Néstor García

Una charla con Néstor, un encuentro con el Che

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Un viaje lleno de historias de la mano del entrenador de San Lorenzo. Una excursión por la vida del tipo que se ocupa por disfrutar y que tuvo en su pasión por convencer el fuego que lo convirtió en un trotamundos del básquet.

Por Javier Lanza y Andrés Román

Mientras el pequeño Néstor comenzaba a dar sus primeros pasos en su casa de Bahía, al norte (muy al norte), dos hombres se juntaban, después de terminar la universidad para crear un método que muchos años más tarde le iba a modificar su vida. Richard Bandler y John Grindler no tenían idea de que tres décadas después, su creación ayudaría a ese niño a encontrar las herramientas perfectas para hacer lo que mejor sabe: transformarse en un gran líder. O mejor dicho, en ser el Che.

El entrenador de San Lorenzo recibió a Enganche en su oficina del Polideportivo Roberto Pando y en una hora de charla no dejó de esgrimir las razones por las cuales, con su bolso encima, dejó de ser conocido por su nombre para que el mundo del básquet lo pase a llamar por su apodo. Ocho países, miles de experiencias, y sobre todo, una supervivencia entre el yin y el yang de su propia cabeza.

–¿Qué recuerdos te quedan de Lara?

–Me trataron como un rey, viví tres años y se juntó todo lo que era lara con la selección, fue un mix completo, porque tuvimos la suerte de ganar cosas. El venezolano es muy agradable, es una persona de relacionarse, de compartir, entonces como yo estaba solo siempre estaba rodeado de amigos. De hecho, en el departamento en el que yo estuve viviendo dos años y algo más, ningún día prendí la hornalla de mi cocina. Una vuelta fui a querer prenderla para tomar unos mates con mi hijo y no sabía cómo funcionaba. Almorcé y siempre cené afuera todos los días.

–¿Disfrutás mucho de esos momentos?

–Muchísimo. Ojo, puedo comprarme algo y comer en mi casa y mirar una película, pero no lo hice en Venezuela. En Lara las noches son espectaculares para comer afuera, como ahora acá en Argentina. ¿Qué me voy a quedar adentro? Entonces, siempre iba a algunos restaurantes, pero casi siempre iba al mismo, donde ya era amigo de los mozos, los cocineros, de todo el mundo. Es la Nova Grill, siempre estaba ahí. No daba para encerrarse con el calor lindo que hay.

Nota al Che Garcia

–¿Eso explica un poco tu carrera de trotamundos?

–Totalmente. Los gustos, los olores, la gente, el idioma. Sí, sí. Es conocer y en varios lugares estuve solo. Después cuando va mi gente, mis hijos, los llevo a conocer los lugares. Y ellos lo mamaron de siempre, porque ahora hacen su vida, les gusta viajar.

–Estar solo, ¿te sirve para conocerte más?

–Con la palabra conocer tengo un dilema, porque creo que cuando la gente te conoce al rato que quiere cambiar. Y yo no sé si me quiero conocer, me disfruto. Hay que disfrutar, como es uno. Por supuesto que cuando hay cosas que a uno lo complican determinadas cuestiones, son necesarios esos cambios. Creo mucho en disfrutar, lo que sea.

–¿Pudiste disfrutar del básquetbol?

–Me estaba volviendo a Europa, tenía cosas en España y Grecia. Decidí quedarme acá porque un tema de salud de mi mamá. Me llamó San Lorenzo, que tiene que defender los títulos que ganó y por eso estoy acá.

–¿Todo eso lo podés disfrutar?

–Yo puedo cortar con el básquet, pero cuando estoy dentro lo disfruto, porque uno ha tenido la chance de jugar torneos importantes, de ganar otros. Cuando perdés lo sufrís, pero como puedo manejar eso…

–Lo aprendiste, ¿Cuándo?

–De muy grande. Ahora me voy a comer con mis hijos o con gente del básquet y es un mix de charlas. Antes cometía el error de ir a almorzar o cenar y de no parar de hablar del deporte. Y la gente que está a tu lado te quiere matar. Te miran y dicen ya está. Uno se pone aburrido para el resto. ¿A quién le gusta juntarse con gente aburrida? A mí no me gusta. Y los entrenadores tenemos esa cosa de hablar siempre de lo mismo.

El Che García y su charla con Enganche.

–¿Cuándo te diste cuenta o qué te hizo advertir que te estabas poniendo aburrido?

