Tommy Gunn

Tommy Morrison, el chico de la película que nunca pudo salir de Rocky V

Quien fuera Tommy Gunn en la saga más famosa de la historia del boxeo vivió una vida mucho más de película que la que Sylvester Stallone inmortalizó con Rocky. Excesos, drogas, HIV y una muerte desoladora.

“Después no puedes recordar demasiado el resto, porque no quieres hacerlo. Todo de lo que te acuerdas es que de pronto te estás levantando y el árbitro te está preguntando: «¿Estás bien?». Y tú le respondes: «Por supuesto que estoy bien». Y él te pregunta: «¿Cómo te llamas?». Y tú respondes: «Patterson». Y entonces, de repente, con todos esos chillidos alrededor tuyo, estás debajo de nuevo y sabes que te tienes que levantar pero estás demasiado mareado y el árbitro te empuja y tu entrenador está ahí contigo con una toalla y la gente está levantada y tus ojos son incapaces de enfocar nada.

No es una mala sensación ser noqueado. De hecho es buena. No duele. Es solo un mareo profundo. Flotas en una nube placentera. Cuando Liston me noqueó en Nevada sentí durante cuatro o cinco segundos que todo el mundo del estadio estaba en el ring conmigo, que nos rodeaban a mí y a mi familia, y sientes la calidez de esa gente. Sientes amor por todos. Y quieres llegar a ellos y besarlos, a hombres y mujeres. Alguien me dijo que después de esa pelea lancé un beso desde el ring. No lo recuerdo, pero no me sorprende haberlo hecho.

Pero entonces esa sensación buena te abandona. Te percatas de dónde estás y de qué estás haciendo y de lo que te acaba de suceder. Y lo siguiente que sientes es dolor; confusión y dolor. No un dolor físico. Es dolor combinado con rabia. Es un dolor por lo que la gente piensa de ti. Es un dolor que te avergüenza de ti mismo”.

Floyd Patterson (dos veces campeón del mundo de los pesados) a Gay Talese en “El Perdedor” (perteneciente al libro “El silencio del héroe”).


El boxeo es uno de los deportes que más veces ha sido llevado a la pantalla grande, con varios personajes míticos o de ficción. Y en ese mundo repleto de egos y apodos raros, ninguno se atreve a discutirle el trono a mayor trascendencia a la saga creada por Sylvester Stallone. Fue tal el poder de fuego del “Semental italiano” que Rocky Balboa es el único personaje ficticio en ser parte del Salón de la Fama del Boxeo en Canastota (N. de R.: entró en 2011). Una verdadera revolución mediática para el deporte de los puños.

Rocky V, la peor de la mítica saga protagonizada y creada por Stallone.

Pero no todo lo que tocó esa película fue oro. Eso está claro. La crítica, y sobre todo los fanáticos, concuerdan que Rocky V fue la peor de todas las películas que tuvo al mito de Filadelfia como protagonista. En la quinta entrega de una saga que ya lleva ocho episodios, el antagónico de Balboa fue Tommy Gunn, un chico criado en Oklahoma que termina vencido por el ídolo del pueblo.

Ese rubio musculoso y sediento de gloria en la vida real no era Tommy Gunn, sino Tommy Morrison, y es protagonista de una historia que merece la pena ser contada en doce asaltos: boxeo, excesos, gloria, fracaso, desamparo, cárcel y muerte. Todo en tan sólo 44 años.


Round 1: El hijo no deseado de una familia repleta de boxeo

Cuando nació el 2 de enero de 1969, ninguna de las casi 2000 personas que vivían en Gravette, una ciudad en el condado de Benton, Arkansas, podía sospechar que el niño que acababa de llegar sería el hombre más famoso no solo de la familia Morrison, sino del pueblo entero. No famoso, sino una estrella. Sin embargo, el pequeño Tommy fue un accidente no deseado por sus padres: “Cuando quedé embarazada de Tommy me puse muy triste porque no quería más niños”, dice Diana, su madre, en “Tommy”, el documental dirigido por Erin Leyden y Gentry Kirby del 30 for 30 que ESPN le dedicó al boxeador. Varios meses después, ese sentimiento de culpa cambió cuando por primera vez cargó en sus brazos al pequeño bebé y descubrió que “era perfecto y tenía una conexión que nunca había tenido con nadie”.

