Ulises Sanguinetti

Obsesión por el reloj

Se autodefine como un laburante del atletismo. No esconde sus cartas ni su historia. Orgulloso habitante de Tres Arroyos, Ulises Sanguinetti y su pasión por correr.

“Mi cumple. 40 veces soplando la velita. Pensaba estar retirado a esta edad y estoy con muchas ganas de seguir y metiéndole a esta hermosa pasión. Amor eterno parece”, escribió hace poco más de dos meses Ulises Sanguinetti en su cuenta de Instagram. Más precisamente el 19 de septiembre de 2020, cuando sumó cuatro décadas de vida, el plan de Ulises no fue otro que celebrar la vida. Y para hacerlo, claro, eligió su lugar en el mundo: Tres Arroyos. Allí forjó la hoja de ruta que hoy lo ubica como un fondista vigente y “con ganas de dar pelea –dice– porque aún me siento enamorado del atletismo”. Como si aún fuera un adolescente, todavía siente ese fuego interno que actúa como un combustible que lo potencia y que, día a día, lo motiva a levantarse a sumar dobles turnos para anotar, semanalmente, hasta 200 kilómetros al ritmo de sus piernas.

En verdad, lo suyo “fue amor a primera vista”. Hasta los 17 años jugó al tenis y al pádel, pero un día corrió una carrera y no hubo vuelta atrás. En medio de las finales de unos Juegos Bonaerenses en Mar del Plata comprendió que esa sensación, rara por aquel entonces, de sentir el ácido láctico hasta en su pelo ensortijado podía convertirse en su trabajo. Porque, al fin y al cabo, para Sanguinetti correr es una pasión y, a la vez, el mejor oficio que podría soñar de pibe para ayudarlo a combatir una obsesión que aún lo desvela: ganarle al reloj. Sin antecedentes familiares deportivos, Ulises, sin embargo, aún recuerda cómo confeccionaba a mano los cuadros (los main draw) de Roland Garros con los 128 jugadores clasificados. Los copiaba a mano, los pegaba en una pared y, cada tarde, iba al ciber del barrio para enterarse los resultados y así completarlo como un artista que busca culminar su obra. “Imprimía los rankings y los estudiaba. Antes esperaba el diario Clarín y seguía la evolución de [Gabriela] Sabatini y me la pasaba estudiando cuánto le faltaba para llegar a ser la 1. Quedó 3 al final, la seguí siempre. Hoy, con el atletismo me pasa lo mismo. Veo carreras, las maratones más importantes o cuando corre Eliud Kipchoge o con la Liga de Diamantes. Sigo al día lo que pasa con el tenis y, ahora, el boxeo ganó un espacio en mi vida”, cuenta. Y admite: “Creo que la pasión por los deportes la heredé de Tita, mi abuela paterna, que ponía la radio con los partidos y yo me quedaba con ella en la cocina. Ella era de Boca. ¡Yo no, eh! Pero como era muy fanática del fútbol me inculcó esa pasión”.

–¿Cuál es la receta o el secreto para no perder las ganas y tener la misma intensidad a los 40 años?

–En mi caso me resulta fácil. Amo lo que hago y eso me facilita encontrar la motivación todos los días para buscar la mejora. No es fácil, lo sé. Porque uno a los 40 se imaginaba de otra forma. Creo que lo mío es una mezcla de cosas. Lo más importante es la pasión que tengo por esto. Todos los días salgo a correr, a entrenar y para mí es una misión cumplir con el plan de entrenamiento, cumplir los tiempos que me pide mi entrenador. Incluso, muchas veces, me propongo hacer mejores tiempos que los que Alexis [Abott] me pide. Cuando tengo que hacer recorridos largos, voy imaginando el territorio, el circuito por donde voy a pasar. Es algo que me apasiona. Pero también es una obligación porque es mi trabajo. Vivo de esto. Si bien tengo horas cátedra en una escuelita en la que le enseño a un grupo de chicos a correr. Ahí gano algo, pero el correr es mi sustento principal. No me cuesta hacerlo, me encanta.