–La vida te va poniendo en tu lugar. Te dice basta. Cuando estás con gente cercana y te empujan a hablar de otra cosa… Una pareja, los hijos, amigos, ellos te van demostrando las cosas. Nosotros debemos tener en claro que nuestro trabajo pertenece a la industria del entretenimiento, porque el deporte entretiene. Y las cosas en la vida duran porque son divertidas o entretenidas. Ser entretenido no quiere decir que sea divertido. Porque para mí es entretenido estar un año con mi mujer discutiendo, porque uno pica la carnada y seguís discutiendo. Eso te entretiene, pero no te divierte. Hasta que un día decís: “ya no me entretiene y no me divierte”. Y bueno se acabó. Este trabajo tiene cosas parecidas. Cuando digo que disfruto es porque me divierte y las que no me entretienen. Entonces, por eso sigo acá a full.

–¿Pudiste darte cuenta de todo lo que hiciste?

–No. 

–¿Te querés dar cuenta?

–No me fijo casi. Me lo hace ver gente que está a mi a lado o tener el recibimiento que tuve acá en San Lorenzo. Lo que me dicen asistentes que tengo y con los que nunca había trabajado. Cómo ven los demás lo que hice. Tener una charla con Marcelo Tinelli y que me diga que ve cosas que yo tengo que le puedan resultar importantes al club. No me doy cuenta, sé que estuve en lugares y en torneos difíciles y que se dieron cosas importantes. Pero hay muchas cosas por las que me reconocen que me dan vergüenza a mí. No creo que sea tanto.

–¿Te ocupás mucho por ser el mismo tipo que arrancó dirigiendo en la Liga Nacional?

–Algunas cositas guardo. Por ejemplo, en hacer hincapié sobre lo importante que es ser parte de un equipo. Hoy la gente paga mucha plata para pertenecer a un grupo, para incorporarse a lugares. Pero es diferente a ser parte de un equipo, que es como el vuelo de los gansos… 

El Che pide minuto y se pone a hablar. Toma un marcador, agarra una hoja, y comienza a dibujar sin soltar ni una palabra. Con intensidad, mirando ser exacto en su gráfico que tiene unos signos que simulan ser aves conformando una pirámide o la punta de una flecha y retoma el relato.

–El que está en la punta es el más fuerte, el que rompe el viento y los que están detrás ayudan y todos tienen un rol. Y los que están debajo de todo son los que les dicen ‘dale mostro, dale hijo de puta que sos un fenómeno, llevame, dale, dale’. Entonces, se cae uno, sube otro, bajan dos y los reemplazan los que vienen detrás. No hay nada ni más importante que el equipo que conforman para poder romper el viento y llegar al destino. Eso sí que no lo perdí, ni en las reuniones, ni en las relaciones, ni en las comidas, ni en el humor, ni el pedir, ya sea perdón, ayuda, o en pedir que me acompañen cuando me siento bien. El resto sí, salí campeón en el 94 y si me comparo hoy con lo que era técnica, táctica y estratégicamente siento que era un burro. Era un burro.

–¿Cuándo te diste cuenta de esas cosas que no sabías?

–El competir te permite darte cuenta. La continuidad y ver a otros cómo lo hacen los demás. Es como ir a comer y darte cuenta que hay alguien que hace un plato más rico de lo que vos alguna otra vez probaste o preparaste. Es ver cómo cocinan los demás y aprender. Implica estar en diferentes lugares, conocer y aprender.

–¿Sentiste en algún momento que no estabas preparado para ocupar algún puesto?

–No, porque generalmente en los lugares en los que estuve, yo estaba preparándome para llegar a ese sitio. Cuando uno tiene un objetivo, si se combinan la flexibilidad que tengas para acceder allí con la ley de atracción que tengas sobre ese deseo, te permiten estar preparado para el momento. Me tocó competir en lugares que no había imaginado, que incluso excede lo planificado. Por ejemplo, ahora fuimos a jugar con la Virtus (por la Champions) y vimos… No hablo ni de presupuesto ni de calidad de jugadores, hablo del roce que tienen ellos jugando en Europa y en su liga, que es más fuerte que la nuestra. Y para eso hay que trabajar para ser mejor. Y uno se prepara para acceder a esas instancias.

–Mencionaste la palabra scouting, que usualmente estaba vinculada al básquet, pero ahora todos lo hacen, ¿cuántas determinaciones te modificó un buen scouting?

–La mayoría. El planteo de un partido. Es verdad que aplicás lo que tu equipo hace mejor, pero conocer a tu rival te da más herramientas para llegar a jugar mejor que el otro. Yo creo mejor en el scouting.

