Cumple Diego

Un viaje viral al Maradona de los ’90

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Una entrevista con El Rayo se ofrece como botón de muestra de las miles de aristas que se abren en la vida del 10.

Entre todas las crónicas de Diego, una de las más recordadas es la célebre entrevista que le brindó al programa El Rayo en una noche de invierno menemista, tras jugar al fútbol en Coconor. Pelé, Daniel Passarella, Carlso Valderrama, Susana Giménez, Juan Pablo Varsky, El Piojo López, Fernando Redondo, Mirtha Legrand, Peter Shilton, el rey de Arabia y más, en una charla plagada genialidades y bochornos.

Diego Armando Maradona toca de primera con la punta del botín y deposita la pelota allá al fondo, justo antes del paredón blanco, para la llegada del volante izquierdo de su equipo. Mientras sigue la acción con la vista, en la mano izquierda empuña un teléfono de la empresa Movicom y charla con Claudia Villafañe, su esposa. Sí, el que todo lo puede también puede jugar y planear su semana al mismo tiempo. En una noche del invierno menemista de 1998 en el complejo Coconor de Costanera, el astro del fútbol se entrega a una de las entrevistas más curiosas de su trayectoria. Durante más de cinco horas hablará de Pelé, Daniel Passarella, Carlso Valderrama, Susana Giménez, Juan Pablo Varsky, El Piojo López, Fernando Redondo, Mirtha Legrand, Peter Shilton y el rey de Arabia, entre otros.

Más de 20 años después, aquella charla entre Maradona y El Rayo, acaso el programa insignia de la juventud del uno a uno, se viraliza con vigor entre pibes que, a pesar de haber nacido años después de aquella grabación, repiten las sentencias del astro como partes de su vocabulario diario. Bienvenidos a la crónica final de la pieza paradigmática de la Argentina de aquella época.A las 20.30, Diego sale del vestuario de Coconor enfundado en una remera de Brasil que le mandaron “unos chicos del carnaval” y encima tiene un equipo de gimnasia Puma, su marca de toda la vida, con el 10 en la espalda. Al instante la encara Dolores Barreiro, la conductora de El Rayo, y le dice que Lucho Avilés la mandó al frente, porque en un programa de la tarde anunció que la modelo debía varios meses de expensas. Se va. “A pesar de lo gordo que soy, siempre fui elástico”, anuncia el crack mientras elonga. Luego de eso, pide que “Matigol”, Matías Camisani, el modelo y cantante que es pareja de Barreiro, juegue para su equipo.

Los suyos ganan, claro, pero sólo cuando el mandamás decide que termine el encuentro, al que alarga dos veces por sus ganas de seguir pateando un rato más. Hace mil goles. La particularidad del match es que se ejerce en la modalidad de “fútbol rápido”, con paredes y sin que la pelota se vaya nunca afuera. Cada tanto, Maradona arrima hacia la pared y firma autógrafos para los curiosos que se acercan al lugar.

Diego con Dolores Barreiro en una nota histórica.

A las 21.30, Diego vocifera en el vestuario sobre la edad de Mirtha Legrand y dice que la presentadora hace sus almuerzos “desde que se inventó la televisión” y que “antes los hacía por radio”. Luego, comienza el clásico ritual de afeitarse como su padre, Chitoro. Mientras lo hace, deja una perla memorable que será carne en las redes sociales dos décadas después de aquella noche: Maradona entona “Vuelve”, de Ricky Martin, con larguísimas frases y a los gritos. También aclara que lo hace en homenaje a su esposa Claudia, que le pide que “vuelva a casa” después de muchos días de recorrida. Tira perfume al aire y se mete en la nube de fragancia, se pone “loción para piel sensible” y dice que el modelo Camisani es “lindo guacho” y que no le comió la boca porque Barreiro estaba delante.

A las 22.00, el mejor polvo de Fiorito se sube a su camioneta Mitsubishi Montero bordó y vuelve a imponer su gola detrás de un tema romántico. “Es un demo que lo dejó una piba que se llama Macarena y yo lo escucho”, anuncia. Hay algo de Valeria Lynch en el estilo y en Diego que brama: “A que me vuelvan a mentiiiiir”. Maneja y clava el vehículo de trompa en la entrada del restaurante Morena, de Costanera Norte, Tiene la mesa del fondo, con el río detrás, y revoluciona el restaurante con su aparición, ya que saluda a los cocineros, es seguido por camarógrafos y se sienta debajo de luces televisivas. Cuando se da cuenta del revuelo, se lamenta por si alguno de los presentes “está de trampa”. Le sirven la primera copa de champagne y arranca a charlar.

A las 23.00, Maradona prueba seis platos distintos que le prepararon especialmente los dueños del lugar. A su alrededor alguno tantea un bocado, pero nadie cena. Lo miran picar algo de cada una de las perlas del menú y vuela el champagne. Todavía no quiere hace la nota. Aunque la nota ya está hecha hace rato, claro. Descorchan y descorchan. Cuentan chistes. El astro, en el centro de la mesa y, con una remera negra ajustada, habla sin parar del Mundial de Francia.