–¿Cómo elegís las carreras para ganar dinero? ¿Cómo es que se vive de esto?

–Es un conjunto de cosas. Por un lado, mi sponsor deportivo que es Fila que me hace un cronograma de carreras en donde tengo cinco competencias obligatorias, casi todas son en Buenos Aires. Y después voy variando, eligiendo según los premios o que tenga mucho marketing y eso también me sirve porque visibilizo a los otros sponsors que tengo. Y si me quedan cerca de Tres Arroyos, también. Se trata de pensar en función de los objetivos principales como un medio maratón o un maratón.

Triunfo y grito sagrado en A Pampa Traviesa 2017

–Viviste en Mar del Plata a los 22 años. ¿Por qué te fuiste tan joven?

–Cuando terminé el secundario tenía decidido hacer la carrera de periodismo deportivo porque los deportes siempre fueron una pasión. Estaba entre Mar del Plata y Buenos Aires. Primero fui a Buenos Aires pero es una ciudad que me costó siempre. Es un cambio grande con respecto a Tres Arroyos. Hice el cambio a Mar del Plata de la carrera y la terminé allá. Me sirvió porque cambié de entrenador y de lugar para estudiar.

–¿Dónde quedó el periodista deportivo: está pendiente para más adelante?

–Sí, es un sueño ejercer. Es algo para más adelante. Me sigue gustando mucho. Tengo pendiente hacer algo.

–Mucho se habló y aún se habla de los efectos de la pandemia. Mucho se habló de cómo los deportistas de alto rendimiento se las ingeniaron para mantenerse. ¿Cómo fue tu caso?

–Fue muy duro porque, como todos, me sentí encerrado. No tengo una casa grande y aproveché el espacio que tenía: corrí en casa, en un patio y llegué a hacer 21km en un circuito de 10 segundos. Lo hice más lento y con mucha precaución. Todos los días, doble turno. Estuve casi 60 días así. Eran 10 segundos de ida y 10 de vuelta. Necesitaba sentir que estaba entrenando. También metí bici fija que un amigo me prestó. Otros días saltaba la soga.

Ayrton, su hijo de 13 años, siempre cerca

–El hecho de no tener carreras para una persona que afirma vivir del correr, ¿cómo reconfiguraste o te acomodaste a un contexto tan complejo y hostil?

–Gracias a Dios se me mantuvieron las horas cátedra. Estuvimos con chances de perderlas, de que las quitaran. Pero hubo un movimiento fuerte de los profesores y se mantuvo. Y los sponsors también se mantuvieron y me bancaron. Pero fue estresante.

–¿Cómo te llevás con la pista?

–Siempre le di importancia, porque ahí traté de buscar la velocidad y supe adaptarme muy rápido. Hay atletas a los que no les gusta, dicen que los marea. Si pudiera volver atrás, haría mucho más en la pista. El problema es que en la pista no hay dinero, el dinero está en la calle. He corrido más de medio maratón en la pista porque me servía para ir a un ritmo sostenido durante un entrenamiento.

–¿Te arrepentís de no haber competido más en la pista?

–No, creo que tuve una buena dosis. No me enloquecí por la calle, por la plata que hay en la calle, ni por correr distancias largas siendo muy joven. Hoy tenemos un caso excepcional como Coco Muñoz que es un talento enorme, es un fenómeno en todo sentido: humilde y con un futuro gigante. Podría llegar a reprocharme no haber ido en 2004 o 2005 a España como me siguirió tantas veces Miguel Barzola. Él siempre me dijo que la mejora estaba allá, en competir en un mejor nivel. Él quedaba 14° con correr apenas por encima de los 28 minutos los 10km y yo acá, para la misma época, con 29m50s ganaba con cierta holgura. Creo que de haber ido hubiera crecido mucho más. Pero Tres Arroyos siempre me pudo, me cuesta irme de acá.