El boxeo en la vida del más pequeño de los Morrison le llegó por herencia, ya que venía pasando de generación en generación en la familia. Con su padre, sus tíos y su hermano el rubio de cabello enrulado empezó a lanzar sus primeros puñetazos y a recibir sus primeros golpes en campeonatos para niños. Su amor por los guantes se grabó en su piel a los 10 años. Luego de tres días de tinta china, agujas e hilos, el pequeño Tommy se tatuó -con la ayuda de su madre- el símbolo de algo que lo acompañaría hasta el día de su muerte: dos guantes de boxeo.

Tim Morrison, uno de sus hermanos develó un privilegio de la genética familiar: “El golpe fuerte es algo innato en todos los hombres Morrison”. Y el ya adolescente Tommy lo empezó a demostrar en las diferentes noches de boxeo a las que asistía en Oklahoma.


Morrison dijo que era sobrino-nieto de John Wayne y de ahí nació su apodo: “The Duke”.

Round 2: El sobrino-nieto de John Wayne

Su corpulencia le permitía ser un gran deportista. Por eso, mientras deslumbraba en el equipo de football americano de su colegio, pudo empezar a ver los primeros billetes gracias a los puños. La necesidad de una familia a la que no le sobraba nada en Oklahoma hizo que su familia lo anotara en las noches de “smoking box”, unos campeonatos en los que aficionados al boxeo competían en una noche por una bolsa de mil dólares.

A sus 15 años tuvo que falsificar sus datos para poder pelear contra hombres de 21 y usar un seudónimo para que lo dejaran participar de torneos que eran reservados para mayores de edad. Mal no le fue. Al contrario. La dinamita de sus puños le permitió ganar veinte de los veintiún campeonatos en los que se enfrentó a porteros de bares, pandilleros, motociclistas, todos mayores que él, que sufrieron su talento innato para noquear.

Lo hizo hasta que terminó el secundario y con una pequeña mentira que derivó en el apodo que lo acompañó como profesional: dijo que su padre era primo lejano de John Wayne, famoso actor de Hollywood, que en realidad se llamaba Marion Morrison y al que le decían “The Duke”. A partir de ahí, y gracias al máximo representante de las películas de Western, el rubio de Oklahoma ya tenía su sobrenombre boxístico. ‘El Duque’ tuvo un impresionante paso por el amateurismo con 220 victorias, la mayoría por KO, y 20 derrotas.

En 1988, tras proclamarse campeón del peso pesado de Kansas City, se enfrentó a Ray Mercer en los Trials estadounidenses por una plaza en los Juegos Olímpicos de Seúl, cayendo por decisión dividida. Meses más tarde, Mercer ganaría el oro en Corea del Sur. Sin dudas, un apellido marcado a fuego en el camino de su vida.


Los inicios de Tommy Morrison.

Round 3: El debut

Luego del trago amargo de no poder ir a los Juegos Olímpicos, dio el salto hacia el profesionalismo. Debutó en noviembre de 1988 y enseguida sus ganchos demostraron que estaba para transformarse en la próxima esperanza blanca para alcanzar la cima de los pesos pesados. Tras dos triunfos en ese año, en 1989 ganó las diecinueve peleas en las que se subió al cuadrilátero –diecisiete por la vía rápida– y ahí su nombre empezó a sonar en el mundo del boxeo norteamericano. 

Una curiosidad es que todos sus combates de ese año fueron transmitidos por ESPN. En uno de ellos, detrás del televisor estaba un hombre que le cambiaría la vida para siempre. No era un rival. Tampoco un promotor a la espera de quedarse con “la nueva esperanza blanca”. Era Frank Stallone, quien después de ver el poder de fuego y la personalidad que tenía el supuesto sobrino-nieto de John Wayne levantó el teléfono y le dijo a su hermano: “Este tipo sabe pelear. Este tipo sabe golpear”. Esa charla cambió la historia de Morrison para siempre.


La peor de la saga: Rocky V con Morrison como el enemigo de Balboa.

Round 4: Stallone, el fiasco y Rocky V

Luego de recibir el llamado de su hermano, Sylvester Stallone, se puso a ver algunas peleas de ese chico musculoso y con mucha personalidad. No le hizo falta mucho para darse cuenta que el dolor de cabeza que le estaba significando no encontrar al co-protagonista de la quinta entrega de su saga se había terminado. Ese niño que se sacó las necesidades a base de golpes estaba a punto de empezar a vivir el resto de sus días. El oriundo de Oklahoma pasaría a la eternidad como Tommy Gunn. 