Nota al Che Garcia

–En el alto nivel, ¿cuánto pesa el talento y cuánto el convencimiento?

–La cabeza, la cabeza, tiene mucho que ver. Vi muchos equipos impecables de físico y de talento, pero con jugadores no muy bien emocionalmente y cuesta mucho más todo.

–La selección argentina de básquetbol en China 2019, ¿es el mejor ejemplo de cuánto influye la cabeza?

–Argentina es un ejemplo de cabeza desde hace muchos años. Desde el preolímpico de Neuquén en 2001. Desde ahí es que los jugadores están convencidos, juegan bien al básquetbol, están concentrados en representar a la selección, están convencidos… Físicamente no somos dotados para jugar al básquetbol, pero tenemos un componente mental, somos unos guerreros. Hablando con Sasha Djordjevic me decía: “Los argentinos tienen un actitud, tienen unos cojones, lo que pelean para jugar… Son una cosa impresionante”. Eso es porque estás fuerte de la cabeza.

–Antes del Mundial de China 2019 habías anticipado que la Argentina iba a hacer un muy buen papel, ¿Qué viste en la previa que te permitía tener esa mirada y hasta creer que podía llegar tan lejos?

–El punto era Serbia. Es que esta es una generación que está jugando en competencias top, a gran nivel y que están en la mitad de la curva de desarrollo deportivo. Con edades excelente, cuando empiezan a cultivar la profesionalidad, la claridad mental para jugar, tienen aceitado sus cuidados físicos, tienen una experiencia bárbara… Además, tienen un entrenador como Oveja (Hernández) que los conoce como nadie y porque tienen a Scola que es un referente al que hay que seguir. Sabemos que ir detrás de él es negocio. No era difícil sacar la cuenta, Serbia era el punto. Mirabas los cruces y te dabas cuenta que la Argentina estaba por encima potencialmente. No soy un gurú, era muy claro el camino. Y cuando tuvieron que dar el palazo, lo hicieron, porque además para la Argentina ya se convirtió en una marca registrada eso de darles golpes a los grandes.

– ¿Y los otros países cómo ven a la Selección? Vos estabas en Dominicana en el Mundial y lo viviste desde adentro.

-Los ven con un respeto impresionante. En todos los países de Latinoamerica en los que estuve se sacan el sombrero para con Argentina.

-¿Con qué te encontraste en San Lorenzo? Porque todos hablan que es una organización dentro de la Liga Nacional que está por encima de la media. 

-Me encontré con un club bueno como los que estuve afuera. Me encontré con una organización excelente, buenos jugadores, un club en el que para trabajar tenés todo, con ambiciones de querer ganar y ser partícipes de élite. 

-¿Qué hay que tener para ser un jugador tuyo?

-Pfff (risas). Ser bueno. Tener ganas, muchas ganas. Hoy en día si vos prestás atención y tenés ganas todo lo que hagas te va a salir bien. O el noventa por ciento. Hay que prestar atención en todo lo que hagas en la vida. A tus hijos. A tu pareja. A tus amigos. A tu trabajo. Si vos prestás atención ya ves lo que está pasando, o lo que puede venir o prevenir. Entonces, a los jugadores le he prestado mucha atención porque juegan bien, han ganado y hemos logrado que ellos me escuchen y tengan actitud. Estamos haciendo nuestro equipo, con las formas que tiene cada uno. Pero un jugador mío tiene que tener, principalmente, ganas y respeto. 

-Cuando uno tiene éxito en lo que hace tiene exposición. Esa mezcla a veces confunde. ¿Te pasó de perder el rumbo?

-Uno tiene estupideces y hay veces en los que ese mareo te convierte en un estúpido. Pero también tiene que ver con las edades. En ese momento pensás que no es así, y después madurás para darte cuenta de muchas boludeces que hiciste. Por eso el sueño de todos es tener veinte años con todo lo que sabe a los cincuenta.

-No tengo dudas, con esta respuesta, que preferís ir al pasado si te doy la máquina del tiempo…

-Voy a los tres tiempos. Tengo esa característica. Me pasa diariamente. Ya me imagino cómo voy a ser en tres años y recuerdo lo que pasó hace diez. Con mis relaciones también lo hago. Capaz que a mis hijos les escribo y les digo: “me acuerdo de lo que pasó tal día”. O comiendo con ellos les tiro: “Vos te imaginás el año que viene cuando vayamos a tal lado”. Es diario eso en mí. No puedo salir de esa movida. Hay veces que me dicen que el pasado no existe. ¡Las bolas no existe! Uno es en el presente lo que fuiste en el pasado. Sos consecuencia de lo que hiciste en el pasado. El pasado es el mayor compañero del presente. 