–Varios nadadores, como Federico Grabich o Daniela Giménez, nos dijeron que su relación con el tiempo es de obsesión, ¿Acómo te llevás con el tiempo?

–A los atletas nos pasa algo muy parecido. A mí me pasa eso, es como una obsesión, desde siempre. Es una alegría enorme, no hay satisfacción mayor que mejorar una marca. Prefiero salir 5° y mejorar mi marca que ganar con un minuto arriba de mi marca. Cuando era juvenil, corría los 10km en 33 o 34 minutos y la punta ganaba en 30 o menos y yo no quería ganarles a ellos, quería mejorar mi tiempo porque eso, obvio, te lleva a estar ahí, con los mejores.

–Ayrton, tu hijo de 13 años, a menor edad que vos, sigue tus pasos. ¿Cuán complejo y difícil es ser su entrenador?

–Pobre Ayrton, tiene 13 años y no es que le transmití la pasión por obligación. Nació con el padre corriendo al lado. Cuando tenía 2 años, en una de mis primeras experiencias en la altura, en Cachi, él corría en la pista a 2400 metros de altura. Lo quise hacer tenista y no hubo caso, siempre quiso correr. Tiene condiciones, le resultan fáciles los entrenamientos. Creo que va ser fondista como el padre, le cuestan más los trabajos cortos y muy rápidos, pero en los fondos va muy bien y corre al ritmo de chicos más grandes o incluso más rápido. Cuando está en el grupo, lo trato como a uno más. Trato de salir del lado del padre. Mi idea es que no se presione, que no se obsesione con los demás, con los tiempos de los demás o sumarse a rivalidades. Lo he visto en carreras en las que se le acercaban chicos y le decían “te voy a ganar”, y eso no es un buen mensaje para los chicos, no está bueno. Seguramente eso viene de los entrenadores. Trato de que los chicos compitan con ellos mismos, el mensaje es que se ganen a ellos mismos y no a los demás. Cuando crezcan la cuestión cambia y entra en juego la competencia.

–Hablás de competir, solés venir bastante a Buenos Aires pero en el interior muchos atletas cuentan que correr es más bravo. ¿Es tan así?

–Las carreras del interior son bravas, hay de todo. Hay mucha pica. He tenido pica con [Carlos] Balcedo, un corredor de Laprida. En la calle y en la pista nos odiábamos. Yo iba a Laprida a ganarle y él venía a Tres Arroyos, exclusivamente, a ganarme. Nos sacábamos chispas. En provinciales de cross, también. Eso también, como cuentan los grandes deportistas, nos ayudó a mejorar. Si bien, la carrera es uno contra el reloj pero si, dentro de lo lógico, tenés esa pica con algún corredor, eso te puede potenciar. Creo que la cuenta con él ha sido más positiva que negativa.

–¿Te queda algo por cumplir? En 2012, con 2h18m59s en Rotterdam, quedaste a 59 segundos de la marca B para los Juegos de Londres.

–Siempre hay que tener un sueño y metas cortas para que eso no te parezca inalcanzable. Y a los 40 sigo soñando con mejorar mi marca en maratón (2h18m59s). Gané tres maratones (A pampa Traviesa, en 2017, cuando fue campeonato nacional) y dos veces Mar del Plata (2016 y 2019). Ganar un 42k no tiene comparación con otra carrera, a no ser que logres algo muy grande en otra distancia. En el maratón de por sí llegar es muy bueno, imaginate cuando ganás. Este año iba a ir por la revancha en Rosario porque el año pasado me agarró un clima muy húmedo y eso me afecta mucho. Quería correr con frío y por eso fui a Rosario y tocó un día irrespirable y me sentí pésimo. Lo completé, quedé tercero. Y este año, con la pandemia, no se hizo. Quiero ganar otro maratón importante. Pero a los 40, también, quiero ganar una medalla en un Mundial máster.