Las desastrosas críticas que tuvo la quinta parte de la saga del boxeador más importante de la historia del cine poco le importarían a Morrison. La película fue la menos taquillera de todas (recaudó cuarenta millones de dólares y el presupuesto fue de cuarenta y dos) y el personaje de Tommy Gunn sentenciado al ostracismo. El mismo Stallone reconoce no estar de acuerdo con la quinta parte y acepta que es la peor película de la franquicia.

Pero Morrison sabía que las puertas de las grandes ligas se le acababan de abrir: “Gané el título en la película y quiero hacerlo en la realidad”, decía ante cualquier micrófono luego de la filmación. Antes de convertirse en el rival de un Rocky ya retirado en la ficción, el invicto Morrison nunca había peleado para la televisión nacional. Pero la película lo catapultó a una fama que fue el principio de su fin. 


Round 5: La derrota de su vida

Al niño no deseado que se ganó su autoestima a base de puños y empellones poco le importaron las críticas para con su actuación en Rocky V. Al contrario, Morrison aprovechó al máximo la fama que le dio la saga deportiva más conocida de la historia del cine. Y dentro de esa fama las salidas nocturnas, el alcohol y los encuentros casuales con mujeres fueron la perdición del que para muchos especialistas de boxeo era la esperanza blanca que heredaría la corona que Mike Tyson había perdido sorpresivamente ante James Buster Douglas.

El entrenador de Morrison, John Brown, cuenta que el gran talón de Aquiles de su pupilo fue el autocontrol: “Yo solo quería que se entrenara, que no tuviera relaciones sexuales con siete mujeres distintas y que no se la pasara yendo a los bares todas las noches”. Sin embargo, entre 1990 y 1991 el rubio siguió cosechando nocauts ante rivales elegidos a dedo.

La derrota de su vida.

Su primera chance grande llegó en octubre de ese 1991. El rival era el mismo Ray Mercer que lo había dejado sin el sueño de ser deportista olímpico. En Atlantic City los primeros cuatro rounds fueron de lo mejor de Morrison en su carrera, pero el quinto sería letal. El campeón de la Organización Mundial de Boxeo lo encerró en su propia esquina y le propinó uno de los nocauts más impresionantes de la historia del boxeo.

Adiós invicto de 28 peleas. Adiós sueño de ser campeón del mundo en un Convention Center repleto de seguidores de Mercer que le cantaban “Esto no es Rocky V”.

Podría ser campeón Tommy Morrison

Round 6: El renacer 

Muchos consideraron que su estrella se había apagado. Que había dejado de estar en la elite de la categoría madre del boxeo en la que mandaban Lennox Lewis, Evander Hollyfield, Mike Tyson, George Foreman, y que era otra promesa blanca que no dejaba de ser un cometa fugaz. Pero luego de ocho victorias seguidas por nocauts (algunas con una recuperación dramática de parte del oriundo de Jay) el Duque tuvo una nueva oportunidad el 7 de junio de 1993. ¿Su rival? El mítico George Foreman, quien a los 44 años buscaba consagrarse campeón del mundo dos décadas después de haberlo hecho por primera vez.

Para esa pelea, el miedo fue lo que hizo que la preparación de Morrison fuera la mejor de su carrera. Ese miedo que le imponía el mito viviente de Foreman hizo que hasta cambiara su estilo de pelea. En el Thomas & Mack Center de Las Vegas, el rubio de Oklahoma cambió la potencia de sus puños por la inteligencia de la distancia que podía marcar por su mayor alcance. La decisión unánime le dio la victoria más importante de su carrera. El niño que se crió con los guantes puestos ya era campeón del mundo.

La noche de la consagración ante Foreman: Morrison era campeón del mundo.

Su primera defensa debió ser contra el mismo hombre al que Tommy Gunn le sacó el título en Rocky V. ¿Cómo? Mike Williams hizo el papel de Union Cane, el púgil que obtuvo el título tras el retiro de Balboa y al que destronó el personaje de Gunn. Pero insólitamente, el día de la pelea Williams decidió no presentarse y Morrison peleó contra un boxeador que estaba en la tribuna.


