrellas, empezaban a pasar juegos de a poquito y ya con continuidad en Argentina y se veía más y mínimamente pasaban goles y ya la Liga se empezó a pasar y cuando empezó a importar jugadores de Sudamérica se hizo mucho más visible porque es una Liga rica y los equipos sudamericanos empezaron a exportar muchos más jugadores a México.

-¿Y al final por qué decidiste el retiro definitivo?

-La espalda no me dejaba, me frustraba mucho más de lo que disfrutaba y ese último semestre lo tomé para disfrutar, para saborear cada entrenamiento, cada viaje, cada concentración, cada partido y yo ya sabía que terminando el torneo me iba a someter a la operación de mi espalda y por eso lo platiqué con el Celaya, con Ricardo Valiño y ellos me apoyaron y tuve la fortuna de retirarme bien.

Para Emanuel, el fútbol no fue la única pasión, los motores, la gasolina, la velocidad, siempre lo atrajeron. Desafortunadamente, al momento de hacer esta entrevista estaba terminando de recuperarse de un pequeño accidente de motocicleta.

-¿Cómo se dio tu afición por el motociclismo?, vaya, por lo menos por usar la moto como medio de transporte.

-Yo desde chiquitito en una ciudad pequeña mi papá tenía motos, mis hermanos tenían motos, imagínate en una ciudad pequeña donde en 15 minutos te trasladabas de lado a lado y desde pequeñito tuve ese cariño, ese gusto por subirte a la moticicleta, siempre fui un tipo muy responsable, la uso para pasear y trasladarme, pero bueno, me tocó vivir esta situación desafortunada y siempre deja enseñanzas.

-Cuando te retiraste, al poco tiempo te empezamos a ver en televisión, comentando partidos, ¿es una transición a otra cosa o te vez haciendo televisión como algo fijo?

-Cómo asumirlo, no sé, y si va a ser transición o no, no lo sé. Lo que sí sé es que lo disfruto, me gusta mucho crecer, compartir opiniones con mis compañeros, con gente que sabe, compartir puntos de vista y eso me nutre mucho, yo trato de aportar lo mío, dentro de lo que me ha tocado vivir. Estoy a tres semanas de recibirme como entrenador y es algo que a lo mejor hoy no me pasa por la cabeza, pero mañana puede picarme el bichito. No te puedo decir, es de transición, yo sé que tengo un punto válido de muchas cosas, no tengo la razón ni mucho menos, pero sí me gusta intercambiar opiniones y me gusta.

-Al final, ¿el ser entrenador te ayuda a ver el fútbol de otra forma?

-Ayuda muchísimo, uno está todo el tiempo viendo, en los estadios, viendo las metodologías, los sistemas tácticos, analizando a detalle a cada entrenador, a cada futbolista y a mí en lo personal, a futuro, si quiero dirigir, saliendo de este trabajo, me va a dar las herramientas para dirigir, para saber cómo acercarme a un jugador.

-¿Hubo alguna decisión que te afectara como jugador y que antes no entendieras y tras este curso de técnico ahora veas de otra forma?

-Cuando me tocó parar, en el equipo de Tigres hablábamos con Tuca (Ricardo Ferretti) en su momento, le pedía que me vaya administrando las cargas y él me decía que no, que el resto del plantel se iba a sentir como autoridad para pedirle lo mismo y yo le pedía que me dejara hablar con mis compañeros y él me decía que no, y que las cargas no se podían bajar, en su momento no lo entendí porque quería estar, porque quería bajar y después lo fui entendiendo del otro lado y en su momento él priorizó mantener esos entrenamientos, el grupo por encima de la individualidad y eso es lo que le da éxito a Ricardo, esa parte del reglamento que los futbolistas deben tener entre ellos mismos, pero bueno, en su momento era difícil porque tenía que parar y eso nunca me había tocado.