-En un momento de la charla dijiste que sos insoportable. ¿Estás más o menos insoportable que antes?

-No me aguanto ni yo. Estoy en casa, me miro al espejo, y digo “no me aguanto”. Se ríen en mi casa. Se lo digo también a mis seres queridos. A mi hijo capaz le digo: “Hoy no te soporto”. Nos cagamos de risa y me voy. Es difícil estar en este cuerpito. 

-¿Qué es el éxito?

-Buena pregunta. El éxito es saber que existe para uno la existencia complementaria que te enriquece, y uno ser parte de eso. Que uno es bueno en equipo. Potenciar y que te potencien. El éxito para mí es tener una inteligencia emocional para ayudar a alguien, que lo trasladará a otros. Y que uno tenga la apertura de decir que esa potenciación del otro es el éxito más grande que uno puede tener. Porque a partir de ahí lográs un montón de cosas. Lográs credibilidad, crecer y fundamentar tus cosas para mostrarla. Lográs demostrar que sos alguien capaz de hablar y dirigirse, que te escuchen. Eso es un éxito.

Nota al Che Garcia

-¿A qué le tenés miedo?

-Un amigo mío siempre me dice que no tengo que tener miedo, pero le tengo miedo a cosas como las que me pueden estar pasando ahora con mi mamá. Me parece medio cruel ver a gente que viste de otra manera, luchar con cosas que vos no sabés cómo ayudar. Y que por más que ayudes no podés hacer nada. No depender de mí. Y no saber qué decisión va a tomar con esa persona. Porque uno no está preparado. 

-¿Sos buen hijo?

No. 

-¿Por qué?

– No lo sé. Mi mamá dice que sí. Pero mi mamá dice que soy lindo, como todas las mamás. Todos dicen que sus hijos son lindos y no siempre es así. Yo tengo este concepto de los hijos -hablando de cuentas generales y situaciones normales-: hay una ingratitud de parte de los hijos. Porque lo que nuestros padres hacen por nosotros durante muchísimos años nosotros no lo vemos. Hasta que sos padre y te das cuenta. Yo ahora me acuerdo que mi mamá se ponía contenta porque me sacaba un 10 en quinto grado y ahora digo: “se tendría que poner contenta para justificar todo lo que ella haría. Fijate con qué poquito ella se contentaba. Y a nosotros no nos importaba nada. Y cuando te toca estar del otro lado te das cuenta de que un hijo es la responsabilidad más grande que e puede tocar a un ser humano. Más en esta época, en la que se vive con la incertidumbre, porque hoy no sabés con cuánto vas a vivir. Tampoco sabés dónde invertir el dinero, no sabés donde guardarlo. Por eso en este momento de incertidumbre vale tanto la intuición. ¿Dónde mandás a tus hijos a estudiar? Hoy en día la intuición es valiosísima. 

-Cuando hablamos con Pepe Sánchez nos contó el porqué tiene tatuada la palabra incertidumbre. La explicación de Pepe es brillante porque él nunca se había imaginado que algo bueno no le sucediera y que la incertidumbre fue el momento de mayor aprendizaje en su vida. ¿Coincidís?

-Claro. La incertidumbre es el momento en el que más aprendés porque la vida no es seguridad. Cuando vos estás seguro te crece la panza “totaaal”… Hay gente a la que no le gusta estar inseguro. Yo amo la inseguridad. Porque ahí es en el momento en el que más te cuidás. Cuando hablo de inseguridad no es la que entrás a tu casa y tenés a tres tipos metiéndote una pistola en la cabeza. Yo hablo de la cosa de no relajarse. Y en esta época de crisis e incertidumbre buscar resultados te hace revolver un montón de cosas para conseguirlo. 

-¿Sos mejor entrenador si pensás bien una táctica o si ponés a tus jugadores a pensar?

-Si pongo a mis jugadores a pensar. Porque yo quiero cinco entrenadores adentro de la cancha. Pero ahí está la mano del entrenador, porque hay jugadores para todo. Está el jugador que es para entrenar y ponerlos a pensar, y otros que son para adiestrar. “Vos en esta cosa sos el mejor. En las otras no”, les tenés que decir a algunos. Y ahí empieza el tema de los roles. Hay gente que pensará y otro ejecutará. Un equipo. 

-Dijiste algo clave que pasó así por arriba y lo quiero retomar. Aseguraste que la gente no escucha. ¿Por qué creés que pasa?