Round 7: Su peor derrota

Luego de esa primera defensa ante el ignoto Tim Tomashek –el reemplazante de Williams– Morrison tenía sólo un objetivo en la cabeza: el duelo unificatorio contra el británico Lennox Lewis, monarca del Consejo Mundial de Boxeo. Todo estaba dado. Solo quedaba que ambos campeones pasaran sin sobresaltos las peleas de protocolo para luego enfrentarse en marzo de 1994 en Las Vegas y ganar una bolsa de 7,5 millones de dólares. Para sumar minutos arriba del ring y llegar de la mejor manera, a Morrison le armaron una pelea en el patio de su casa, Tulsa (Oklahoma), ante Michael Bentt que no debía causar ningún problema. No debía…

Pero lo que debió ser una fiesta y un envión para el duelo ante el enorme campeón inglés terminó siendo en una pesadilla de noventa y tres segundos. Con los estragos de una vida poco profesional, y en horribles condiciones físicas, Morrison visitó la lona tres veces antes de que el árbitro Danny Campbell detuviera la contienda. ¿Qué pasó? “La noche anterior, Tommy había ido a un concierto y había estado tomando cerveza. Ningún atleta profesional hace eso antes de una pelea tan importante”, recordó su tío Trent cuando le preguntaron el motivo de la derrota. El boxeo es un deporte en el que sin autodisciplina no se puede sobrevivir y Morrison era el fiel reflejo de ello. Esa derrota dilapidó el sueño millonario de la pelea unificatoria con Lewis y parecía poner fin a una carrera que por fin parecía estar viendo la luz.

La derrota que sacó a Morrison de las grandes ligas.

Round 8: El último tren 

Esa derrota con Bentt hizo que Tommy volviera a sus raíces para reencontrarse consigo mismo. Regresó a calzarse los guantes y le ganó a Tui Toia, Brian Scott, Sherman Griffin, empató con Ross Puritty, venció a Ken Merritt, Marselles Brown, Terry Anderson y –milagrosamente– a Donovan Rudock para ahora sí verse las caras con Lennox Lewis en Atlantic City. Octubre de 1995 fue la fecha de la chance que estaba esperando. Pero, como tantas otras veces, la actuación de Morrison fue nuevamente muy decepcionante y el inglés le ganó por nocaut técnico en el sexto round. Adiós primer nivel.

La derrota con Lennox Lewis.

Round 9: Hola Don King, adiós boxeo (la peor noticia)

La vida fuera de los gimnasios era imposible de dominar para un hombre que se crió en una casa con una madre acusada por el asesinato de una mujer en un bar y que estuvo nueve meses sin ver a sus hijos. Los excesos y la falta de autocontrol fueron demasiado para su manager, Tony Holden, quien le acercó a Don King. El promotor con el corte de cabello más conocido del mundo del boxeo le consiguió un contrato millonario por tres peleas para relanzar la carrera de un boxeador que ya había entrado en el declive de su vida.Tanto es así que el plan tenía como pelea final un choque ante Mike Tyson. Pero nada salió bien…

La primera parada en esta escalera de tres peleas rumbo al renacimiento era en el semifondo de la velada que tenía como protagonistas a Félix Trinidad y Rodney Moore (título welter de la FIB), el 10 de febrero de 1996, en lo que fue la inauguración del MGM Grand de Las Vegas. Pero unas horas antes de que El Duque saliera al ring llegó la peor de las noticias: la Comisión Atlética de Nevada (NAC) lo excluyó de la cartelera. ¿El motivo? Había dado positivo de VIH en el análisis de sangre obligatorio. El boxeo era una cosa del pasado cuando su vida apenas llegaba a los 27 años. 

La conferencia de prensa en la que Morrison confirmó que era portador del virus.

“En esa época si tenías HIV era una sentencia de muerte”, recuerda  Holden, el hombre que le manejó su carrera y que tuvo que comunicarle la noticia en aquella pieza del MGM Grand. Una semana después, en Tulsa (Oklahoma), Morrison confirmó que era portador del virus y atribuyó su contagio a su “estilo de vida muy promiscuo, alocado a imprudente”. Y por primera vez asumió culpas al decirle a sus fans: “A todos mis seguidores les pido que dejen de verme como un modelo a seguir y que me vean como una persona que tuvo la oportunidad de serlo, pero la arruinó con decisiones irresponsables, inmaduras e irracionales”. Minutos más tarde, el boxeador agregó: “A los que han estado en contacto conmigo, directa o indirectamente, les ruego que se hagan el análisis”.

