Literario

Un talento que llegó hasta la cumbre

Tierno Juan y su historia en el pequeño e ignorado paraíso Villa Muchas Esperanzas. Un talento que pudo jugar con Maradona y con Pelé. Pero no quiso.

El Tierno Juan, el más brillante futbolista de la historia de Villa Muchas Esperanzas, podría haber cabeceado pelotas junto con Maradona y Pelé delante de la humanidad si su sueño de cuna y de cancha hubiera sido maravillar al universo. Tenía mil virtudes en los tobillos, un millón de jugadas en el alma y la pelota le avisaba cada cosa que iba a hacer. Sin embargo, el Tierno Juan eligió otro desafío para su existencia. No fue en busca de la gloria clásica y tampoco de una dicha de manual. Él quiso jugar al fútbol con una montaña.

No debiera haber sorpresas. El trayecto y el destino deportivos del Tierno Juan estuvieron muy ligados a que Villa Muchas Esperanzas era un pequeño e ignorado paraíso. Entre otras cosas, abundaba en lagos y florecía casas pegadas al mar por lo que para el Tierno Juan el talento en el fútbol y la magnificencia de la naturaleza formaban parte de un mismo juego. Para completar su personalidad, tenía otra fuerte influencia de Villa Muchas Esperanzas: como ese era un poblado manso, carente de disputas internas, al Tierno Juan no le interesaba competir. “Bastante confronta la gente con la gente en muchos sitios, aquí eso no hace falta”, argumentaba.

Todo ese escenario personal y social explica por qué el Tierno Juan decidió que su verdadero reto consistiera en desplegar el fútbol en la única montaña que se elevaba en Villa Muchas Esperanzas. Era un pico altivo e imponente, intimidante y seductor, sobre cuyas laderas, durante años, el Tierno Juan avanzó metros entre grutas y pendientes, gambeteando obstáculos, enhebrando proezas, y —también hay que decirlo— retornando algo frustrado al pueblo porque no conseguía llegar hasta la cima.

Una mañana próxima a una buena primavera, el Tierno Juan partió de nuevo detrás de su objetivo. Algunos recuerdan haberlo visto en el atardecer, convertido en un pequeño punto, mientras le hacía amagues a una roca grande. Como de costumbre, lo esperaron a la noche. Pero no volvió. Ni esa vez ni ninguna otra. Hubo quienes, sin maldades, conjeturaron que el Tierno Juan había muerto atrapado por uno de los tantos riesgos del intento. No obstante, esa versión jamás verificada y jamás desmentida no logró prosperar.

Individuos de esperanzas de a muchas, los habitantes de Villa Muchas Esperanzas expresan desde hace rato una convicción distinta: dicen que el Tierno Juan por fin cumplió su propósito. Y que, desde bien arriba y con su pelota en los pies, anda contemplando los lagos abundantes y las casas que se pegan al mar, al mismo tiempo que elude la fuerza de las tormentas y le tira centros perfectos al viento. Ya es definitivamente cierto que no cabecea ni cabeceará nunca junto con los geniales Maradona y Pelé. Pero se sabe que cada persona es cada persona. Y que la vida es una colección de caminos y montañas para hallar la propia cumbre.