-Porque todo el mundo está envuelto en un montón de cosas. 

-¿Y cómo haces para que tus jugadores se aíslen de eso y te escuchen? 

-Terminología y saber quién es kinestésico, quién es visual y quién auditivo. Al que es auditivo le hablo, al que es visual le muestro y le digo ‘mirame’, y al que es kinestésico lo abrazo, me lo llevo a hablar por ahí. O lo llevo a comer, lo toco un poco más, eso depende. Pero que el mensaje llega llega. No hay dudas de eso. No hay malos oyentes. Cuando yo digo “la gente no escucha” no es una crítica a la gente, porque no hay malos oyentes, sino malos mensajes. Si alguien no escucha es porque el mensaje no le está llegando, no es porque no quiere escuchar. De eso estoy convencido. Hay que buscarle la forma. 

-¿Cuándo te diste cuenta que lo malo era el mensaje? 

-En el año 1999 cuando empecé a estudiar Programación Neurolingüística (PNL). La PNL (NdeR: es una disciplina que enfoca en el proceso (en el cómo más que en el qué) de la comunicación, en sus tres dominios: cuerpo, emociones y palabra.) me cambió todo. Me cambió totalmente la manera de ser entrenador. Llegué por medio de mi maestro, Julio Toro, que es abogado, tiene un doctorado en Ciencias de la Comunicación, fue a Vietnam, profesor de universidad. Y cuando empecé me decía: “esto lo tengo, pero qué mal lo hice con este. No era por acá, sino por allá…”. Me devoro los libros de PNL, sea de quien sea. Eso cambió mi carrera.

-Si yo te doy un papel en blanco y te pongo: “Primer entrenador argentino en la NBA o Entrenador de la Selección Argentina”. ¿Qué elegís?

-Las dos. Depende qué época, pero las dos. Ser entrenador de la Selección de su país a cualquiera le gusta, porque tiene un entorno más familiar, porque tu gente va a estar feliz por vos. Ser entrenador en la NBA me parece que es muy complicado. Por el ambiente. Hay que estar ahí adentro, porque ellos conocen y respetan a todos, pero te empiezan a tener en cuenta cuando te ven ahí. Con ellos. Cuando empiezan a relacionarse con vos, ahí. 

-¿Cómo sos cuando estás solo con vos?

-Cuando estoy en mi mundo… Porque mi vida yo la divido en dos ámbitos: mi vida y mi mundo. En mi mundo entra quien yo quiero, a la hora que quiero o quizás nunca. Y mi mundo me nutre para después encarar los problemas que todos tenemos en la vida. Porque todos tenemos problemas: de plata, de salud, de familiares. A esta edad aparecen cosas que antes no veía.

-¿Hay algún lugar de tu vida en el que siempre te parás cuando querés pensar algo?

-Es lo que dije antes. Voy al pasado y me veo todos los días de mi vida. No sé porqué, pero me gusta. Es como escuchar la música de antes, porque te transporta a esos lugares, a esa forma de bailar, a ese momento. Eso te hace valorar todo lo que tenés.

-¿El peor error de tu carrera cuál fue?

-No sé si es como un error, pero con el tiempo creo que fue haberme ido de Puerto Rico a los 24 años. Porque en ese momento era la mejor liga de Latinoamérica. Yo vengo a Argentina con 25 años y juego la final con un equipo bárbaro. Todos los que eran entrenadores de la NBA iban ahí. Yo estaba tramitando la residencia a Estados Unidos y estaba empezando a estudiar y mejorar inglés. Pero salió Argentina, era en mi ciudad, jugaban Espil y Montenegro, me metí de novio con la mamá de mis hijos y bueno.

Nota al Che Garcia

-¿Si en uno de esos viajes al pasado que hacés te encontrás al Néstor de chico qué le decís?

-Es que no lo podemos encontrar a Néstor con mi terapeuta. Hay veces que tiene 12, otras 19 y algunas 25. Y a todos les digo algo distinto porque después viene el Che y soluciona todos los quilombos. 

-¿No te cansa ser el Che todo el tiempo?

-No porque ya tiene su rol. A mí me gusta ser Néstor muchas veces. Soy muy diferente en mi vida y en mi trabajo. 

-¿Quién es el Néstor y quién el Che?

-Cuando trabajo soy el Che. 

-Para mí Néstor y el Che no podrían trabajar juntos…

-Ni loco. Se putean. Néstor y el Che no se pueden dejar y los dos se dicen “no te aguanto”.