La promiscuidad de Morrison fue tal que en Kansas City pusieron un conmutador para que todas las mujeres que habían tenido relaciones sexuales con él llamaran para hacerse el estudio. En el documental su madre asegura que el excampeón “sospechaba que lo tenía, pero que no estaba seguro. Y cuando le sugerí que se hiciera el estudio me dijo que no era el momento por estar enfocado en su carrera”.

Todas las puertas del boxeo se cerraron para aquel niño que se tatuó los guantes a los 10 años con tinta china. En noviembre de ese año logró pelear –y vencer– en Tokio a Marcus Rhode ante la mirada de George Foreman, el hombre al que había vencido para ser campeón.


Round 10: Las drogas

El retiro del boxeo a causa de su condición de seropositivo hizo que Morrison dejara de ser el hijo mimado de su pueblo a un exiliado dentro de su propia casa. Luego del retiro obligado fue comentarista de la televisión en peleas de boxeo y cosechó muy buenas críticas, pero, cuando todo hacía indicar que enderezaba su camino, la policía lo detuvo manejando borracho y lo despidieron. Duró dos veladas. Y todo lo que era exceso se potenció. Lo que antes era consumo de alcohol, ahora le había agregado el de marihuana, cocaína y metanfetaminas. Su vida se transformó en un desastre y se consumió los más de 10 millones de dólares que había ganado en su carrera.

Empezó a tener problemas con la ley. La tenencia de estupefacientes fue una de las causas y la tenencia de armas la otra. Liquidó la fortuna que acumuló en su carrera y multiplicó causas judiciales por tenencia de estupefacientes y de armas de fuego, y también por lesiones. Por la primera de ellas, el 16 de enero de 2000 recibió una pena de 10 años, aunque solo pasó 14 meses de esa condena en prisión.

Morrison fue condenado a diez años de prisión en el 2000.

Round 11: Dawn y Dawn (y la negación)

Morrison y su primera esposa, Dawn Freeman.

En la vida desenfrenada de Morrison nada podía ser normal. Por eso a la hora de hablar de su vida amorosa hay que hacerlo por duplicado: porque el excampeón del mundo tuvo una vida bígama durante años. ¿Cómo hizo?Estuvo casado con dos mujeres llamadas Dawn en simultáneo. Con la primera que se casó fue con Dawn Freeman, su novia de la adolescencia, a quien le dio el “sí, quiero” en Las Vegas en 1996. Cuatro meses después se casó con Dawn Brady en Tijuana, se separó a los dos años y se volvió a juntar en 2001.

Morrison y su otra esposa, Dawn Brady, con quien estuvo casado en dos oportunidades.

Al margen de su vida amorosa, la cabeza de Morrison hizo que su discurso cambiara con el correr de los años. Del arrepentimiento por un estilo de vida “promiscuo, alocado a imprudente” pasó a asegurar que no era portador de ningún virus de VIH. Además, denunciaba que el examen que lo había marginado del pugilismo en 1996 había sido un falso positivo y gritaba a cuatro vientos que había sido víctima de un complot.

El Duque pudo volver a subirse a un ring con su objetivo y pudo combatir en febrero de 2007 en el casino de Chester, un pequeño pueblo de West Virginia (uno de los estados con una legislación más laxa para dar la licencia de boxeador), ante John Castle. Un año más tarde en León (México) también derrotó a Matt Weishaar, en lo que fue la última vez que se subió a un ring.

Once años después de dar positivo de HIV Morrison volvió a pelear.

Round 12. El final

Si hubiera que definir el desenlace de la vida de Tommy Morrison habría que acudir al peor de los finales que una película puede tener. Casado por tercera vez, en esta oportunidad con Trisha Harding, el excampeón de los pesos pesados de la Organización Mundial de Boxeo vivió sus últimos años pasando de hospital en hospital con una salud muy deteriorada, sobreviviendo gracias a las prestaciones del Obamacare (la ley sanitaria aprobada durante el primer gobierno de Barack Obama), con un reingreso breve a prisión y sin un dólar en su cuenta bancaria.

Su corazón dijo basta el 1 de septiembre de 2013, a los 44 años, como consecuencia de un shock séptico y una falla multiorgánica. Sus hijos (Trey y Kenzie, ambos boxeadores), algunos amigos y pocos familiares despidieron sus restos. Los restos de un hombre que supo estar en la cima del mundo, pero que terminó preso dentro de su propia película.

La última foto pública de Tommy Morrison. Fue la que le tomaron cuando lo detuvieron en 2011 por posesión de sustancias ilegales.