A las 2.00, Diego decide comenzar y sentencia que para escuchar comentar fútbol al periodista Juan Pablo Varsky “hay que ver el partido con un diccionario”. Después marca que “es un fenómeno”.Y espeta: “Que no se te escape la tortuga”. Dolores Barreiro le pregunta por el origen de la frase de la tortuga. Maradona remarca: “Un chiste explicado es lo peor del mundo, pero no se te puede escapar la tortuga. Se te puede escapar una liebre o un conejo, pero una tortuga nunca”. Ahí cuenta que extraña la capitanía de la Selección Argentina.

A las 2.12, cuenta que los napolitanos son como los correntinos y que los milaneses son como los porteños, mientras ridiculiza a estos últimos. A la vez, confiesa que tuvo miedo de fallar el penal de la definición de la semifinal del Mundial 90 contra el local y que pensaba para sus adentros que si lo erraba “era un cagón”. Tras eso, afirma que Enrique Macaya Márquez tiene los pies redondos. Pero lo mira a un bronceadísimo Guillermo Coppola y se retracta: “Juega bien, Macaya”. Se le acaba el champagne y piensa en voz alta sobre la jugada más linda de su vida: “Yo desde que era pibito soñaba hacer un gol mareando, como se decía entonces. Ahora se dice ‘driblando’”. Nombra el famoso pase del Negro Enrique en la mitad de la cancha y describe cómo lo veía picar a Jorge Valdano para darle la pelota durante toda la carrera. Y apunta al arquero inglés: “Shilton es un botón”. Mirando a cámara, le revela después de muchos años: “Fue con la mano, Shilton”. Cierra y se burla porque el guardameta no lo invitó a su partido despedida: “No voy a poder dormir, Shilton boludo”. Al final, describe el gol usando las copas que llenan la mesa.

A las 2.20, Diego cuenta su excursión a Arabia Saudita, cuando fue contratado por el rey para jugar un partido de fútbol por el que le pagaron 500.000 dólares. Llevó a toda su familia, a sus padres, a su preparador físico y a algunos más. Le regalaron un reloj de oro y lo alojaron en un hotel a estrenar con “200 kilómetros de parque”. No le consiguieron vino y le dieron jugo de manzana. El 10 grafica el momento en el que tomó el jugo pensando que era champagne y escupe detrás de la mesa en pleno restaurante. Y recuerda que casi no va al encuentro en cuestión porque “no dejaban que las mujeres fueran a la cancha”. Pero rememora que él consiguió que su mamá y su esposa pudieran ir.

A las 2.30, sentencia: “Si el fútbol se jugara como dicen los periodistas, seríamos tetracampeones del mundo. Yo nunca vi que en una final del mundo jugaran Macaya, (Marcelo) Araujo y (José) Sanfilippo”. En medio del clima de Mundial, defiende a Fernando Redondo, quien quedó afuera del torneo por no querer cortarse el pelo a pedido del entrenador Daniel Passarella. Maradona se crece: “Passarella quería que le digan todo que sí. ¡Ay, el Daniel!”. Luego, le pide que al Piojo Claudio López, figura de aquel equipo, “que no le tire más centros a los (aviones) Jumbo, porque no cabecea ni Michael Jordan”.

A las 2.35, Pelé. “Es un esclavo y le vendió el corazón a la FIFA. Y cuando se pelea con la FIFA se quiere amigar con nosotros los jugadores. No hay negro que no destiña, chabón”, arranca. Describe que el mediocampista brasileño Toninho Cerezo es un “negrito buena onda”, pero que el colombiano Carlos Valderrama es “té con leche”. Se enoja con Susana Giménez porque le dijo “rey” a Pelé y que lo repitió con él. Finalmente, derrapa por todos los pastos posibles y crea una leyenda terrible: “Pelé debutó con un pibe”. La parte que quedó afuera del imaginario colectivo es todavía peor: “Y encima le pegó a la jermu”. En el remate, la pelota ya se pinchó: “Vigilante y buchón total, tiene el saquito con la publicidad y le gusta más la plata que dormir”.

A las 2.45, Diego cuenta anécdotas sobre cómo conseguía choripanes en Nápoli ante los antojos de Claudia en su embarazo. Gesticula. Se enciende. Se le salen los ojos de las órbitas. Grita. Salta. Al rato, cuenta un chiste de mal gusto que incluye a Fidel Castro y a la bandera cubana. Su última frase de la entrevista es la verdadera humorada: “Hace mucho que no estaba despierto hasta esta hora”. Se burla de sí mismo.

Dolores Barreiro abandonó la conducción del envío en el año 2000 y el programa dejó de emitirse en 2001. La modelo tuvo cinco hijos y se separó de Matías Camisani, el otro protagonista de la noche, hace sólo unos meses. Camisani dice que para él “fue un día inolvidable” y recuerda patente el momento en el que Guillermo Coppola llegó y le dio una pechera con el 10 a pedido de su ídolo. Coppola revive aquella época con nostalgia y afirma: “Tengo enorme gratitud por mis años junto con Diego. Aquella cancha en Coconor era tremenda. Y nosotros éramos tremendos”. Coconor fue desalojado en septiembre de 1998, a partir una presentación del Gobierno de la Ciudad de Fernando de la Rúa, debido a que por la explotación del lugar se abonaba un irrisorio canon de 1700 pesos. A 21 años de la entrevista de Diego Maradona en el Rayo, los videos de la misma en YouTube subidos por fanáticos que atesoraron el contenido hasta la aparición de nuevas tecnologías acumulan más de 600.000 reproducciones.